Ficha Corrida

14/02/2011

A pitonisa do assucedido

Filed under: Revolução Jasmim — Gilmar Crestani @ 6:57 am
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Mário Vargas Llosa deve ser um bom escritor. Ganhou o Nobel. Eu li apenas Pantaleão e as Visitadoras e Elogio da Madrasta. Nada que me surpreendesse. Borges e Garcia Marques estão anos luz à frente do Pantaleão peruano. Tire o sexo da obra do festejado escritor e talvez não sobre nem mesmo esperma. Mas tem leitores, como os tem Paulo Coelho. Como já teve Coelho Neto e Gustavo Corção… Para tratar de erotismo, nós estamos bem servidos. Temos Hilda Hilst, Dalton Trevisan e até mesmo Bernardo Guimarães.

Mas Llosa é útil. Tem sempre pronto um artigo para fustigar um desafeto ou um elogio fúnebre, escrito post mortem… Ou, numa linguagem de estalagem, chuta cachorro morto. As balas certeiras que faz atingir Mubarak foram desferidas somente após a caída do ditador. Até aí, qualquer franco atirador de botequim acertaria. Mas erra feito ao não apontar os mantenedores do ditador. Primeiro os EUA, que não só financiam a ditadura com dinheiro, mas também fornecendo armamento para ser usado contra o povo. Em segundo, ao afirmar que “dictaduras de decenas de años, corruptas hasta el tuétano, cuyos gobernantes, parientes cercanos y clientelas oligárquicas habían acumulado inmensas fortunas, bien seguras en el extranjero”, faltou completar onde as ditaduras, do Ocidente, Oriente e Oriente Médico depositam tais fortunas. Nem precisava, qualquer sujeito medianamente informado, mesmo não sendo um escritor festejado, sabe onde ficam os paraísos fiscais, ou algumas republiquetas europeias que só existem porque lavam mais branco. Suíça é uma montanha de dinheiro reunido e lá depositado por todos os corruptos de todos os tempos. E o que falar da Ilha de Jersey, Ilhas Cayman ou mesmo Estrasburgo. O famoso sigilo bancário suíço é talvez o maior incentivo à corrupção mundial. É lá que corruptos de todos os naipes, políticos e religiosos. Os buracos do queijo suíço estão cheios de dinheiro do tráfico e da corrupção. A Suíça ainda é hoje, muito provavelmente, em que pese as mudanças recentes na regulação bancária, a maior incubadora de corruptos do mundo.

Fosse séria, e não apenas oportunista a sua preocupação, Llosa deixaria Irã em paz. Se ocuparia mais dos EUA. Afinal, o Irã pode ser corrupto e ter seus problemas políticos e religiosos, mas a ditadura egípcia não pode ser lhe tributada. Se há alguém com culpa no cartório, este seria o Tio Sam. Sobre o qual, Llosa, ruidosamente, silencia.

 

La libertad y los árabes · ELPAÍS.com, por Vargas Llosa

El movimiento popular que ha sacudido a países como Túnez, Egipto, Yemen y cuyas réplicas han llegado hasta Argelia, Marruecos y Jordania es el más rotundo desmentido a quienes, como Thomas Carlyle, creen que "la historia del mundo es la biografía de los grandes hombres". Ningún caudillo, grupo o partido político puede atribuirse ese sísmico levantamiento social que ha decapitado ya la satrapía tunecina de Ben Ali y la egipcia de Hosni Mubarak, tiene al borde del desplome a la yemenita de Ali Abdalá Saleh y provoca escalofríos en los gobiernos de los países donde la onda convulsiva ha llegado más débilmente como en Siria, Jordania, Argelia, Marruecos y Arabia Saudí.

Es obvio que nadie podía prever lo que ha ocurrido en las sociedades autoritarias árabes y que el mundo entero y, en especial, los analistas, la prensa, las cancillerías y think tanks políticos occidentales se han visto tan sorprendidos por la explosión socio-política árabe como lo estuvieron con la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética y sus satélites. No es arbitrario acercar ambos acontecimientos: los dos tienen una trascendencia semejante para las respectivas regiones y lanzan precipitaciones y secuelas políticas para el resto del mundo. ¿Qué mejor prueba que la historia no está escrita y que ella puede tomar de pronto direcciones imprevistas que escapan a todas las teorías que pretenden sujetarla dentro de cauces lógicos?

La libertad y los árabes · ELPAÍS.comDicho esto, no es imposible discernir alguna racionalidad en ese contagioso movimiento de protesta que se inicia, como en una historia fantástica, con la inmolación por el fuego de un pobre y desesperado tunecino de provincia llamado Mohamed Bouazizi y con la rapidez del fuego se extiende por todo el Oriente Próximo. Los países donde ello ha ocurrido padecían dictaduras de decenas de años, corruptas hasta el tuétano, cuyos gobernantes, parientes cercanos y clientelas oligárquicas habían acumulado inmensas fortunas, bien seguras en el extranjero, mientras la pobreza y el desempleo, así como la falta de educación y salud, mantenían a enormes sectores de la población en niveles de mera subsistencia y a veces en la hambruna. La corrupción generalizada y un sistema de favoritismo y privilegio cerraban a la mayoría de la población todos los canales de ascenso económico y social.

