Ficha Corrida

24/06/2011

“E. Coli” bancária

Filed under: Cosa Nostra — Gilmar Crestani @ 8:52 am
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Mejor vigilar que expropiar

El sistema financiero estuvo en la génesis de la crisis y la prolonga al cortar el crédito – Los expertos piden un control más eficaz, pero no una nacionalización

EL PAÍS 24/06/2011

El sector financiero ha estado en la diana de las protestas. Se le critica por generar la burbuja, por requerir dinero público y por las altas retribuciones de sus directivos. Los expertos apoyan un reforzamiento de la supervisión de las entidades. Sus problemas acaban siendo de todos

Si España sufre la presión del mercado (y con ello el retraso en la recuperación económica) buena parte de culpa la tiene el sistema financiero. Los inversores castigan la política de crédito desenfrenada que condujo al estallido de la burbuja inmobiliaria. Cajas y bancos tienen unos 150.000 millones en activos potencialmente problemáticos en el ladrillo, es decir, cerca del 15% del PIB, incluidos los inmuebles adjudicados y los créditos por más de 65.000 millones, de los que cerca de la mitad están en suelo. Si el sector del automóvil, por ejemplo, entra en crisis por la caída de la demanda el coste en puestos de trabajo es importante pero sus problemas no acaban salpicando al resto de sectores. En el caso del sector financiero no es así. Sus problemas son suyos hasta que acaban siendo de todos. Y ese contagio es casi inmediato.

La idea de dejar quebrar a bancos es "sorprendentemente liberal"

Las cajas de ahorros han recibido ya 10.066 millones del FROB

Ya había una banca pública bajo control social, las cajas, y ha acabado mal

Si se aplican nuevos impuestos al sector, cortaría más el grifo

"No al gobierno bancario"; "La banca al banquillo". "El oro del banquero, la sangre del obrero". "Rescatar a las personas, no a los bancos"… Las instituciones financieras, son, junto con los partidos políticos, la principal diana para los dardos del movimiento 15-M. Decenas de pancartas con lemas contra bancos y cajas poblaron durante semanas la Puerta del Sol en Madrid y la Plaza de Cataluña en Barcelona. Los indignados les acusan básicamente de tres cosas: colaborar en el origen de la crisis con una política de préstamos hipotecarios que alimentó la burbuja inmobiliaria; costar miles de millones al bolsillo del contribuyente por una mala gestión del riesgo que sin embargo fue recompensada por salarios desorbitados; y entorpecer la recuperación económica al cortar el grifo del crédito a familias y pymes. Privatizar beneficios y socializar las pérdidas, en definitiva.

El manifiesto del movimiento Democracia Real Ya reserva un capítulo destacado al control de las entidades bancarias. Los firmantes del documento proponen una serie de medidas que consideran esenciales para la "regeneración" económica del país. Las propuestas incluyen la prohibición de cualquier tipo de rescate, la nacionalización de las entidades en dificultades, la devolución de las ayudas públicas, sanciones a la mala praxis bancaria o la subida de impuestos.

Los expertos, que comprenden el malestar de la ciudadanía con el sector financiero, creen que la crisis ha puesto en evidencia la necesidad de hacer reformas pero subrayan que hay que hacer una separación muy clara entre bancos y cajas, y abogan por una mejor supervisión y regulación. En cuanto a las propuestas del colectivo 15-M, la idea de crear una banca pública es rechazada por todos los economistas consultados, la posibilidad de dejar quebrar las entidades los divide y el resto de medidas reciben calificativos que van desde naifs hasta populistas.

"Las propuestas mezclan ideas razonables, como la prohibición de rescates bancarios a las entidades no sistémicas, que por cierto es una actitud sorprendentemente liberal, con medidas demagógicas como la prohibición de inversión de bancos españoles en los paraísos fiscales, con otras carentes de contenido pues ya están implementadas y algunas poco operativas como la regulación de sanciones a los movimientos especulativos", resume Jesús Fernández-Villaverde, profesor en la Universidad de Pensilvania e investigador de Fedea.

En España, salvo la intervención de Caja Castilla-La Mancha y Cajasur -adjudicadas posteriormente a Cajastur y BBK, respectivamente-, no ha habido, de momento, ninguna nacionalización de entidades financieras al estilo de las ejecutadas en EE UU o Reino Unido. Eso no quiere decir que el sector no haya recibido ayudas indirectas -compra de activos financieros de alta calidad y la presentación de garantías públicas a sus emisiones de deuda- y también directas. Entre estas últimas destacan las inyecciones de dinero a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) para incentivar las fusiones entre cajas de ahorro.

