Ficha Corrida

28/06/2014

Literatura de Guerra

Filed under: Literatura,Literatura de Guerra,Primeira Guerra Mundial — Gilmar Crestani @ 11:40 am
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Felizmente o Brasil não tem tradição neste ramo da literatura. O mais próximo que chegamos a este filão foi com Dionísio da Silva, com Avante, Soldados: para trás!, sobre a Guerra do Paraguai, e que ganhou o Prêmio Casa de Las Américas de 1992.

El ejército pacifista de la Gran Guerra

El conflicto de 1914 propició un ‘boom’ de la literatura antibelicista con autores que combatieron

Se editan ahora en español varios títulos esenciales de aquellos años

Tereixa Constenla Madrid 26 JUN 2014 – 20:06 CET3

Fotograma de Senderos de gloria, escrita por Humphrey Cobb.

“Dos ejércitos que combaten son un ejército que se suicida”, escribió el francés Henri Barbusse en El fuego. Diario de un pelotón. Sabía de que hablaba. Se había alistado como voluntario, rebosante de idealismo, creyendo que aquella guerra que se vaticinaba corta acabaría con todas las guerras del futuro. Aunque en 1916 ganó el Goncourt con su libro, el escritor fracasó con su íntimo sueño, como descubriría si hubiera vivido hasta 1940. Entre las líneas de sus enemigos también afloraron literatos insumisos. Rudolf Frank, actor y dramaturgo reclutado para la artillería alemana, publicó en 1931 La calavera del sultán Makawa, definida por él mismo como “una novela contra la guerra para advertir a los jóvenes”, frenada en seco por el nazismo, que la prohibiría y quemaría en pira pública para dejar claro qué pensaban de los discursos fraternales (además de encarcelar durante un tiempo al escritor, que finalmente se exiliaría en Suiza).

Últimas ediciones

Cuadernos de Louis Barthas. Páginas de espuma.

La calavera del sultán Makawa. Rudolf Frank. Ediciones del Viento.

Senderos de gloria. Humphrey Cobb. Capitán Swing.

La disputa por el sargento Grischa. Arnold Zweig. RBA.

Más allá de la contienda. Romain Rolland. Capitán Swing y Nórdica Libros.

Iniciación de un hombre: 1917. John Dos Passos. Gallo Nero y Errata naturae (ediciones distintas).

Tres soldados. John Dos Passos. Debolsillo.

Los favores de la fortuna. Frederic Manning. Sajalín.

Trilogía de la I Guerra Mundial. Erich Maria Remarque. Edhasa.

La literatura no descubrió el pacifismo durante la Gran Guerra, pero sí lo abrazó con una vehemencia desconocida hasta entonces. “Frente al interés particular de quienes abogaban por la victoria de uno de los bandos en combate, una serie de autores mantuvieron una defensa de ideales universales como la hermandad entre los pueblos y el consiguiente rechazo a los conflictos basados en la defensa de intereses nacionales”, señala Javier Sánchez Zapatero, profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Salamanca, en su artículo Escribir desde la trinchera. Humphrey Cobb, Arnold Zweig, John dos Passos, Ernest Glaeser, Frederic Manning, Ernest Johansen,  o Erich Maria Remarque, entre otros, usaron sus vivencias en las trincheras para enfriar el ardor guerrero mediante obras [hay una aluvión de nuevas ediciones en español: ver la viñeta], que nada tenían que ver con el tono de autores partidistas como Ernest Jünger, Edith Warton o incluso Vicente Blasco Ibáñez, “deseosos de influir en los lectores mostrando visiones idealistas y demoníacas de los respectivos bandos en combate”. “Su papel”, prosigue Sánchez Zapatero, “fue el mismo que el de las maquinarias propagandísticas y mediáticas de los países a los que pertenecían”.

El interés no se agotó en los primeros días, como prueba el éxito de los Cuadernos de guerra, de Louis Barthas, que acaban de traducirse al español (Páginas de espuma) y al inglés (Yale University Press), y que se imprimieron en Francia por vez primera en noviembre de 1978 con cierta timidez: 4.000 ejemplares. Se evaporaron. Desde entonces se han vendido alrededor de 100.000 libros, según Rémy Cazals, profesor emérito de Historia contemporánea de la Universidad de Toulouse y artífice de que los manuscritos saliesen a la luz.

Página de los cuadernos de Louis Barthas.

“Antes de la publicación de los cuadernos había numerosos escritos de combatientes, pero pertenecían a las clases dirigentes e intelectuales. La gran novedad, en Francia y otros países beligerantes, es el descubrimiento de testimonios de origen popular que se habían quedado en un granero o al fondo del armario”, explica Cazals.

En 1914 Louis Barthas era un tonelero con conciencia sindical y cristiana, un pacífico vecino de Peyriac-Minervois que recibió sobrecogido la movilización para la guerra. “El anuncio, para mi estupor, suscitó más entusiasmo que desolación”, escribe el 2 de agosto de ese año, poco antes de su partida para acuartelarse en Narbona. Son las primeras impresiones de unos cuadernos (500 páginas) donde anotará todas las vicisitudes bélicas por las que atraviesa durante cuatro años. Cuando regresa, “tras 54 meses de esclavitud”, en febrero de 1919, es un furibundo pacifista: “Escapaba al fin de las garras del militarismo, por el que sentía un odio feroz. Este odio se lo inculcaré a mis hijos, a mis amigos, a toda mi gente cercana. Les diré que la Patria, la Gloria, el honor militar y los laureles no son más que palabras huecas destinadas a ocultar todo lo horrible, espantoso y lo cruel que hay en una guerra”.

Si Barthas, desde el lado francés, declaró la guerra al belicismo, Rudolf Frank lo haría en Alemania con una novela de título estrambótico, que se hacía eco de un artículo poco conocido del Tratado de Versalles, que conminaba a Alemania a devolver la calavera del sultán Makawa al gobierno británico como parte de las indemnizaciones de guerra. “Hoy, 10 de mayo de 1918”, escribió solemnemente Frank, “le declaro la guerra, una guerra fría y personal, al belicismo de Alemania”.

El ejército pacifista de la Gran Guerra | Actualidad | EL PAÍS

 

 

 

16 libros imprescindibles para entender la I Guerra Mundial

La Gran Guerra impulsó los primeros ‘best-sellers’ globales y también obras maestras del pacifismo. Incluso antes del final del conflicto empezaron a aparecer novelas, aunque el tema se ha mantenido vivo durante un siglo

Guillermo Altares 22 MAY 2014 – 17:15 CET4

Dieciséis libros que permiten entender lo que ocurrió durante la I Guerra Mundial. 