Ahora bien, este estado de cosas, que ha sido el de innumerables países a lo largo de la historia, jamás hubiera provocado el alzamiento sin un hecho determinante de los tiempos modernos: la globalización. La revolución de la información ha ido agujereando por doquier los rígidos sistemas de censura que las satrapías árabes habían instalado a fin de tener a los pueblos que explotaban y saqueaban en la ignorancia y el oscurantismo tradicionales. Pero ahora es muy difícil, casi imposible, para un gobierno someter a la sociedad entera a las tinieblas mediáticas a fin de manipularla y engañarla como antaño. La telefonía móvil, el internet, los blogs, el Facebook, el Twitter, las cadenas internacionales de televisión y demás resortes de la tecnología audiovisual han llevado a todos los rincones del mundo la realidad de nuestro tiempo y forzado unas comparaciones que, por supuesto, han mostrado a las masas árabes el anacronismo y barbarie de los regímenes que padecían y la distancia que los separa de los países modernos. Y esos mismos instrumentos de la nueva tecnología han permitido que los manifestantes coordinaran acciones y pudieran introducir cierto orden en lo que en un primer momento pudo parecer una caótica explosión de descontento anárquico. No ha sido así. Uno de los rasgos más sorprendentes de la rebeldía árabe han sido los esfuerzos de los manifestantes por atajar el vandalismo y salir al frente, como en Egipto, de los matones enviados por el régimen a cometer tropelías para desprestigiar el alzamiento e intimidar a la prensa.

La lentitud (para no decir la cobardía) con que los países occidentales -sobre todo los de Europa- han reaccionado, vacilando primero ante lo que ocurría y luego con vacuas declaraciones de buenas intenciones a favor de una solución negociada del conflicto, en vez de apoyar a los rebeldes, tiene que haber causado terrible decepción a los millones de manifestantes que se lanzaron a las calles en los países árabes pidiendo "libertad" y "democracia" y descubrieron que los países libres los miraban con recelo y a veces pánico. Y comprobar, entre otras cosas, que los partidos políticos de Mubarak y Ben Ali ¡eran miembros activos de la Internacional Socialista! Vaya manera de promocionar la social democracia y los derechos humanos en el Oriente Próximo.

La equivocación garrafal de Occidente ha sido ver en el movimiento emancipador de los árabes un caballo de Troya gracias al cual el integrismo islámico podía apoderarse de toda la región y el modelo iraní -una satrapía de fanáticos religiosos- se extendería por todo el Oriente Próximo. La verdad es que el estallido popular no estuvo dirigido por los integristas y que, hasta ahora al menos, éstos no lideran el movimiento emancipador ni pretenden hacerlo. Ellos parecen mucho más conscientes que las cancillerías occidentales de que lo que moviliza a los jóvenes de ambos sexos tunecinos, egipcios, yemenitas y los demás no son la sharia y el deseo de que unos clérigos fanáticos vengan a reemplazar a los dictadorzuelos cleptómanos de los que quieren sacudirse. Habría que ser ciegos o muy prejuiciados para no advertir que el motor secreto de este movimiento es un instinto de libertad y de modernización.

Desde luego que no sabemos aún la deriva que tomará esta rebelión y, por supuesto, no se puede descartar que, en la confusión que todavía prevalece, el integrismo o el Ejército traten de sacar partido. Pero, lo que sí sabemos es que, en su origen y primer desarrollo, este movimiento ha sido civil, no religioso, y claramente inspirado en ideales democráticos de libertad política, libertad de prensa, elecciones libres, lucha contra la corrupción, justicia social, oportunidades para trabajar y mejorar. El Occidente liberal y democrático debería celebrar este hecho como una extraordinaria confirmación de la vigencia universal de los valores que representa la cultura de la libertad y volcar todo su apoyo hacia los pueblos árabes en este momento de su lucha contra los tiranos. No sólo sería un acto de justicia sino también una manera de asegurar la amistad y la colaboración con un futuro Oriente Próximo libre y democrático.