Las entidades han recibido 10.066 millones de euros por este concepto. Además, el Gobierno podría entrar en el capital de aquellas entidades que el próximo 30 de septiembre no hayan logrado captar en el mercado el dinero suficiente para elevar sus ratios de capital hasta los nuevos estándares. En el peor de los casos, según cálculos oficiales, esta recapitalización pública supondría otros 15.949 millones. En el caso de la crisis Caja Castilla-La Mancha (previa a la creación del FROB) el Fondo de Garantía de Depósitos se gastó todo el patrimonio acumulado casi tres décadas (4.125 millones) en el rescate.

Sumando todos los conceptos, los recursos destinados por el Estado al rescate financiero suponen cerca del 2,6% del PIB, mientras que en EE UU se concedieron apoyos equivalentes al 3,4% de su economía, en Reino Unido del 6% y en Irlanda esta cifra asciende a casi el 30% del PIB.

El Gobierno justifica la concesión de estas ayudas para salvaguardar la estabilidad del sistema, fomentar su eficiencia y permitir que el crédito vuelva a fluir hacia la economía real. El problema es que la mayoría de las entidades siguen sin abrir el grifo de los préstamos. Una encuesta publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) concluye que una de cada cuatro empresas no financieras que solicitó un préstamo en 2010 no pudo obtenerlo.

Con este caldo del cultivo, el 15-M pide la prohibición de "cualquier tipo de rescate" o inyección de capital a entidades bancarias. Los indignados sugieren que aquellas entidades en dificultades "deben quebrar" o ser "nacionalizadas" para constituir una banca pública "bajo control social".

"En EE UU han quebrado más de 100 entidades y no ha pasado nada porque eran pequeñas. El problema surge cuando se deja caer a un banco grande. Nos caigan simpáticas o no, las entidades son como el aceite para el motor de un coche: son indispensables para que no se gripe", argumenta Jordi Fabregat, profesor de Finanzas de Esade. "En cuanto a la nacionalización, no es la solución. Una política de préstamos guiada por motivos políticos me da miedo. La gestión de un banco debe ser la misma esté en manos públicas o privadas: dar dinero a un tipo mayor del que se capta y negar el préstamo a quién no sea capaz de pagarlo", añade.

"Si dejamos quebrar a los bancos, ¿qué hacemos con los depósitos de los españolitos?", se pregunta José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney. "Si algo hemos aprendido con la crisis, y más concretamente con Lehman Brothers, es que no se puede dejar caer a los bancos. Las entidades se han equivocado dando créditos y lo están pagando. Si la banca fue la culpable de la crisis de 1992 también tendrá parte de responsabilidad en que en este país se hayan creado desde entonces seis millones de empleos, ¿no? Respecto a la nacionalización, la historia ha demostrado en numerosas ocasiones que el Estado es muy mal empresario y peor banquero. Si queremos propuestas coherentes para reformar el sector creo que habría que empezar por imponer una regulación y una supervisión mucho más eficaces", añade Díez.

Mientras la petición de los ciudadanos acerca de dejar quebrar a las entidades deja la puerta abierta al debate académico dependiendo del tamaño del banco, la sugerencia de la nacionalización como alternativa a las ayudas públicas concita un rechazo unánime entre los economistas.

Si las cajas finalmente no logran captar en el mercado el dinero necesario para mejorar su solvencia el Estado aportará esos recursos entrando en el capital. Esta permanencia será por un periodo máximo de cinco años. "Lo que más me llama la atención de las propuestas es la llamada a constituir una banca pública bajo control social. Eso ya lo teníamos en España: se llamaba cajas de ahorros. Los problemas de nuestro sector financiero no han venido ni del Santander ni del BBVA, han venido de las cajas. Toda banca pública va a ser siempre capturada por los intereses políticos y terminará en un desastre", advierte Fernández-Villaverde.