Los cuatro jinetes del Apocalipsis
Vicente Blasco Ibáñez (1916)

Con permiso de las grandes novelas de Charles Dickens, Los cuatro jinetes del Apocalipsis fue uno de los primeros best sellers mundiales, una obra que alcanzó rápidamente una importancia planetaria: fue publicada en castellano en 1916, traducida en Estados Unidos en 1918 y llevada al cine en 1921, con Rodolfo Valentino como protagonista. Con la historia de dos familias relacionadas entre sí que luchan en bandos diferentes durante el conflicto, publicada en plena guerra, el valenciano Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928) logró tocar una fibra global. La mezcla de relato familiar con la descripción de la Europa devastada por la guerra, el compromiso a favor de los aliados, sin ocultar la bestialidad del conflicto, atrajeron a millones de lectores. “Tumbas… tumbas por todas partes. Las blancas langostas de la muerte cubrían el paisaje”, escribe en una de sus muchas descripciones de escenarios bélicos. Literatura de otros tiempos sin los cuales es imposible entender los nuestros.

El retorno del soldado
Rebecca West (1918)

Si hay un libro que retrata cómo la guerra alcanza también a aquellos que no la han vivido, ese es sin duda El retorno del soldado, la primera novela de la británica Rebecca West (1892-1983), una de las escritoras más importantes del siglo pasado. West es también autora de una obra maestra de la literatura de viajes, Cordero negro, halcón gris, que a través de un recorrido por los Balcanes permite comprender muchas claves de la historia europea. “Nunca seré capaz de entender cómo ocurrió”, dice, desde Sarajevo, sobre el estallido de la guerra. El retorno del soldado (Herce, en traducción de Laura Vidal) relata la historia del regreso a casa de un militar que resultó herido en el frente. Existe un abismo entre lo que él ha vivido en Flandes y la percepción que tiene su familia de lo ocurrido durante la I Guerra Mundial. La autora todavía cree en el futuro y en que el trauma bélico puede tener curación a través del psicoanálisis.

Tempestades de acero
Ernst Jünger (1920)

El relato autobiográfico del narrador y filósofo alemán Ernst Jünger (1895-1998) es la antítesis de libros como El miedo o Sin novedad en el frente. Se puede decir que casi desde los tiempos de la épica griega no se había escrito un elogio tan contundente de la guerra: su biógrafo francés Julien Hervier habla incluso del “sentimiento lúdico de la guerra” en Jünger. Se puede (incluso se debería) no estar de acuerdo con la visión que ofrece del conflicto, pero hay algo en las páginas de Tempestades de acero (Tusquets, en una traducción de Andrés Sánchez Pascual) que nos engancha. Se trata de una obra que mezcla el heroísmo con la violencia atroz, ya que en ningún momento Jünger trata de ocultar lo que la guerra produce. Este libro logró sobrevivir a una marca tan siniestra como los elogios que le lanzaron los jerarcas nazis para convertirse en una obra apasionante e inclasificable.

París bombardeado
Azorín (1921)

Esta recopilación de las crónicas que Azorín (1873-1967) escribió desde París en 1918 para el diario Abc no es seguramente uno de los libros más importantes escritos sobre la I Guerra Mundial. Sin embargo, merece estar en esta lista. Refleja la visión española de un conflicto del que nuestro país se sentía ajeno —nadie podía prever hasta qué punto le alcanzarían sus consecuencias—; pero es también un magnífico relato de una de las principales características que aportó esta guerra a la infamia universal: los primeros bombardeos contra civiles desde el aire. El relato que hace el escritor de la generación del 98 de las avenidas vacías de París, de los apagones a medianoche ante la llegada de los zepelines, del terror de los bombardeos y de los refugios refleja lo que se avecinaba sobre Europa. Con sus frases cortas, cargadas a veces de ironía y otras de emoción, Azorín describe París con precisión y a la vez anticipa el resto del siglo XX.

El buen soldado Svejk
Jaroslav Hasek (1922)

A veces uno se pregunta si hay otra forma de contar la I Guerra Mundial que no sea a través de la parodia, porque incluso el drama más tremendo se queda corto para describir lo que ocurrió en Europa entre 1914 y 1918. Las aventuras del buen soldado Svejk (Galaxia Gutenberg, en una gran traducción de Monika Zgustova) es una obra de ficción imprescindible sobre este conflicto por su ambición, por su volumen, pero también por su capacidad inmensa de ironía y sátira en la mejor tradición de Rabelais o Cervantes. Jaroslav Hasek (1883-1923) es considerado el gran narrador checo junto a Kafka, aunque, a diferencia del autor de La metamorfosis, escribió en su lengua materna, no en alemán. Como escribe la traductora en el prólogo de la edición española, “Svejk ridiculiza todas las instituciones ante las que comparece: las de la justicia, las militares, las políticas, las religiosas y las de salud”.

Los siete pilares de la sabiduría
T. E. Lawrence (1922)

Resulta casi imposible separar en nuestra imaginación la monumental obra autobiográfica de T. E. Lawrence (1888-1935) —casi mil páginas en su edición española— de la película de David Lean Lawrence de Arabia. Este libro, a la vez relato de viajes por los desiertos de Oriente Próximo, crónica histórica y recorrido iniciático, es considerado también uno de los grandes manuales militares de la técnica de las guerrillas (volvió a hablarse mucho de él, por ejemplo, cuando estalló la insurgencia en Irak). Lawrence fue el oficial encargado de unir a las tribus árabes en su lucha contra el imperio otomano durante la IGM. Sin embargo, perdió en el terreno diplomático con el tratado Sykes-Picot y vio cómo eran traicionadas las promesas que les hizo a sus aliados árabes, que nunca llegaron a cumplirse. Es un libro apasionante, aunque excesivo como el propio Lawrence, cuya importancia es todavía fundamental para comprender lo que ocurre en la región.

Adiós a todo esto
Robert Graves (1929)

Las memorias del autor de Yo, Claudio simbolizan la historia de toda una generación de jóvenes británicos que acabó cercenada en la I Guerra Mundial. El título refleja el sentimiento de fin de época que significó el conflicto para todos aquellos que sobrevivieron, la ruptura con la confianza ciega en el futuro. Robert Graves (1895-1985), que también fue uno de los grandes poetas de las trincheras, combatió en la batalla del Somme. “Ni siquiera la promesa de una ración extra de ron logró levantar los ánimos del batallón. No había nadie que no estuviera de acuerdo en que aquel ataque era inútil, imbécil e irrealizable”, escribe sobre el mayor desastre de la historia militar británica, una ofensiva que costó la vida a 20.000 militares solo en la jornada del 1 de julio de 1916. De hecho, resultó herido de gravedad unos días más tarde. La estupenda versión castellana, publicada por Edhasa, es obra del escritor mexicano Sergio Pitol.