Porque ésta es ahora una posibilidad real. Hasta antes de esta rebelión popular a muchos nos parecía difícil. Lo ocurrido en Irán, y, en cierta forma, en Irak, justificaba cierto pesimismo respecto a la opción democrática en el mundo árabe. Pero lo ocurrido estas últimas semanas debería haber barrido esas reticencias y temores, inspirados en prejuicios culturales y racistas. La libertad no es un valor que sólo los países cultos y evolucionados aprecian en todo lo que significa. Masas desinformadas, discriminadas y explotadas pueden también, por caminos tortuosos a menudo, descubrir que la libertad no es un ente retórico desprovisto de sustancia, sino una llave maestra muy concreta para salir del horror, un instrumento para construir una sociedad donde hombres y mujeres puedan vivir sin miedo, dentro de la legalidad y con oportunidades de progreso. Ha ocurrido en el Asia, en América Latina, en los países que vivieron sometidos a la férula de la Unión Soviética. Y ahora -por fin- está empezando a ocurrir también en los países árabes con una fuerza y heroísmo extraordinarios. Nuestra obligación es mostrarles nuestra solidaridad activa, porque la transformación de Oriente Próximo en una tierra de libertad no sólo beneficiará a millones de árabes sino al mundo entero en general (incluido, por supuesto, Israel, aunque el Gobierno extremista de Netanyahu sea incapaz de entenderlo).

© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2011. © Mario Vargas Llosa, 2011.

La libertad y los árabes · ELPAÍS.com

12/02/2011

Inteligência econômica

Filed under: Revolução Jasmim — Gilmar Crestani @ 12:31 pm
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Egito_LatuffFez e faz sucesso o livro Inteligência Emocional, de Daniel Goleman. Vende mais que pastel em dia de feira. Resumindo, nas palavras do mais conhecido autor, inteligência emocional seria a "…capacidade de identificar os nossos próprios sentimentos e os dos outros, de nos motivarmos e de gerir bem as emoções dentro de nós e nos nossos relacionamentos."

A nova teoria, tão propagada a partir dos anos 90, não mereceu atenção dos 007 dos mais afamados serviços de inteligência, CIA e Mossad. Talvez tenham dado conta da primeira parte, dos próprios sentimentos. Mas o conceito inclui uma venda casada. Falharam, no sentimento dos outros. Preocupados com “fardas, fardões e camisolas de dormir”, esqueceram dos jovens e suas aspirações.

É comum e até natural vermos o mundo exclusivamente a partir dos nossos sentimentos. Mas não é natural nem comum que seja assim para os serviços de inteligência. Aliás, não é mero acaso que a principal informação “vazada” pelo WikiLeaks diz respeito à pouca inteligência dos diplomatas e seus acessórios de espionagem espalhados pelas embaixadas mundo a fora. Invariavelmente veem o mundo a partir dos próprios preconceitos. Nem seria preciso lançar mão do conceito de Goleman. Bastaria o pouco de uso da empatia. Se colocar no lugar do outro, e assim talvez percebesse melhor o que se passa ao redor.

Se falharam inteligência emocional e a simples empatia, não foi menos eficaz o papel da inteligência econômica, aquela que, ao meu sentir, vem ditada exclusivamente pelo interesse econômico. Esta dita atitudes pessoais e políticas. Os serviços de inteligência acima mencionados quando olhavam para o Egito, a menina dos olhos da estratégia EUA & Israel, tinham os olhos embaçados pelos cifrões. Tão obcecados com o Cuba, Venezuela e Irã, o eixo do mal, e não viram o óbvio.

Nem convence esta tentativa esdrúxula de botar a culpa no twitter e no facebook. Pelas próprias informações que nos chegam, dois terços dos jovens com menos de 30 anos não trabalham e têm baixas perspectivas de se encaixarem no mercado de trabalho. Então, como teriam acesso aos equipamentos e serviços de internet? O mesmo se deu na Tunísia. Na Argélia, que talvez seja a próxima a sofrer mudança no rumo político,  não é diferente.

Moral: As velhas e boas meninas dos olhos não podem simplesmente ser substituídas pelos cifrões sem risco para a visão do presente mas, principalmente,e do futuro.

06/02/2011

Cristãos e Muçulmanos Juntos no Egito

Filed under: Cultura — Gilmar Crestani @ 11:06 pm
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crista_mussulman

O outono do patriarca

Filed under: PIG — Gilmar Crestani @ 10:26 pm
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El otoño del patriarca

alt Por Robert Fisk *

Desde El Cairo, para o PAGINA12

El viejo se va. Pero la renuncia de anoche al liderazgo del gobernante Partido Nacional Democrático (PND), que incluyó al hijo de Hosni Mubarak, Gamal, no aplacará a los que quieren la salida del presidente egipcio. Pero obtendrán su sangre. El edificio de poder que representaba en PND ahora es sólo una cáscara, un poster de propaganda sin nada detrás.

La visión del nuevo y delirante primer ministro de Mubarak, Ahmed Shafiq, diciéndoles ayer a los egipcios que las cosas estaban “volviendo a la normalidad” fue suficiente para demostrarles a los manifestantes que el régimen estaba hecho de cartón. Hace doce días que los manifestantes vienen demandando masivamente que se vaya al exilio el hombre que gobernó el país por 30 años. Cuando la cabeza del comando central del ejército se reunió personalmente con las decenas de miles de manifestantes pro democracia para pedirles que se fueran a sus casas, simplemente se le rieron. En su novela El otoño del patriarca, Gabriel García Márquez describe la conducta de un dictador bajo amenaza y su psicología de negación total. En sus días de gloria, el autócrata cree que es un héroe nacional. Frente a la rebelión, culpa a “manos internacionales” y a las “agendas ocultas” por esta inexplicable revuelta en contra de su gobierno benevolente pero absoluto. Esos que fomentan la insurrección son “usados y manipulados” por los poderes extranjeros que odian el país. Entonces –y acá uso un resumen de García Márquez hecho por el gran autor egipcio Alaa Al Aswany– “el dictador trata de probar las capacidades de la maquinaria, haciendo todo menos lo que debería hacer. Se vuelve peligroso. Después de eso, accede a hacer todo lo que quieren que haga. Más tarde, se va”.