El movimiento 15-M pide que aquellos bancos o cajas que hayan recibido capital del Estado lo devuelvan "a las arcas públicas". Esta propuesta es vista como lógica por los expertos pero recuerdan que ya se aplica. Ninguna de las ayudas concedidas será gratuita. El Estado, a través del FROB, compró participaciones preferentes por valor de 10.066 millones para reajustar el tamaño del sector a través de fusiones. La rentabilidad mínima anual de esas participaciones es del 7,75%, un interés muy por encima de la que paga en FROB para financiarse con sus emisiones de deuda, por lo que esta operación debería generar ganancias para las arcas públicas. Además, en el caso de que el Estado tuviese que entrar en el capital de algunas cajas lo haría a precios de mercado (un experto independiente hará una valoración) y cuando salga del capital tras haber aplicado medidas de eficiencia intentaría saldar la operación con plusvalías. Asimismo, para que el Estado entre en el capital de las cajas estas deberán transformarse primero en bancos y, por lo tanto, se podría rentabilizar la operación vía dividendos.

Los indignados también apoyan la elevación de los impuestos a la banca de manera directamente proporcional "al gasto social ocasionado por la crisis generada por su mala gestión".

Los expertos no están muy de acuerdo con esta idea ya que creen, por un lado, que las entidades financieras no han sido las únicas causantes de la crisis y, por otro, advierten de que una revisión al alza de los impuestos sería contraproducente porque frenaría aún más los créditos.

"¿Qué es una mala gestión?", se pregunta Rafael Pampillón, profesor de IE Business School. "En el pinchazo de la burbuja inmobiliaria en España tanta culpa han tenido los bancos por conceder créditos baratos, como los ciudadanos que los solicitaron -en algunos casos para especular-, como el Banco de España por no poner freno al crédito hipotecario o las Administraciones públicas por su política de suelo", apunta Pampillón, quien añade que la mala gestión de las entidades ya la están pagando sus accionistas con menores dividendos y la posibilidad de ver diluida su participación por ampliaciones de capital.

"Las entidades financieras, para sobrevivir, tienen que ganar dinero. Les podemos poner los impuestos que queramos pero cualquier incremento en sus costes lo van a repercutir en el precio de sus productos y servicios", señala Jordi Fabregat. Esta opinión es compartida por José Carlos Díez: "Los márgenes de las instituciones están débiles. Esto quiere decir que si se le ponen nuevos impuestos van a ganar menos dinero y, por lo tanto, habrá menos crédito a disposición de ciudadanos y empresas".

Algunas medidas

Reestructuración. El sector financiero ha ajustado su tamaño a la nueva situación económica. En 2009 había 45 cajas de ahorro en España y actualmente su número se ha reducido a 18.

Recapitalización. Nueve cajas y cuatro bancos deben elevar sus ratios de capital. Si el próximo 30 de septiembre no cumplen los nuevos criterios el Estado entrará en el capital como accionista durante un plazo máximo de cinco años. Bankia y Banca Cívica prevén salir a Bolsa.

Salarios. En las entidades que reciban apoyo financiero público, la remuneración variable de los directivos solo será posible si a juicio del Banco de España está adecuadamente justificada, y la remuneración total podrá estar limitada por el propio organismo supervisor.

Incentivos perversos

Los sueldos de los banqueros son objeto de crítica. La voz de alarma se centra no tanto en la cuantía de las remuneraciones (en muchos casos estratosférica) como en los mecanismos utilizados para fijar esos salarios. En la retribución del sector tiene un gran peso la parte variable, ligada a la consecución de objetivos, circunstancia que puede alentar a una gestión del riesgo menos precavida de lo que sería conveniente.

En 2007 arrancó la crisis financiera en EE UU que pronto contagió a la economía real en todo el mundo. Desde entonces los dos mayores bancos (Banco Santander, BBVA) y las dos principales cajas (La Caixa, Caja Madrid) han pagado de forma conjunta a sus consejeros 332 millones de euros. Los bancos son entidades privadas en las que la política de remuneración la aprueban sus accionistas y en el caso de las dos cajas mencionadas solo Caja Madrid ha recibido ayudas públicas. Sin embargo, sÍ es cierto que en todos estos casos, como en el resto de entidades financieras del país, la gestión durante la gestación de la burbuja inmobiliaria se está pagando ahora con una sequía en los créditos.

El Gobierno acaba de trasponer una Directiva europea en materia de remuneraciones. La nueva norma trata de evitar incentivos perversos que animen a los directivos a asumir riesgos que pongan en peligro la entidad. Una de las nuevas medidas se refiere a la obligación de que entre un 40% y un 60% del cobro de la retribución variable se difiera como mínimo tres años. Asimismo, en las entidades que reciban apoyo público, la parte variable del sueldo solo se pagará si a juicio del Banco de España está justificada, y la remuneración total podrá estar limitada por el supervisor.