Sin novedad en el frente
Erich Maria Remarque (1929)

Esta novela fue publicada en 1929 en Alemania, cuando el mundo se enfrentaba a la Gran Depresión. Era también el momento en que el nazismo comenzaba a hacerse cada vez más fuerte. Sin novedad en el frente, que fue un éxito inmediato, es una de las novelas antibelicistas más influyentes de todos los tiempos, un relato de cómo la guerra destruye a los hombres, incluso a aquellos que sobreviven. Su primera adaptación cinematográfica, de Lewis Milestone, ganó sólo un año más tarde el Oscar a la mejor película y mejor director. Naturalmente, fue una de las obras quemadas en público por los nazis desde 1933. El libro de Erich Maria Remarque (1898-1970), que se inspiró en sus propias experiencias como soldado, nunca ha cesado de ser reeditado y leído como uno de los grandes testimonios de la lucidez y la inteligencia frente a la irracionalidad de la guerra y la fuerza devastadora del patriotismo mal entendido. 

Adiós a las armas
Ernest Hemingway (1929)

El premio Nobel Ernest Hemingway (1899-1961) fue un joven que condujo ambulancias durante la I Guerra Mundial, uno de los trabajos más peligrosos, ya que había que ir y volver constantemente del frente a merced de la artillería; resultó herido y vivió una historia de amor con una enfermera en Italia, un idilio que acabó mal aunque por motivos muy diferentes a los que describe en el libro. Así nació su segunda novela, después de Fiesta. Fue otra obra sobre la guerra que tuvo inmediatamente un gigantesco éxito y que fue llevada al cine al poco tiempo. Sigue siendo uno de sus libros más célebres. Otro miembro de la generación perdida, John Dos Passos, narró sus experiencias bélicas en la novela Iniciación de un hombre: 1917, de la que acaban de publicarse dos ediciones en castellano, en Gallo Nero y Errata Naturae. Las obras de Hemingway, Dos Passos o Scott Fitzgerald reflejan la inmensa huella que dejó el conflicto.

El miedo
Gabriel Chevallier (1930)

Uno de los grandes efectos de la I Guerra Mundial fue que, en medio del horror de las trincheras, nació el pacifismo, aunque, desde luego, no la paz. “Veinte millones, todos de buena fe, todos de acuerdo con Dios y su príncipe… Veinte millones de imbéciles… Como yo. O más bien no, porque yo nunca creí en ese deber. Ya a los 19 años, pensaba que no había ninguna grandeza en hundir un arma en el vientre de un hombre, en regocijarme con su muerte”, escribe Gabriel Chevallier (1895-1969) al inicio de esta obra maestra, olvidada durante muchos años. Esta novela autobiográfica relata la suerte de los poilus, los soldados franceses que acabaron destrozados en el frente bajo el mando de oficiales muchas veces incompetentes y, desde luego, muy poco considerados con la vida de sus soldados. Es un libro escalofriante, escrito a pie de trinchera. El miedo (Acantilado) es uno de los grandes testimonios universales sobre la guerra.

Johnny cogió su fusil
Dalton Trumbo (1931)

La I Guerra Mundial dejó centenares de miles de mutilados, de soldados destrozados por las armas más modernas jamás utilizadas en ningún conflicto, pero también salvados por una medicina que había avanzado a pasos agigantados. Dalton Trumbo (1905-1976), guionista y novelista que acabaría siendo apartado del cine durante la caza de brujas en Hollywood del senador McCarthy, escribió la historia de uno de estos heridos, sin piernas ni brazos, sin poder hablar, pero con la mente totalmente lúcida. Es un relato espeluznante, pero también la metáfora de los heridos, física o moralmente, por la guerra, hombres aislados de su sociedad, condenados a no poder transmitir sus sufrimientos. Trumbo pasó muchos años sin poder trabajar hasta que el productor y protagonista de Espartaco se empeñó en que su nombre apareciese en los créditos. Curiosamente, el director, Stanley Kubrick, y el actor Kirk Douglas son los responsables del mejor filme sobre el conflicto, Senderos de gloria.

Viaje al fin de la noche
Louis-Ferdinand Céline (1932)

El siglo XX ha producido pocos escritores tan complejos, polémicos y grandes como Louis-Ferdinand Céline (1894-1961). Leer su obra supone asomarse al abismo porque conocemos su antisemitismo feroz y sabemos que estuvo en el bando de los nazis durante la II Guerra Mundial. La polémica nunca ha dejado de acompañarle. Dicho esto, ¿es Viaje al fin de la noche una de las grandes novelas universales? Sin duda. Por su lenguaje, por su estructura, por su técnica narrativa, fue una obra extraordinariamente innovadora, pero se lee también como un libro imprescindible sobre el conflicto, uno de los mayores gritos contra el absurdo de la guerra nunca escritos. Su protagonista, Ferdinand Bardamu, es un tipo cínico y descreído, un individuo que va al frente sin ninguna gana de ser un héroe, ni de jugarse la vida. “La guerra es al final todo lo que no entendemos”, escribe. A Céline es imposible comprenderlo, pero también dejar de leerlo.

El mundo de ayer
Stefan Zweig (1942)

No es una obra sobre la I Guerra Mundial, pero se trata de uno de los libros más bellos que se han escrito sobre lo que significa Europa y sobre cómo fue destruida dos veces, en dos cataclismos tan conectados entre sí que, en cierta medida, forman uno solo: en 1914, con el inicio de la IGM, y en 1933, con la llegada de Hitler al poder, que acabaría desembocando en la II Guerra Mundial. Con el subtítulo de Memorias de un europeo, Stefan Zweig (1881-1942) escribió su autobiografía al final de su vida. Se suicidó en 1942 creyendo que su mundo había desaparecido para siempre y que, como judío, iba a ser perseguido eternamente. Varios capítulos transcurren durante el conflicto y es emocionante su descripción del verano de 1914, pero por encima de todo es tal vez el libro que mejor describe lo que la guerra destruyó, la Europa borrada del mapa (literalmente) en las trincheras.

Los cañones de agosto
Barbara Tuchman (1962)

Este libro se encuentra en esta lista no por su importancia actual, sino por la importancia que tuvo cuando fue editado. Sobre los orígenes del conflicto se han publicado dos estudios imprescindibles este mismo año, Sonámbulos, de Christopher Clark, y 1914, de Margaret McMillan, que estudian el mismo periodo que Barbara Tuchman (1912-1989): las decisiones políticas y estratégicas que llevaron al estallido de la I Guerra Mundial. Sin embargo, Tuchman logró, además del Premio Pulitzer en 1963, una influencia que pocos libros de historia consiguen. Durante la crisis de los misiles con Cuba, el presidente John F. Kennedy tuvo siempre presente este ensayo y dijo que no quería encontrarse de repente en medio de una guerra mundial, arrastrado por acontecimientos rápidos e imprevisibles, sin ni siquiera tener claro cómo había empezado todo, tal y como cuenta Tuchman que ocurrió con los políticos involucrados en la I Guerra Mundial.