Hosni Mubarak parece estar en la cúspide del cuarto escalón, la salida final. Por 30 años fue el “héroe nacional”: participó en la guerra de 1973, fue jefe de la fuerza aérea egipcia, sucesor natural de Gamal Abdel Nassar así como de Anwar Sadat. Después, confrontado con la creciente furia de su propia gente por su poder dictatorial, su policía estatal, sus torturadores y la corrupción de su régimen, culpó a la oscura sombra de los enemigos ficticios de su país (Al Qaida, los Hermanos Musulmanes, Al Jazeera, CNN, los Estados Unidos). Debemos recién haber pasado la fase peligrosa.

La policía de seguridad de Mubarak arrestó el jueves a 22 abogados por asistir a otros abogados de derechos humanos que estaban investigando el arresto y el encarcelamiento de más de 600 manifestantes egipcios. Los salvajes policías antimotín que fueron piadosamente removidos hace nueve días de las calles cairotas y las bandas podridas por las drogas que ellos subvencionan son parte de lo que queda de las armas, heridas y peligrosas, del dictador. Esos matones –que trabajan bajo las órdenes directas del Ministerio del Interior– son los mismos que dispararon el viernes a la mañana en la plaza Tahrir, matando a tres hombres e hiriendo a otros 40. La lamentable entrevista de la semana pasada con Christiane Amanpour, en la que dijo que no quería ser presidente pero que se tomaría otros siete meses para salvar a Egipto del “caos”, fue la primera pista de que estaba por llegar el escalón cuatro.

Al-Aswany se dedicó a “romantizar” la revolución, si eso es lo que es en realidad. Cayó en el hábito de las mañanas literarias antes de unirse a los insurrectos y la semana pasada sugirió que la revolución vuelve al hombre más honorable, así como enamorarse vuelve a cualquier persona más digna. Le dije que un montón de gente enamorada invierte un excesivo tiempo eliminando a sus rivales y que yo no podía pensar en ninguna revolución que haya producido eso. Pero su respuesta, en la que decía que Egipto había sido una sociedad liberal desde los días de Mohamed Ali Pasha y que fue el primer país árabe (en el siglo XIX) que tuvo partidos políticos, aportó convicción.

Si Mubarak se va hoy u otro día de esta semana, los egipcios debatirán por qué les llevó tanto deshacerse de este dictador de pacotilla. El problema es que bajo estas autocracias –la de Nasser, Sadat, Mubarak y la de cualquiera al que Estados Unidos bendiga–, los egipcios se saltaron dos generaciones de madurez. La primera tarea esencial de un dictador es “infantilizar” a su gente, transformarlos en niños de seis años, obedientes a un jefe patriarcal. Les darán periódicos falsos, elecciones falsas, ministros falsos. Si desobedecen, los golpearán en las estaciones de policía o los encarcelarán en el complejo carcelario Tora. Si son persistentemente violentos, los colgarán.

Sólo cuando el poder de la juventud y de la tecnología fuerce a su dócil población a crecer y a organizar su inevitable revolución, se les hará evidente a esta gente infantilizada que el gobierno también estaba conformado por niños, el mayor de ellos de 83 años. Todavía, a través de un cadavérico proceso de ósmosis política, el dictador también tuvo por 30 años infantilizados a sus supuestos aliados maduros de Occidente. Ellos compraron la idea de que Mubarak por sí solo sostenía la pared de hierro que contenía la marea que se filtraba en Egipto y en el mundo árabe. Los Hermanos Musulmanes –con raíces históricas genuinas en Egipto y con derecho a entrar en el Parlamento a través de una elección justa– parecen el cuco que pronuncian los conductores, a pesar de que no tienen ni la más mínima de lo que es o lo que era.

Pero la infantilización fue más lejos. Lord Blair de Isfahan apareció en la CNN la otra noche y se mostró furioso cuando le preguntaron si compararía a Mubarak con Saddam Hussein. Absolutamente no, respondió. Sa-ddam había empobrecido a un país que alguna vez había tenido un estándar de vida más alto que el de la propia Bélgica, mientras que Mubarak había incrementado el Producto Bruto Interno (PBI) en un 50 por ciento en diez años. Lo que Blair debería haber dicho es que Saddam asesinó a decenas de miles de su propia gente mientras que Mubarak ha asesinado/ colgado/ torturado sólo a unos miles. Pero la camisa de Blair está ahora tan ensangrentada casi como la de Saddam. Entonces, ahora los dictadores deben ser juzgados sólo por sus registros económicos.