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25/04/2011

Taxa Robin Hood ainda sem consenso

Filed under: Cosa Nostra — Gilmar Crestani @ 9:08 am
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Todos de acordo para acabar com putaria do mercado financeiro. Ou Golondrina, como dizem os espanhóis. As andorinhas chegam à tardinha, fazem um monte de cocô a noite toda, e partem ao amanhecer, igual ao capital especulativo.

La ‘tasa Robin Hood’ se instala en el limbo

La defensa de un impuesto financiero global abandona la utopía, pero se queda estancada en los discursos de líderes políticos – El G-20 no logra el consenso internacional suficiente

AMANDA MARS 25/04/2011

La mano invisible, esa que Adam Smith creía capaz de mover con diligencia al mercado, no debería convertirse en "un puño". El antiguo modelo de globalización, que sacó de la pobreza a millones de personas, tenía, al cabo, una cara oculta: un creciente abismo entre ricos y pobres. La mundialización financiera ha aumentado las desigualdades. Es hora de una globalización más justa.

Quien se despachó así hace un par de semanas en una universidad de Washington no era portavoz de ningún movimiento anti-globalización, ni de una ONG. Era ni más ni menos que el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, quien, dicho sea de paso, se perfila como uno de los posibles candidatos socialistas y rival de Nicolas Sarkozy en las elecciones presidenciales francesas que se juegan de 2012, aunque aún no ha dado el paso.

Strauss-Kahn, claves políticas al margen, defendió la implantación de un impuesto a las actividades financieras para obligar a la banca a absorber parte de los costes sociales de su comportamiento de vértigo, germen de la tormenta financiera. Reclamó la mejora de la supervisión mundial y un marco macroeconómico para un "nuevo mundo". Y con este, dijo, "el péndulo se desplazará -por lo menos un poco- del mercado hacia el Estado". Más Estado y menos mercado, binomio sacrílego antes de esta crisis. El patrón del FMI dando por amortizado el consenso de Washington y, con él, sus grandes mantras. A saber: que desregulación y privatización generan prosperidad per se, que nada como el propio mercado se supervisa y corrige mejor a sí mismo…

Adiós al tabú. Hablar de un impuesto global a los bancos ya no es mentar la bicha. Un millar de economistas de 53 países distintos enviaron hace dos semanas una carta al G-20 (el grupo formado por las grandes potencias económicas y las emergentes) para reclamar la implantación de lo que se ha rebautizado por las ONG como una tasa Robin Hood, una nueva versión de la tasa Tobin que grava las transacciones financieras no minoristas cuyos ingresos se destinasen a combatir la pobreza, el cambio climático y la población castigada por la crisis. En la lista de economistas figuran nombres como el de Jeffrey Sachs, de la Universidad de Columbia, o Dani Rodrik, de Harvard.

Líderes como Sarkozy que ahora ocupa la presidencia del G-20, y José Luis Rodríguez Zapatero también defendieron una tasa global de estas características en septiembre ante la ONU, durante la Reunión del Alto Nivel sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Y el FMI, aunque rechaza gravar las transacciones financieras, ha dado en esta crisis un vuelco a su postura al defender por primera vez impuestos al sector.

La mal llamada tasa Tobin -se utiliza el mismo nombre para fórmulas muy dispares- ha viajado del terreno de la utopía al debate de los grandes órganos de poder económico, aunque de momento se halla en el limbo de las buenas intenciones. El impuesto sobre los intercambios monetarios internacionales fue ideado por el Nobel James Tobin en los setenta, inspirado en Keynes, con el fin de "echar arena" en los engranajes de los mercados financieros y frenar la especulación. Luego fue tomada como bandera de los movimientos antiglobalización en los noventa -sobre todo de ATTAC-, de los que el economista de Yale se desmarcó.

¿Una tasa Tobin verá la luz? Cuando le hicieron una pregunta similar al propio Nobel, fallecido en 2002, respondió: "En absoluto, se oponen a ella los que deciden". Al menos tres giros en el guion del capitalismo reciente explican su oportunidad: la tecnología hace posible registrar los millones de transacciones financieras diarias que hace 40 años no se podían controlar; políticos de alto nivel y académicos de prestigio la han adoptado sin complejos como bandera; y tercero, los estragos que el capitalismo de casino -o de bingo- han provocado han resultado la mejor campaña para ganarse el respaldo social. Pero lagunas como la falta de definición y de consenso internacional, la mantiene de momento en el limbo de las buenas intenciones.