Missing of the Somme
Geoff Dyer (1994)

Los lugares donde se combatió la I Guerra Mundial, sobre todo el Frente Occidental, son ahora espacios poblados de recuerdos: monumentos, cementerios con sus cruces blancas perfectamente alineadas, pero también de bombas sin explotar e incluso de cuerpos que aparecen de vez en cuando. El escritor británico Geoff Dyer (1958), del que acaba de ser publicado en castellano su ensayo sobre el jazz Pero hermoso, los describe en un apasionante libro de viajes, Missing of the Somme (Random House, 1994). Los desaparecidos del Somme es una reflexión sobre lo que significó aquel conflicto, sobre lo que inauguró: la era de los que van. Los inmensos memoriales a los desaparecidos durante la guerra reflejan lo que iba a ocurrir en el futuro, explica Dyer, “el siglo en el que millones de personas vieron cómo otros se iban para no volver”, ya sea por éxodos, emigración masiva o una violencia política no alcanzada hasta entonces.

La belleza y el dolor de la batalla
Peter Englund (2008)

En todo acontecimiento histórico llega un momento en que desaparece el último testigo, en que la vida se lleva al último que pudo narrar en primera persona lo que ocurrió. En el caso de la I Guerra Mundial, en la que combatieron cerca de 70 millones de personas, el último soldado en morir fue Claude Choules, que falleció a los 110 años en mayo de 2011 en Perh (Australia). La última veterana no combatiente fue Florence Green, que murió en febrero de 2012. El historiador sueco Peter Englund (1957), secretario permanente de la academia que otorga el Premio Nobel, recoge en este impresionante libro 20 testimonios que relatan 227 momentos diferentes del conflicto. No es el único ensayo importante en este sentido (aunque sí el más completo): The first day on the Somme (1971), de Martin Middlebrook, ofrece un espeluznante relato del peor desastre de la historia militar británica a través de los que estuvieron allí.

16 libros imprescindibles para entender la I Guerra Mundial | Babelia | EL PAÍS

26/05/2014

Via Ucrânia, EUA mostra à Rússia como se ganha eleição, no Ocidente

Filed under: Arapongagem made in USA,Liberdade made in USA!,Rússia,Ucrânia — Gilmar Crestani @ 8:46 am
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ucrainainUcrânia elege ‘rei do chocolate’, diz pesquisa

Empresário do setor, moderado Petro Poroshenko tinha 55% dos votos em boca de urna; ele prometeu estabilidade

Novo presidente diz que visitará o leste, onde a participação nas urnas foi baixa devido à onda separatista pró-Rússia

LEANDRO COLONENVIADO ESPECIAL A KIEV

Como era esperado, o magnata ucraniano Petro Poroshenko venceu em primeiro turno as eleições presidenciais realizadas neste domingo (25), apontavam as pesquisas de boca de urna até a conclusão desta edição. Os resultados oficiais devem sair nesta segunda-feira (26).

Dono de uma fortuna de US$ 1,3 bilhão, é conhecido como o "Rei do Chocolate", por ser dono da principal marca do país, além de um canal de televisão.

O roteiro deste pleito também parece ter se confirmado com a baixa adesão do leste e novas promessas de diálogo com a Rússia.

Poroshenko, 48, obteve cerca de 55% dos votos, muito à frente da ex-primeira-ministra Yulia Timoshenko, 53, com 13%, que reconheceu a derrota. Com a pesquisa em mãos, ele fez discurso de vencedor: prometeu buscar a unidade da Ucrânia, viajando ao leste, palco da onda separatista pró-Moscou que dificultou a votação na região.

"O primeiro passo que vamos tomar no gabinete presidencial será parar a guerra, colocar fim ao caos e trazer a paz para a Ucrânia", disse.

Poroshenko defende laços maiores com a União Europeia, mas tentando não criar atritos com a Rússia.

A Folha acompanhou algumas seções eleitorais em Kiev, onde a situação foi diferente –apesar das longas filas, não havia clima tenso, e a adesão era alta.

Essa eleição é considerada a mais importante da Ucrânia desde sua independência em 1991, na derrocada da União Soviética. Marca a substituição definitiva do presidente deposto em fevereiro, Viktor Yanukovich, aliado dos russos, em meio a protestos que deixaram dezenas de mortos. Um governo interino e fragilizado estava no poder.

Poroshenko foi um dos principais mentores da queda de Yanukovich, sob a acusação de que ele cedeu à pressão de Moscou ao se negar a assinar um acordo comercial com o bloco europeu. Apesar disso, chegou a ser ministro de Yanukovich, em 2012.

Ao celebrar o resultado, Poroshenko disse que vai dialogar com a Rússia, acusada por Kiev de estimular o separatismo no leste. Reafirmou que não reconhece a anexação da península da Crimeia por Moscou.

O presidente russo, Vladimir Putin, não comentou o resultado até a conclusão desta edição. Já o americano Barack Obama elogiou o processo eleitoral, considerado por ele um "passo importante" para o fim da crise.

Aliado de Poroshenko, o ex-campeão mundial de boxe Vitali Klitschko foi apontado como vencedor na disputa para a prefeitura de Kiev.

BOICOTE NO LESTE

A eleição no leste ocorreu com baixíssima adesão. Praticamente não houve votação na cidade de Donetsk, uma espécie de "capital" dos militantes pró-Rússia desde o mês passado. Nenhuma seção eleitoral funcionou na cidade durante o dia –ao todo, na província de Donetsk, apenas 426 de 2.430 seções de votação operaram, segundo a Comissão Eleitoral. "Sou responsável pela seção de três mil eleitores e aqui não teve votação", disse à Folha Bodnia Olensii, chefe eleitoral.

Os separatistas bloquearam zonas eleitorais e destruíram urnas. Dos 35 milhões de eleitores, de 15% a 20% são do leste, com forte presença separatista.

27/07/2013

E tem gente que acredita em manifestação espontânea (contra a Dilma…só!!!)

 

A história da manipulação de uma fotografia de guerra

Enviado por luisnassif, sab, 27/07/2013 – 11:33

Sugerido por Adamastor

Do RTP

Como foi manipulada uma fotografia de guerra

Como foi manipulada uma fotografia de guerra

Damir Sagolj, Reuters

A fotografia, tirada em 2003, nos primeiros dias da guerra do Iraque, correu mundo para documentar a humanidade dos invasores norte-americanos. Afinal, a criança que aparece nos braços do militar era a sobrevivente de uma família que acabava de ser morta pelas tropas dos EUA.

O repórter fotográfico bósnio Damir Sagolj era um dos jornalistas"embedded" nas tropas norte-americanas que entraram no Iraque em 20 de Março de 2003. Mas essa relação sempre equívoca com a tropa anfitriã não o impediu de legendar conscienciosamente a imagem que acabava de captar.