Obama fue un paso más allá. Anteayer nos dijo que Mubarak era “un hombre orgulloso pero un gran patriota”. Fue extraordinario. Para hacer tal declaración, fue necesario creer que el dictador no conocía la evidencia masiva de la fiereza de la policía de seguridad egipcia durante 30 años ni se enteró de la tortura y la brutal represión a los manifestantes durante los últimos trece días. Mubarak, en su inocencia senil, podría no haberse enterado de la corrupción o de los “excesos” –una palabra que está volviendo a ponerse de moda en El Cairo–, pero no podría estar ajeno a la violación sistemática de los derechos humanos, de la falsedad de cada elección. Este es un viejo cuento ruso. El zar es la gran figura del padre, el líder perfecto y venerado. Es lógico que no se entere de lo que sus subordinados están haciendo. No se da cuenta de lo mal que los siervos son tratados. Si alguno le dijera la verdad, él terminaría con la injusticia. Los sirvientes del zar, por supuesto, son cómplices de esto.

Pero Mubarak no ignoraba la injusticia de su régimen. Sobrevivió a través de la represión, de las amenazas y de las falsas elecciones. Siempre lo hizo. Como Sadat. Como Nasser, que según el testimonio de una de sus víctimas que era amigo mío, les permitía a sus torturadores colgar a los prisioneros sobre piletones de heces hirvientes y remojarlos en ellos. A lo largo de 30 años, los sucesivos embajadores estadounidenses le informaron a Mubarak de los tormentos que fueron perpetrados en su nombre. Ocasionalmente, Mubarak les expresó sorpresa y una vez prometió terminar con las arbitrariedades policiales. Pero eso nunca pasó. El zar aprobaba completamente lo que su policía secreta estaba haciendo.

Los manifestantes en El Cairo, Alejandría, Port Said están entrando por supuesto en un período de gran temor. Su “Día de la Partida” del viernes –predicado bajo la idea de que si realmente creían que Mubarak se iría la semana pasada, él lo haría siguiendo de alguna manera el testamento de la gente– resultó ser el “Día de la Desilusión”.

Ahora están construyendo un comité de economistas, intelectuales y políticos “honestos” que negocien con el vicepresidente Omar Suleimán, sin darse cuenta aparentemente de que Suleimán es el próximo general que será aprobado por los estadounidenses, que Suleimán es un hombre despiadado que no le temblará la mano para usar la misma policía de seguridad de Mubarak, a la que se le confió la eliminación de los enemigos del Estado que estaban en la plaza Tahrir.

A la traición siempre le sigue una revolución exitosa. Y esto podría suceder. El oscuro cinismo del régimen se mantiene. Muchos manifestantes pro democracia se percataron de un fenómeno extraño. En los meses previos al estallido de la protesta del 25 de enero, hubo una serie de ataques a las Iglesias Coptas de todo Egipto. El Papa reclamó la protección de los cristianos egipcios, que son un 10 por ciento de la población. Occidente se horrorizó. Mubarak descargó la culpa en las familiares “manos foráneas”. Pero después del 25 de enero, no se tocó ni un solo pelo de una cabeza copta. ¿Por qué? Porque los responsables tenían otras violentas misiones que cumplir.

Cuando Mubarak se vaya, se revelarán terribles verdades. Como dicen, el mundo espera. Pero nadie espera más atentamente, más valientemente, más temerosamente que las mujeres y los hombres jóvenes que pueblan la plaza Tahrir. Si de verdad están al borde de la victoria, estarán a salvo. Si no lo están, ahí volverán a escucharse los golpes de medianoche en muchas puertas.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

03/02/2011

Na Globo News, um Franco, atirador

Filed under: Cultura — Gilmar Crestani @ 10:56 pm
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Slavoj é um festejado dicionário da nova esquerda. Atira para todos os lados. Ninguém ou quase ninguém presta. A Globo News serviu-se e foi servida pelo Shrek da Tão Tão Distante Eslovênia. Ele fala das Llamas andinas, dos Bisontes que vieram do frio e dos Yaks tibetanos com a mesma naturalidade de quem corta unha do pé com talher de mesa. Mas escreve bem. Por linhas tortas. Se está em tantas universidades, é pop. Não, profundo. Mas era o que tínhamos para o momento.

 

Caos bajo los cielos: qué magnífica situación

SLAVOJ ZIZEK 03/02/2011

En las revueltas de Túnez y Egipto hay algo que no puede por menos de llamarnos poderosamente la atención, y es la patente ausencia del fundamentalismo islámico: siguiendo la más pura tradición democrática laica, la gente se ha limitado a levantarse contra un régimen opresivo y corrupto, y contra su propia pobreza, para exigir libertad y esperanza económica. El cínico postulado liberal de cuño occidental, según el cual en los países árabes las concepciones realmente democráticas únicamente están presentes en las élites más abiertas, mientras que a la gran mayoría de la población solo la puede movilizar el fundamentalismo religioso o el nacionalismo, ha quedado desmentido. Evidentemente, la gran pregunta es: ¿qué ocurrirá el día después? ¿Quién se alzará con el triunfo político?