"La mentalidad está cambiando de un modo que yo no había anticipado", explica el economista alemán Paul Bernd Spahn, quien lideró en Alemania a principios de la década de 2000 un debate para implantar una Tobin reformulada para gravar los flujos de divisas. Juan José Rubio, catedrático de Hacienda Pública, destaca las dificultades de la implantación de una tasa, aunque cree que "tarde o temprano, la tendencia es ir hacia la creación de una Agencia Tributaria mundial y el G-20 sería el padrino idóneo".

Pero el G-20 celebra sus reuniones muy lejos del bosque de Sherwood, ese en el que un héroe robaba dinero a los ricos para dárselo a los pobres. Y Robin de Locksley no se ha dejado caer por las últimas citas. La UE aprobó en su cumbre de junio la implantación de una tasa de transacciones financieras, pero la supeditó a un acuerdo global con los países del G-20. Y el encuentro de Toronto de aquel mismo mes, en el que se debatió el establecimiento de nuevos impuestos los bancos e incluso la famosa tasa, lo descartó. Los mandatarios europeos y estadounidenses no lograron a convencer a los emergentes (Brasil, China, India) y otros desarrollados, como Canadá y Australia, que no han tenido que llevar a cabo rescates bancarios.

Oxfam ha retomado la defensa por la Tobin, con la Campaña por la tasa Robin Hood, un movimiento nacido en Reino Unido y trasladado a varios países cuyo ideólogo es Max Lawson, quien da por seguro que "2011 será el año de la tasa financiera". En España es Intermón Oxfam quien defiende esta campaña por el gravamen, que se aplicaría a las operaciones financieras de instituciones y profesionales, como el intercambio de acciones, bonos y otros en mercados organizados y operaciones extrabursátiles (OTC). Un tipo del 0,05% permitiría recaudar unos 400.000 millones de dólares en el mundo, y del 0,005%, 40.000 millones, según sus estimaciones. "El retorno sería recaudado a nivel nacional para destinarlo a las prioridades decididas por cada uno, aunque pedimos a cada Estado rico que done la mitad para luchar contra la pobreza", apunta Lawson.

El FMI, en concreto, propone una tasa fija sobre activos bancarios, sobre todo los de mayor riesgo, y una tasa sobre los beneficios que contribuiría a reducir el tamaño de las entidades: la Financial Activities Tax (FAT), cuyas siglas forman la palabra gordo en inglés.

Los bancos españoles rechazan impuestos cuyo objetivo sea recuperar ayudas públicas o penalizar el riesgo excesivo. "Los bancos españoles, por su modelo de banca comercial, no han contribuido en el desarrollo y desenlace de la crisis financiera internacional, tampoco han recibido ayudas públicas de capitalización", explican fuentes de la Asociación Española de Banca (AEB), de modo que "no tendría sentido, y además sería injusto, imponer a los bancos españoles una tasa que persiga alguno de esos dos objetivos". Si el fin es crear un colchón ante futuras crisis financieras, "los bancos españoles disponen del Fondo de Garantía de Depósitos (FGD), que se capitaliza de forma permanente", añaden las mismas fuentes.

La patronal de las cajas de ahorros, la CECA, rehúye hacer declaraciones, si bien fuentes de este sector defienden la "neutralidad" de los productos financieros, para que ningún gravamen traslade el coste a los clientes.

"El sistema financiero actual es como un Ferrari que va sin faros por una carretera con curvas por la que nunca ha circulado, a toda velocidad", dice y retoma la metáfora de Tobin: "La única manera, en mi opinión, de evitar accidentes es poner baches en la carretera, echar un poco de arena en la máquina". Pero ¿seguro que la Tobin es la solución? "La tasa es potencialmente una buena forma de hacerlo, aunque la implementación es complicada y requiere un acuerdo internacional", muy difícil. Pero, en cualquier caso, "hay que entender que tal tasa no hubiera afectado a las burbujas inmobiliarias, y a la crisis del euro que estamos sufriendo", advierte Garicano.