Assim, Sagolj explicou na legenda que o fuzileiro do corpo médico Richard Barnett sustentava nos braços uma menina iraquiana, cuja família acabava de ser morta pelo fogo de tropas norte-americanas. A família parecia fugir de perseguidores locais, em direcção às tropas dos EUA, e estas abriram fogo, sem fazer perguntas.

Apesar da legenda explicativa que acompanhava a imagem, a imprensa tablóide logo viu nela uma oportunidade de ouro para documentar o escrúpulo humanitário das tropas invasoras. Barnett tornou-se para muita dessa imprensa um símbolo do "bom soldado americano". Segundo Sagolj, a revista People, com uma tiragem de 20 milhões de exemplares, ligou para ele a perguntar o que sabia de Barnett e se este tinha filhos. Mas a mesma revista não se interessava nada por saber a história da fotografia e o que tinha acontecido naquele dia, 29 de Março.

A história não tinha nada de secreto e o fotógrafo há vários anos que a conta a quem queira saber. Mas pouca opinião publicada quis debruçar-se sobre o assunto.

Agora, como relata um artigo do diário francês Le Monde, o tema foi alvo de atenção no festival de fotojornalismo Visa, em Perpignan, cujo director, Jean-François Leroy, comentou a propósito: "O fotógrafo não fez em momento algum propaganda americana com essa foto. Para mim, ele fez o seu trabalho. Será que os media fizeram o seu trabalho? Nem sempre".

A história da manipulação de uma fotografia de guerra | Brasilianas.Org

18/04/2013

EUA & Al Qaida unidos contra Síria

Filed under: Al Qaeda,Síria — Gilmar Crestani @ 8:29 am
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Siria: Al Qaida a la cabeza de la oposición contra Al Assad

Por Juan Gelman

La guerra contra el dictador sirio no carece de curiosidades. Los países árabes amigos de Occidente que apoyan su derrocamiento tratan de financiar al Ejército Sirio Libre ante el creciente dominio de Al Qaida en el campo de operaciones. El grupo terrorista Jabhat al Nusra, la principal formación jihadista armada en Siria, anunció que conjuntará sus fuerzas con las de “Al Qaida en Irak” (AQI) “para ayudar a nuestros hermanos oprimidos en Siria”. “Los hijos del Frente Al Nusra renovamos nuestro compromiso con el sheik de la Jihad Ayman al Zawahiri y le declaramos nuestra obediencia” (Le Monde, 10/4/13). Ayman al Zawahiri, comandante en jefe de Al Qaida, es el sucesor de Osama bin Laden y planea instaurar un Estado islámico en Siria cuando Al Assad caiga. El nuevo agrupamiento se llamará “Al Qaida en Irak y el Levante”.

El jefe de la rama iraquí de AQI, Abu Bakr al Baghdadi, confirmó que el Frente Al Nusra fue fundado por elementos llegados de Irak, donde lucharon contra la ocupación de la OTAN con la bendición del régimen sirio, que por entonces alentaba a los jihadistas a combatir en Irak. Pero un boomerang es un boomerang. Bien lo conocen los talibán que EE.UU. alimentó de todos los modos posibles contra la invasión rusa de Afganistán y que, cumplida la misión, no tardaron a su vez en ser expulsados del poder. Por Estados Unidos.

El tipo de oposición armada que se está creando en Siria preocupa a sus vecinos árabes y no sólo. Jordania, que hasta hace dos meses mantenía una actitud pasiva por temor a que el terrorismo se hiciera presente en su territorio, pasó a convertirse en abastecedora de armas a los rebeldes moderados por la frontera sur de Siria. Qué casualidad: contemporáneamente, recibía de Arabia Saudita más de mil millones de dólares (www.guardian.co.uk, 14/4/13). Pero no sólo Riad y Amán participan en esta empresa. “Algunos Estados del golfo, Gran Bretaña y EE.UU. han aumentado aceleradamente su apoyo a determinados sectores rebeldes a fin de frenar los avances de los grupos vinculados con Al Qaida”, señala además The Guardian. ¿Entonces a quién combaten en Siria, a Al Assad o a Al Qaida?

Hay razones, claro. A fines del año pasado, más de cien organismos civiles y militares de la oposición firmaron una declaración expresando su solidaridad con Jabhat al Nusra (www.telegrahp.co.uk, 10/12/12) y rechazando la decisión estadounidense de declararla una organización terrorista (www.state.gov, 11/12/12). Luego de este anuncio del Departamento de Estado, numerosos batallones rebeldes manifestaron idéntica solidaridad (www.microsofttranslator.com, 7/3/13): su proclama subrayaba el rechazo a la intervención estadounidense “porque todos somos Jabhat al Nusra” Se explica: los avances militares más importantes contra el régimen sirio son atribuibles a estos jihadistas, ahora aliados con Al Qaida, que están mejor armados, mejor entrenados y van al frente en los ataques. Hace meses que se informa que constituyen la fuerza militar más importante de la oposición (www.mcclatchydc.com, 3/1/13).

El Consejo Nacional Sirio, reconocido oficialmente por EE.UU., Rusia y otros países como representante legítimo del conjunto de la oposición, se ha visto superado por lo que sucede en la guerra misma. Hillary Clinton, cuando fungía como secretaria de Estado, reconoció una vez que Al Qaida y otros grupos que figuran en la lista de grupos terroristas “están de nuestro mismo lado en Siria y ayudan a los rebeldes” (www.infonews.com, 1/3/12). Se estima que un grupo de Al Qaida que participó en el derrocamiento de Khadafi fue transportado a la región en aviones de la OTAN e infiltrado en Siria. Pero la nueva situación ha cambiado las apuestas, creando un estado de cosas de suma complejidad para Occidente.

Analistas como John Glass consideran que el esfuerzo de socavar la ayuda a los grupos afines a Al Qaida –los rebeldes más efectivos desde el punto de vista militar– no pondrá fin a ese conflicto interno de la oposición ni al régimen de Al Assad. “La política de ayudar sólo a los rebeldes amigos –señala– ha prolongado por demás el conflicto, empeorado la crisis humanitaria y ayudado a promover a Al Qaida en Siria” (y) no se puede confiar en que los regímenes de Arabia Saudita y Jordania ayudarán realmente a los moderados que luchan por la ‘democracia’ post Al Assad” (www.antiwar.com, 15/4/13). Mientras esto se dirime en relación con el campo opositor, se asiste a una paradoja de proporciones: Al Assad convertido en campeón de la lucha contra Al Qaida y otras organizaciones terroristas que figuran en la lista negra del Departamento de Estado.