      En Túnez, cuando se constituyó un nuevo Gobierno provisional, de él quedaron excluidos los islamistas y la izquierda más radical. Los demócratas petulantes reaccionaron diciendo: "bueno, son fundamentalmente lo mismo, dos extremos totalitarios", pero ¿son las cosas tan simples? ¿Acaso a lo largo del tiempo quienes se han venido enfrentando no han sido precisamente los islamistas y la izquierda? Aunque unos y otros estén momentáneamente unidos contra el régimen, cuando se acerquen a la victoria su unidad se resquebrajará y se embarcarán en un combate a muerte, con frecuencia más cruel que el librado contra su enemigo común.

      ¿Acaso no asistimos precisamente a esa pugna después de las últimas elecciones iraníes? Lo que cientos de miles de partidarios de Musavi defendían era el sueño popular que alentó la revolución jomeinista, es decir, libertad y justicia. Aunque ese sueño fuera una utopía, entre los estudiantes y la gente corriente supuso una imponente explosión de creatividad política y social, de experimentos y debates organizativos. Esa auténtica apertura que desató inusitadas fuerzas de transformación social, un momento en el que "todo parecía posible", fue después poco a poco sofocado cuando las fuerzas vivas islamistas se hicieron con el control político.

      Aun ante movimientos abiertamente fundamentalistas, hay que tener cuidado de no perder de vista el componente social. A los talibanes se los suele presentar como un grupo fundamentalista islámico que se impone mediante el terror; sin embargo, cuando en la primavera de 2009 ocuparon el valle paquistaní del Swat, The New York Times informó de que habían fraguado "una revolución de clase que explota las profundas fisuras existentes entre un pequeño grupo de terratenientes acaudalados y sus desposeídos arrendatarios". Si al "aprovecharse" de los sufrimientos de los campesinos lostalibanes estaban "dando la voz de alarma sobre los riesgos que pesan sobre Pakistán, que sigue siendo mayormente feudal", ¿qué es lo que impedía a los demócratas partidarios de ese país, así como de EE UU, "aprovecharse" igualmente de esos sufrimientos, tratando de ayudar a los campesinos sin tierra? ¿Acaso las fuerzas feudales paquistaníes son el "aliado natural" de la democracia liberal?

      Es inevitable llegar a la conclusión de que el auge del radicalismo islámico fue siempre el reverso de la desaparición de la izquierda laica en los países musulmanes. Cuando Afganistán aparece retratado como el ejemplo más extremo de país fundamentalista musulmán, hay que preguntarse si todavía alguien se acuerda de que hace 40 años era un país con una sólida tradición laica en el que un poderoso partido comunista se hizo con el poder sin contar con la Unión Soviética. ¿Adónde fue a parar esa tradición laica?

      Resulta esencial situar en ese contexto los acontecimientos que están teniendo lugar en Túnez y Egipto (y en Yemen y… ojalá hasta en Arabia Saudí). Si la situación se "estabiliza", de manera que los antiguos regímenes sobrevivan con ciertas operaciones cosméticas de carácter democrático, se generará una insuperable oleada fundamentalista. Para que sobrevivan los elementos clave del legado democrático, sus partidarios precisan de la ayuda fraterna de la izquierda radical.

      Si nos ubicamos de nuevo en Egipto, veremos que la reacción más vergonzosa y peligrosamente oportunista fue la de Tony Blair, tal como la recogió la CNN: el cambio es necesario, pero debería ser un cambio estable. Hoy en día, un "cambio estable" en Egipto solo puede significar un compromiso con las fuerzas de Mubarak por medio de una ligera ampliación del círculo de poder. Por eso hablar ahora de transición pacífica es una obscenidad: al aplastar a la oposición, el propio Mubarak la hizo imposible. Una vez que lanzó al Ejército contra los manifestantes, la opción estuvo clara: o bien una transformación cosmética en la que algo cambie para que todo siga igual o bien una auténtica ruptura.

      Aquí está por tanto el quid de la cuestión: no se puede decir, como en el caso de Argelia hace una década, que permitir unas elecciones auténticamente libres equivalga a entregar el poder a los fundamentalistas islámicos. Israel se quitó la máscara de la hipocresía democrática y apoyó abiertamente a Mubarak, y, al apoyar al tirano objeto de la revuelta, ¡dio nuevas alas al antisemitismo popular!

      Otra de las preocupaciones de los demócratas es que no haya un poder político organizado que llene el vacío cuando Mubarak se vaya: por supuesto que no lo hay; ya se ocupó él de que así fuera, reduciendo cualquier posible oposición a la condición de ornamento marginal. De manera que el resultado será como el del título de la famosa novela de Agatha Christie, Y entonces no quedó ninguno. Según el razonamiento de Mubarak, o él o el caos; pero es un razonamiento que va en su contra.