Otros diques mantienen la batalla plácidamente estancada en los discursos. No hay definición ni consenso sobre el tipo de impuesto concreto que debería diseñarse, tampoco sobre los fines exactos a los que se destinaría su recaudación ni mucho menos el órgano supranacional que lo recaudaría, nuevo o ya existente (Banco Internacional de Pagos, Banco Mundial, FMI u otros), o si sería Estado por Estado. "Eso no deja de ser dar más poder a un organismo de Washington, también sería posible una aproximación país a país", dice Carlos Mulas, director de la Fundación IDEAS, que alumbró un informe dirigido por el Nobel Joseph Stiglitz que defiende los efectos que tendría una tasa financiera.

"El FMI y el Banco Mundial han perdido mucha credibilidad en la zona de América Latina", tercia Juan José Rubio, quien se muestra más partidario de alguna organización vinculada a la ONU. De hecho, en su opinión, "tampoco Washington pretende acumular más papel, Barack Obama se ha mostrado en estos años más partidario de distribuir un poco más las responsabilidades y eso se ve también en cómo ha afrontado las relaciones internacionales". El catedrático defiende un control vinculado a la ONU, pero recalca la necesidad de que cualquier gravamen tenga una dimensión global, dados los desplazamientos de capital que supondría que solo se aplicasen en algunos mercados.

La banca también advierte de eventuales de capital. Los defensores de la tasa coinciden en poner el mismo ejemplo: Reino Unido grava con un 0,5% las transacciones de acciones y Londres permanece como una de las mayores plazas financieras del mundo. También Brasil aplica desde 2009 un impuesto sobre operaciones financieras (IOF) del 2% con el fin de frenar la apreciación del su moneda, debido al fenomenal crecimiento económico y la entrada de capital caliente.

Desde Alemania, Spahn sí reconoce, no obstante, que este tipo de transacción está muy descentralizado, de modo que propone "comenzar con impuestos de transacciones monetarias para lograr cierta experiencia". El catedrático alemán plantea actuar sobre las transacciones que están altamente concentradas (y que es necesario resolver con el Banco Central Europeo (BCE), de forma que la parte en euros fuese gravada (a una tasa muy baja) en el cierre. En este caso, el BCE podría ser el recaudador y distribuidor de esos nuevos ingresos fiscales generados.

De momento, los que sí se han convertido en realidad son algunos impuestos a la banca en varios países (Alemania, por ejemplo) para asegurar el pago de rescates ante futuras crisis.El estudio de IDEAS defiende tres tipos de impuestos (ver cuadro), uno que incremente el IRPF sobre las plusvalías financieras, otro sobre los activos y el que defiende como idóneo, el de las transacciones financieras. Para este último plantean un tipo de entre el 0,01% y el 0,05% del importe negociado que restase atractivo a las operaciones especulativas cuyo beneficio depende de oscilaciones de precios muy pequeñas y de corto plazo (pero sobre grandes volúmenes, de ahí lo jugoso del negocio). La medida podría reducir este tipo de contrataciones hasta un 65%, tras el cual se prevé una recaudación de 2.200 millones de euros en España y de 467.000 millones en todo el mundo, según los expertos (ver cuadro).

Ese "puño" del que hablaba Dominique Strauss-Kahn -se supone que también invisible, como la mano del mercado, y, por tanto, bastante peligroso- no trata a todos por igual. Paul Krugman habló con mucha ironía del "sacrificio compartido" en uno de sus últimos artículos: "Los pobres tienen que aceptar grandes recortes en Medicaid

[seguro médico para personas con pocos ingresos] y los cupones de alimentos; la clase media tiene que aceptar grandes recortes en Medicare [seguro médico para personas mayores de 65 años] que en realidad suponen el desmantelamiento de todo el programa, y que las corporaciones y los ricos tienen que aceptar grandes bajadas en los impuestos que tienen que pagar. ¡Sacrificio compartido!".

Jesús Lizcano, catedrático de Economía Financiera y Contabilidad, enmarca cualquier iniciativa para una tasa en el proceso hacia una mayor gobernanza económica global (un tema recurrente en Europa al prender la discordia entre una política monetaria común y la falta de sintonía fiscal). Lizcano destaca que la tormenta financiera "sensibiliza mucho" y que, independientemente del futuro próximo, "el debate ha alcanzado un punto sustantivo sobre el que es difícil volver atrás".

Ahora, a la vista de discursos como el de Nicolas Sarkozy, por ejemplo, parece que cosecha más apoyos que nunca. Aunque el presidente francés ha recibido alguna que otra acusación de electoralista. La última, la semana pasada. Su Gobierno anunció una ley para obligar al pago de una prima a los trabajadores de las empresas de más de 50 empleados que, aumenten los dividendos que pagan a sus accionistas. Otro -el enésimo- problema de la tasa Robin Hood es que el espíritu del arquero de Locksley convierta en un juguete político.