Página/12 :: Contratapa :: Siria: Al Qaida a la cabeza de la oposición contra Al Assad

25/06/2011

Operação barbas de molho

Filed under: Cultura — Gilmar Crestani @ 8:32 am
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El dolor que no se olvida

Por Osvaldo Bayer

Desde Bonn, Alemania

El jueves pasado se cumplieron setenta años de la invasión de Hitler a la Unión Soviética. Hecho que se recordó con suma tristeza aquí, en Alemania. Se calcula que en la última guerra mundial murieron millones de seres humanos. Millones, no miles. Unos historiadores hablan de veinte millones de soviéticos muertos y, últimamente, el historiador Viktor Koslov, de la Academia de Ciencias de Moscú, señala que hay que calcular aproximadamente en 40 millones los soldados y civiles de esa nacionalidad que perdieron la vida. Los alemanes, por su parte, han calculado en dos millones el número de sus soldados caídos.

Todavía ni los historiadores ni los sociólogos ni los psicólogos ni los ensayistas han podido encontrar una explicación de por qué Alemania, después de haber perdido la Primera Guerra Mundial de 1914-1918, un cuarto de siglo después, en 1939, inició la Segunda Guerra Mundial. Después de esa guerra de trincheras –donde los jóvenes de ambos lados se abrían el vientre con las bayonetas en los asaltos entre esos mutuos fosos enfrentados– se llegó al extremo de las matanzas crueles con el bombardeo de ciudades abiertas y se terminó, por parte desde Estados Unidos, arrojando bombas atómicas a ciudades de miles de habitantes.

¿Qué pasó con el ser humano? Es lo que se pregunta la nueva generación de alemanes. En un país con universidades plenas de sabiduría, con una tradición filosófica de búsquedas interminables, con movimientos pacifistas históricos. Sí, con aquel libro de Erich María Remarque –la mejor obra antibélica– llamado Sin novedad en el frente, que obtuvo el Premio Nobel en 1928. El dolor, la estupidez de las armas de fuego, la vaciedad de las órdenes militares, la vocación de asesinos que de pronto adquieren todos los jóvenes que son enviados al frente.

Justamente sobre eso, un libro ha conmocionado a esta sociedad últimamente. Soldados es su título y es un compendio de protocolos sobre tres palabras: “luchar, matar y morir”.

Son declaraciones de soldados que intervinieron en guerras. Queda claro allí cómo los jóvenes al vestir uniforme y llevar armas comienzan a sentirse todopoderosos. En su análisis del libro, Felix Ehring señala que la guerra “convierte al soldado en asesino porque el matar es la fácil meta de su acción.” El libro es un compendio de declaraciones de veteranos de guerra. Allí se muestra cómo se transforma el ser humano cuando se le da la orden de matar y el soldado lo toma como un privilegio. Es que para él es normal ya verse rodeado de cadáveres en su vida diaria. La misma sensación siente el soldado cuando entra en ciudades enemigas y ve a las mujeres de sus enemigos. Se cree con derecho a tomarlas y violarlas. Lo mismo sienten los pilotos de los bombarderos. Uno de los pilotos entrevistados dice, con orgullo: “Para nosotros, los pilotos de caza, era una especie de prólogo del placer cuando desde lo alto perseguíamos con fuego de ametralladoras a soldados enemigos a través de los campos”. Lo mismo los pilotos de bombarderos cuando comienzan a arrojar bombas sobre las poblaciones civiles. Sentirse dioses con la consigna de que eso es positivo porque así se “aprende a defender a la Patria”. Dice Ehring sobre las declaraciones de las experiencias como soldados: “No se encuentran contradicciones, todos conocen el matar y el morir”, por supuesto el morir de los “otros”, los seres humanos llamados “enemigos”, y esos ex soldados toman como “innecesario” el lamentarse por haber hecho eso. A los ex soldados no les gustaba hablar sobre sus propios sentimientos, al contrario, les gustaba relatar cómo le daban al contrario. Matar seres humanos en la guerra se convierte en una especie de deporte y el ganador es quien mata más gente “enemiga”.

Los autores del libro Soldados, Sönke Neitzel y Harald Welzer, tuvieron la suerte de dar con archivos de la guerra donde figuran esas declaraciones de soldados, suboficiales y oficiales sobre su misión. Y llegan a estas conclusiones: “Los uniformados creían con absoluta fe en los valores militares como dureza, rigor y cumplimiento del deber, que es la obediencia ciega ante la orden de mando. También el fusilamiento de civiles indefensos pertenece a ese deber. Lo hicieron pues, primero por la obediencia debida y más tarde por propia iniciativa. En la guerra, la persona civil es siempre una meta potencial. Y los autores del libro, luego de un estudio profundo, sostienen que soldados, policías y miembros de servicios de informaciones piensan todavía así, que ése es su “oficio”.

Qué bien que vendría un estudio similar en la Argentina, investigar el porqué del comportamiento de jefes, oficiales y subalternos de las Fuerzas Armadas, policías y empleados de los servicios de informaciones durante la aplicación del método de la desaparición de personas. Por ejemplo, estudiar si los pilotos de aviones que arrojaron prisioneros vivos al mar sentían el mismo poder que aquellos pilotos que bombardearon y bombardean desde la altura ciudades indefensas. Algo que tienen que estudiar profundamente los nuevos profesores de las instituciones militares para que no se repita nunca más la atmósfera que se vivió entre los miembros de las Fuerzas Armadas durante la dictadura.

Y aquí nace la pregunta: ¿por qué esos miembros de las Fuerzas Armadas, de la policía y de los servicios se sintieron de pronto omnipotentes y creyeron ser dueños de la vida y la muerte de todos? Con el derecho a matar, torturar, hacer desaparecer, regalar los niños de las prisioneras. Es decir, ¿se sintieron con los mismos atributos que soldados en un país enemigo? ¿Como pilotos de bombardeos de ciudades civiles? ¿Es el poder que da el uniforme? ¿Es el poder que les dan las instituciones políticas (o económicas) a los uniformados en los momentos de peligro? ¿No es hora de comenzar el debate en Naciones Unidas y en los organismos internacionales para cambiar el sistema de autocustodia llevado a cabo por la humanidad desde que existe la historia, con su repetición de crímenes oficiales cada vez más asesinos y de la violencia al servicio del poder y no de la paz interior y exterior de los pueblos?

¿Por qué no intentar de una vez por todas el diálogo frente a la violencia de la represión? ¿Es tan difícil? La represión no es otra cosa que la omnipotencia del poder. En vez de ideas nuevas y conciliación, el palo. El gas lacrimógeno. El bañar en agua helada al enemigo en pleno invierno. Y si no, la bala. Cuando el enemigo no aprende bastan tres o cuatro muertos para que arruguen todos. Esa es la consigna del poder. El buen gobernante nunca tiene que perder la paciencia.

Debe creer en el diálogo. En la participación de la sociedad para buscar soluciones a los problemas.