      La hipocresía de los demócratas occidentales es asombrosa: antes apoyaban públicamente la democracia, pero ahora, cuando el pueblo se alza contra los tiranos para defender, no la religión, sino una libertad y una justicia laicas, se muestran "profundamente preocupados"… ¿Por qué esa preocupación? ¿Por qué no alegrarse de que la libertad tenga una oportunidad? Hoy día, el lema de Mao Zedong resulta más pertinente que nunca: "bajo los cielos hay caos: qué magnífica situación".

      Entonces, ¿adónde debería ir Mubarak? La respuesta a esta pregunta también está clara: a La Haya. Si hay alguien que merece sentarse allí, es él.

      Slavoj Zizek es filósofo esloveno. Traducción de Jesús Cuéllar Menezo.

      30/01/2011

      Egito: Falta apoio de países a movimento, diz especialista – Terra – Mundo

      Filed under: PIG — Gilmar Crestani @ 10:06 am
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      Sábado, 29 de janeiro de 2011, 10h15

      Egito: Falta apoio de países a movimento, diz especialista

      Reuters

      Homens colocam fogo em uma barricada durante protestos no Cairo, onde a polícia e os manifestantes se enfrentaram nas ruas

      Homens colocam fogo em uma barricada durante protestos no Cairo, onde a polícia e os manifestantes se enfrentaram nas ruas

      Dayanne Sousa

      A explosão no Egito de uma verdadeira batalha nas ruas entre manifestantes e a polícia tem potencial para se transformar numa próxima grande revolução histórica, avalia o professor Reginaldo Nasser, especialista em relações internacionais no Oriente Médio pela Pontifícia Universidade Católica de São Paulo (PUC). Para ele, falta apoio internacional para que seja derrubado de uma vez o governo ditatorial de Muhammad Hosni Said Mubarak, há 30 anos no poder.

      "Os Estados Unidos têm papel dúbio, para não dizer hipócrita", critica. "O Brasil está igual aos Estados Unidos… Diz que torce para as coisas saírem bem e pronto".

      Nesta sexta-feira (28), o Egito viveu o dia mais tenso desde o início dos protestos contra o presidente Mubarak, somando ao menos 5 mortes, 800 feridos e ataques à sede do partido governista. Inspirados pela onda de protestos na Tunísia, os egípcios foram às ruas. Já nas primeiras horas do dia, o governo suspendeu a internet, com o objetivo de prejudicar os manifestantes. Até agora, a rede vinha sendo a principal forma de mobilização.

      O professor Nasser avalia que há ainda receios no cenário internacional, uma vez que o Egito é um importante aliado dos Estados Unidos no Oriente Médio. "Os Estados Unidos, ao mesmo tempo em que são duros nas críticas com o Irã, são condescendentes com as violações de direitos no Egito, e o Egito sempre foi muito pior do que o Irã".

      O especialista destaca ainda o papel da internet e, principalmente, a cara nova dos manifestantes. É a primeira vez, diz, que os protestos não têm "as vestes do islamismo". "Está aparecendo um outro ator da história, que não está vinculado a partido, a grupos religiosos", pondera.

      Leia a entrevista.

      Terra Magazine – Podemos considerar uma revolução histórica?
      Reginaldo Nasser – Pelo que está se configurando, sim. A gente ainda não tem a dimensão do apoio. No caso da Independência da Argélia e da Revolução do Irã, foi um país inteiro mobilizado. Pelo que a gente tem visto até o momento no Egito, por enquanto são apenas as grandes cidades como Cairo e Suez. Mas pode vir a ganhar uma proporção de uma revolução tal como foi no Irã. E esse é o medo de Estados Unidos e Israel. Se os militares aderirem, o governo não se sustenta, não tem como. Os militares são bem vistos, diferentemente dos policiais.

      Existe algo que justificaria o estopim no momento atual?
      No curso da história é assim. O que eu acho um diferencial é que no mundo árabe, sempre que aparecia oposição, era sobre as vestes do islamismo. No caso do Egito, o grande opositor do regime era a irmandade muçulmana e que desta vez está participando apenas nos últimos dias. Está aparecendo um outro ator da história, que não está vinculado a partido, a grupos religiosos… São jovens. Acabou vindo à tona num país em que a ditadura existe há muito tempo.

      A internet foi essencial para a construção desse movimento, não?
      Sem dúvida. Nos eventos no Irã, na fraude eleitoral que houve, já apareciam como um fator importante o celular e a internet. Num regime como esse, a única forma de comunicação é essa. Não há imprensa livre. Se já é importante em regimes democráticos, tanto mais em regimes ditatoriais. Foi bloqueado o Facebook e o Twitter, mas mesmo assim foram para a rua.