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06/04/2011

FMI, aqui jaz!

Filed under: Cosa Nostra,Instituto Millenium,PIG,Tio Sam — Gilmar Crestani @ 8:25 am
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Os espanhóis chamam o capital especulativo de golondrina, andorinha. Passam a noite defecando dos telhados e na manhã seguinte partem levando consigo o produto surrupiado na calada da noite. Quem poderia imaginar que, a andorinha pintada pelos neoliberais, fosse na verdade um ave de rapina. Antes tarde do que nunca, ou  antes tarado do que eunuco. Alguém teria de por ordem no poleiro. E este alguém não seria o prof. Cardoso, que ajudou a sujar o poleiro.
FMI endossa uso de controle de capital pela primeira vez em 70 anos
Fundo delineia plano sobre como aconselhar países a melhorar os controles para conter surtos de capital
Clarissa Mangueira, da Agência Estado
WASHINGTON – Numa grande reviravolta política, o Fundo Monetário Internacional (FMI) endossou o uso de controles sobre os fluxos de capital estrangeiro pela primeira vez em 70 anos de história.
Em meio a uma forte polêmica dentro do FMI, os membros do fundo delinearam um plano político sobre como a instituição irá aconselhar países, como Brasil, China e Indonésia, a melhorar o uso dos controles para conter surtos de investimentos de capital. O fundo também estabeleceu as bases para o Grupo das 20 maiores economias do mundo (G-20), que busca desenvolver um “código de conduta” sobre o uso de controles de capital – uma prioridade definida pela França, que preside o grupo.
O FMI defendeu tradicionalmente mercados abertos aos fluxos de investimento. O apoio do fundo aos controles de capital representa uma inversão da sua posição histórica contra tais medidas. Os controles de capital ou a utilização de impostos, taxas de juro e outros instrumentos de política para controlar o fluxo de dinheiro dentro e fora dos países, têm sido a ruína de bancos, fundos de hedge e administradores de carteira, que querem a livre circulação do dinheiro de seus clientes.
Agora, o diretor-gerente do Fundo Monetário Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, afirma que o fundo está adotando uma visão “muito prafmática” dos controles de capital.
Sobe o novo plano, os controles de capital podem ser endossados pelo FMI em alguns casos. Além disso, as autoridades deverão tentar aprofundar seus mercados de capital para ajudar a absorver os fluxos de capital e evitar que o aumento desses fluxos provoque distorções prejudiciais nas suas economias.
(…)

Navalha
O Globo de hoje, na página 19, traz interessante declaração do diretor do Brasil no Fundo Monetário Internacional, Paulo Nogueira Batista Junior.
Paulo Nogueira não usa essas palavras, mas dá a entender o seguinte:
O FMI não teria legitimidade para impedir o Brasil de controlar a enxurrada de dólares.
Os Estados Unidos, segundo Paulo Nogueira, inundaram o mundo de dólares para desvalorizar a sua moeda e, com isso, desequilibraram as moedas do mundo e provocam uma super-valorização do real.
Agora, o FMI joga no lixo a Teologia neoliberal, aquela que se iniciou com os Chicago Boys do Pinochet:
Deixa tudo flutuar e o “mercado” regula com a “mão invisível”.
O PiG (*) brasileiro é um dos últimos redutos de resistência da obra que os Chicago Boys deixaram de herança para o sombrio governo do Fernando Henrique Cardoso.
O FMI já foi a Catedral de São Pedro da Teologia neoliberal.
Não é mais.
O PiG (*) está perplexo também porque uma agência de risco, a Fitch, elevou a nota do Brasil.
Quem assistou ao filme “Trabalho Interno” sabe que essas agências de risco tem tanto de Ciência quanto a Astrologia.
Só que os alquimistas das agências de risco ganham muito mais dinheiro do que as cartomantes de fundo de quintal.
O PiG (*) está perplexo, porque decretou a falência da política econômica – clique aqui para ler “Mercado, PiG e tucanos querem juros na veia” – poucos dias antes da elevação da nota do Brasil na Fitch.
O PiG (*) acreditava no FMI neoliberal e nas agências de risco.
Deu no que deu.
Paulo Henrique Amorim

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