A Europa ha llegado la noticia de la represión de los maestros santacruceños en Buenos Aires. La sociedad debe decirse como primer paso al diálogo: “Con los maestros nunca la violencia”. Porque es como si aplicáramos la violencia contra nuestros hijos y nuestros nietos, que son sus alumnos. Todos los problemas tienen solución mediante el diálogo. Y el político, el gobernante deben proponerse el diálogo como única arma de poder. Porque si no caeríamos en reconocer a la guerra como única solución para los problemas entre los pueblos. Y eso finalmente significa la muerte.

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21/03/2011

Civilização versus Árabes

Filed under: Tio Sam — Gilmar Crestani @ 7:53 am
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Sob a rubrica “Crise no mundo árabe”, o UOL traduz todo o significado explícito e implícito de mais um guerra da “civilização” ocidental contra árabes. São tão civilizados que não suportamos o diferente. São tão superiores que não existimos sem o petróleo dos outros. Se os outros querem um pouco de lucro com o que é deles, eles passam a ser tratados como diferentes. Quem colocou Kadafi lá foram os mesmos que colocaram Osama Bin Laden contra os Russos. Já tinham feito isso também na guerra do Irã-Iraque, quando armaram e atiçaram Saddam Hussein contra o Irã. Foi a “civilização” ocidental que instigou, patrocinou e lucrou com aquela guerra.

Nossa civilização quer proteger civis na Líbia, mas está se lixando para os civis da Síria. Manda detonar os civis do Bahrein. No Iêmen? Somos uma civilização superior à árabe? Obama está preocupado com o direitos humanos do Soldado Manning? Está interessado em saber o que está acontecendo em Wisconsin?

O presidente dos EUA vem ao Brasil usar o telefone para desencadear uma guerra no Mediterrâneo, os macacos ficam olhando e aplaudindo Obama dizer uma coisa e, em tempo real, sabendo que ele está fazendo outra pelas costas.

Crise no mundo árabe

Gaddafi pode ser alvo, insinua ministro britânico

UOL – O melhor conteúdo

20/03/2011

As razões que a própria razão reconhece

Filed under: Tio Sam — Gilmar Crestani @ 7:08 pm
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2011, Odisea del Amanecer

Comenzó en la tarde de ayer, cuando un avión francés atacó a blindados de Khadafi. Desde buques británicos y norteamericanos dispararon cientos de misiles contra las defensas antiaéreas. Khadafi desafió a los aliados con un contraataque.

Por Eduardo Febbro

Desde París

Muammar Khadafi, el tirano preferido de Occidente –después de Saddam Hussein– amanece bajo el rugido de los aviones y las bombas de sus antiguos socios de negocios. Al principio de la tarde de ayer, un avión francés sobrevoló el cielo libio y a las 16.45 GMT la primera bomba europea cayó en suelo libio e hizo blanco contra un vehículo militar. “Era un vehículo enemigo que amenazaba a la población civil”, explicó el portavoz del estado mayor de las fuerzas armadas francesas, Thierry Bruckhard. Así comenzó el operativo Odisea del Amanecer.

“El coronel Khadafi ha despreciado la advertencia de la comunidad internacional”, dijo el presidente francés Nicolas Sarkozy. Acto seguido, Francia emprendió sola la primera fase de la intervención militar en Libia respaldada en la base jurídica de la resolución 1973 de la ONU votada el jueves y precedida de una inenarrable serie de bravuconadas y provocaciones mutuas, aproximaciones, crímenes y regateos diplomáticos que condujeron al desenlace de ayer.

Todo apuntaba a pensar que París lideraría la acción y que se internaría sin otro apoyo que el de Londres en la neutralización de los objetivos libios. “Resulta claro que Francia asume el liderazgo de la acción militar en el cielo libio”, dijo el primer ministro belga, Yves Lanterne. Pero horas después, Gran Bretaña y Estados Unidos se sumaron al protagonismo. Sus barcos de guerra y submarinos lanzaron 110 misiles, esencialmente Tomahawk, contra las baterías antimisiles libias. Luego Gran Bretaña sacó sus aviones, que se agregaron a los 20 franceses (Rafale y Mirage 2000D) que abrieron la ofensiva. Así, tres de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU asumieron la plena responsabilidad operativa de la nueva campaña contra un régimen árabe. Khadafi les respondió amenazando con atacar “blancos civiles en el Mediterráneo”.

La intervención comenzó justo después de que concluyera la cumbre organizada en París por el presidente francés y a la cual acudieron Estados Unidos, la Unión Europa, la Unión Africana, la Liga Arabe y el secretario general de las Naciones Unidas, Ban ki-Moon. El propósito de este encuentro era sumar aliados para el operativo y validarlo con el más amplio apoyo internacional posible. Sin embargo, aparte de París, Londres y Washington, los demás aliados no se han mostrado muy demostrativos. La presencia específicamente árabe o africana es puramente simbólica. La Liga Arabe respaldó la imposición de una zona de exclusión aérea aprobada el jueves pasado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas pero, hasta ahora, el único país árabe que prometió suministrar aviones a la coalición fue Qatar. Los demás no han precisado su grado de colaboración.

Esta será, según los términos del comunicado final de la cumbre, “diferenciada”. Los países que participaron en la reunión se comprometieron a “actuar colectivamente y de forma resuelta para dar pleno efecto” a la resolución”, dice la declaración difundida por la presidencia francesa. Nicolas Sarkozy aseguró ayer que “nuestras fuerzas aéreas se opondrán a cualquier agresión de los aviones del coronel Khadafi contra la población de Benghazi”. El primer ministro británico, David Cameron, repitió en París que Muammar Khadafi “ha masacrado a su propio pueblo. Por consiguiente, el tiempo de la acción ha llegado”. Cameron no descartó la evidencia de los riesgos que un operativo semejante acarrea. “Es mejor tomar medidas que arriesgarse a las consecuencias de la inacción, que es la matanza de civiles”, dijo Cameron.

Khadafi no piensa lo mismo y sigue asegurando que sí respeta la resolución de las Naciones Unidas 1973. En una suerte de delirio en el que cada parte contribuye con su argumento, el gobierno libio aseguró que “acatamos la resolución y aceptamos un alto el fuego. Pero nada hará mermar nuestro espíritu. Seguiremos luchando contra Al Qaida”.

Junto a Francia y Gran Bretaña, los más obstinados promotores del uso de la fuerza contra Khadafi, España, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Noruega y Grecia forman parte de Odisea del amanecer. Canadá anunció el envío de siete aviones de combate. En París, el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, adelantó que Madrid participará con un avión cisterna y cuatro aparatos de combate F18. Zapatero parece muy comprometido con la libertad de Libia y muchísimo menos con el respeto de los derechos fundamentales de los pueblos del Sahara Occidental, ocupados y reprimidos por su vecino estratégico, Marruecos, sin que Madrid o la difusa comunidad internacional levanten un dedo para frenar las atroces violaciones a los derechos humanos.

Pero el veleidoso y alocado coronel Khadafi logró aunar y armar contra él a tres potencias mundiales y una galaxia de invitados al festín armado. Alain Juppé, el ministro francés de Relaciones Exteriores, aclaró ayer que las acciones se mantendrán hasta que Khadafi “cumpla al pie de la letra” con la resolución de la ONU. De esta estructura está ausente la OTAN. La presidencia francesa excluyó desde un principio la inclusión de la Alianza Atlántica en los operativos. Signo claro de que la OTAN no será una protagonista de peso fue la ausencia en París del secretario general del organismo, Anders Fogh Rasmussen. Sin embargo, sí estuvo en París la canciller alemana Angela Merkel, cuyo país no votó a favor de la resolución de la ONU.

El coronel Khadafi se puso ayer el uniforme verbal que en sus épocas supieron usar el ex presidente iraquí Saddam Hussein o el mismo Bin Laden. En una grabación difundida por la televisión libia, Khadafi amenazó con atacar objetivos “civiles y militares” en el Mediterráneo. Al igual que Saddam, que sacrificó a su pueblo bajo las bombas de los ocupantes con su verborragia provocativa, Khadafi dijo que el Mediterráneo se volvió “un verdadero campo de batalla” y calificó los bombardeos aéreos y la lluvia de misiles como una “agresión cruzada injustificada contra el pueblo libio”.

Aunque las bombas hayan ocupado ahora la escena, nada saca la sensación de falta de preparación, de apuro, de negociación de intereses mezquinos y de improvisación que causa este operativo. Francia fue el primer país del mundo en reconocer a la rebelión libia agrupada en el Consejo Nacional Libio de Transición, CNLT, como el “único representante del pueblo libio”. Con términos más ambiguos, la Unión Europea siguió los pasos de Sarkozy unos días más tarde, pero la UE no interviene como tal en el conflicto. Estados Unidos todavía no decidió si reconocerá al Consejo Nacional Libio de Transición, en cuyo nombre se montó la escueta coalición. La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, dijo ayer en París que “el liderazgo árabe y su participación en la operación en Libia es crucial”. Sin embargo, no existe ningún país árabe influyente que, hasta ahora, se haya sumado militarmente a ella. Todo el mundo se esfuerza en ponerlos en la secuencia, pero ellos no están.

Khadafi bombardeó a su pueblo pero no perdió su credibilidad en ese momento, sino muchos años atrás. La había perdido ante la humanidad entera, pero su amigo Tony Blair, su amigo Silvio Berlusconi, su amigo Vladimir Putin y todos los amigos que se fue haciendo a partir de 2003, incluido el mismo Sarkozy, se la restablecieron. Lo abanderaron con una copiosa bienvenida al seno del “mundo libre”. Le compraron petróleo y le vendieron las armas con las que bombardeó a su pueblo.

efebbro@pagina12.com.ar

Página/12 :: El mundo :: 2011, Odisea del Amanecer

17/01/2010

Assassinos de Aluguel

Filed under: Autobiografia — Gilmar Crestani @ 10:09 pm
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Editorial do New York Times, de 11/01/2010, publicado pelo Último Segundo, revela a verdadeira face da guerra Made in USA. A verdadeira face do terror é estrangeira, mas a serviço da mais eficiente e lucrativa máquina de assassinar já montada no Ocidente.

Assassinos de Aluguel

Assassinos de Aluguel


Ricardo Urbina, um juiz federal de Washington, ofereceu mais um argumento convincente contra a terceirização da guerra a mercenários do setor privado. Ao rejeitar acusações contra agentes da companhia Blackwater que mataram 17 iraquianos na praça Nisour, em Bagdá, em setembro de 2007, Urbina ressaltou a incapacidade do governo de fazer com que os mercenários sejam responsabilizados por seus crimes.

Urbina determinou corretamente que o governo violou a proteção aos agentes da Blackwater contra autoincriminação. Ele rejeitou uma acusação inepta que se baseava em declarações feitas pelos agentes a funcionários do Departamento de Estado, que contratou a companhia de segurança da Carolina do Norte para proteger comboios e pessoal no Iraque. Isso, segundo ele, seria uma “violação irresponsável dos direitos constitucionais dos acusados”.

Durante a campanha presidencial, Barack Obama e Hillary Clinton competiram sobre quem tomaria medidas mais rígidas contra os mercenários. Está claro que a única maneira de Obama manter sua palavra é se livrar dos milhares de mercenários contratados no Iraque, Afeganistão e em outros lugares.

As mortes na praça Nisour não foram os primeiros crimes das armas de aluguel no Iraque, ou seu último. O exército afirmou que funcionários de empresas como a CACI International estiveram envolvidos em mais de um terço dos incidentes de abuso comprovados na prisão de Abu Ghraib em 2003 e 2004. Guardas da Blackwater – que mudou de nome para Xe Services – e de outras empresas de segurança, como a Triple Canopy, estiveram envolvidos em outros tiroteios fatais.

No dia 7 de janeiro dois ex-guardas da Blackwater foram presos e acusados por duas mortes advindas de um tiroteio que aconteceu em maio no Afeganistão.

Ainda assim, o governo não tem conseguido responsabilizar os mercenários. Quando sua ocupação formal do Iraque acabou, em 2004, a gestão Bush exigiu que Bagdá concedesse imunidade legal aos seguranças privados.

O congresso tentou cobrir tais crimes com leis americanas. O Ato Militar de Jurisdição Extraterritorial estende leis civis a mercenários que apoiam operações militares no exterior e o Código Uniforme de Justiça Militar foi ampliado em 2006 para cobri-los.

Mas o governo não processou com sucesso nenhum caso pelas mortes cometidas por mercenários. Uma ação iraquiana contra empresas contratadas pelos militares americanos, movida por iraquianos vítimas de tortura em Abu Ghraib, foi rejeitada por um tribunal de apelação federal que afirmou que as companhias têm imunidade como parceiras do governo.

Furioso que o caso da praça Nisour foi rejeitado, o governo iraquiano afirmou que poderá entrar com ações civis nos Estados Unidos e Iraque contra a Xe. Mas suas chances de sucesso não são consideradas promissoras. As famílias de muitas das vítimas do ataque aceitaram um acordo da Xe na semana passada, temendo que uma ação civil pudesse não levar a nada.

Há muitas razões para se opor à privatização da guerra. O uso de mercenários permite que o governo trabalhe fora do radar do escrutínio público. E contratantes despreocupados podem ter propósitos diferentes daqueles das forças armadas. Os guardas não supervisionados da Blackwater arruinaram o esforço de se ganhar o apoio iraquiano.

Mas mais fundamental é que o governo não pode – ou não quer – manter o controle legal de seus mercenários. Uma nação de leis não pode ir à guerra dessa maneira.

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