      A secretária de Estado dos EUA, Hillary Clinton, chamou o Egito de "parceiro", embora tenha defendido a democracia e condenado a violência da polícia. Como fica o cenário internacional?
      Como sempre, nestes aspectos, os Estados Unidos têm um papel dúbio, para não dizer hipócrita. Em termos de política externa, o Egito é a grande peça do tabuleiro de xadrez do Oriente Médio. O Egito é o maior país do mundo árabe em termos econômicos, militares e populacionais. O Egito é que foi à frente nas guerras com Israel em 1957, 67 e 73 – as guerras mais importantes. Justamente após a guerra de 73, o Egito mudou de lado. Essa foi a grande virada. Até então era aliado da União Soviética, passou a ser aliado dos estados Unidos e ao mesmo tempo fez as pazes com Israel. Desde então, o Egito é um país muito próximo dos Estados Unidos e de Israel. É a garantia contra os movimentos chamados radicais. Uma mudança de regime, mesmo que não seja por um viés ideológico, gera apreensão. Os Estados Unidos, ao mesmo tempo em que são duros nas críticas com o Irã, são condescendentes com as violações de direitos no Egito. O Egito sempre foi muito pior que o Irã.

      Pior do que o Irã?
      Sem dúvida! O Irã tem eleição! Essa última eleição do Irã foi uma das únicas em que houve fraude. Tem partidos políticos, tem parlamento. Comparando, o Irã, antes desse endurecimento do (presidente Mahmoud) Ahmadinejad, é um dos mais democráticos!

      E o Brasil – que até tentou diálogo com o Irã – como deve se posicionar?
      Saiu uma nota diplomática no tom daquelas que o Itamaraty sempre dá. Diz que torce para as coisas saírem bem e pronto. Não precisaria romper relações com o país, mas acho que poderia ter uma nota mais contundente. As imagens estão mostrando a violência do que está acontecendo lá. Não dá para ficar numa posição formal e diplomática de simplesmente torcer para que fique tudo bem. O Brasil está igual aos Estados Unidos.

      O senhor acha que essa seria uma posição para evitar se comprometer?
      Sim. E nesse momento seria muito mais importante para o movimento do Egito ter apoio internacional.

      Egito: Falta apoio de países a movimento, diz especialista – Terra – Mundo

      Euforia, baño de sangre y caos

      Filed under: PIG — Gilmar Crestani @ 7:58 am
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      Robert Fisk é, com certeza, o principal correspondente ocidental no Oriente Médio. Conhece a fundo os problemas daquela região. Também sabe perfeitamente quem são os responsáveis por eles, e como fazer para amenizar. Um jornalista como não temos por aqui.

      Por Robert Fisk *

      Desde El Cairo

      Los tanques egipcios, los manifestantes sentados sobre ellos, las banderas, las 40 mil personas que lloraban y alentaban a los soldados en la Plaza de la Libertad, mientras rezaban alrededor de ellos, los Hermanos Musulmanes sentados entre los pasajeros de los tanques. ¿Se debería comparar esto con la liberación de Bucarest? Sentado sobre uno de los tanques fabricados en Estados Unidos, sólo podía recordar esas maravillosas películas sobre la liberación de París. Un par de metros más allá, la policía de seguridad de Hosni Mubarak, con sus uniformes negros, todavía les disparaba a los manifestantes que estaban cerca del Ministerio del Interior. Era una celebración de una victoria salvaje e histórica: los mismos tanques de Mubarak estaban liberando la capital de su propia dictadura.

      En la pantomima del mundo de Mubarak –y de Barack Obama y de Hillary Clinton en Washington–, el hombre que aún se autoproclama presidente de Egipto realizó la más absurda elección de un vicepresidente para calmar la furia de los manifestantes. El elegido fue Omar Suleiman, el jefe de los negociadores egipcios con Israel y un antiguo agente de Inteligencia, un hombre de 75 años y con varios años de visitas a Tel Aviv y a Jerusalén así como con varios infartos que los prueban. Cómo este funcionario va a ingeniárselas para hacer frente a la rabia y el deseo de liberación de 80 millones de egipcios queda librado a la imaginación. Cuando les conté, a quienes estaban alrededor de mí en el tanque, sobre la designación de Suleiman comenzaron a reírse.

      Las tropas, en ropa de fajina, riéndose y hasta aplaudiendo, no hicieron ningún intento de borrar el graffiti que la multitud había pintado sobre los tanques. “Fuera, Mubarak” y “Tu régimen está acabado, Mubarak”, aparecía en cada una de las tanquetas que recorrían las calles de El Cairo. En uno de los tanques que daban vuelta alrededor de la Plaza de la Libertad estaba uno de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Beltagi. Más temprano, había pasado cerca de un convoy de vehículos blindados que estaban apostados cerca del suburbio de Garden City mientras la gente se abría paso entre las máquinas y les llevaban naranjas a los soldados, aplaudiéndolos como patriotas egipcios. Más allá de la alocada elección del vicepresidente de Mubarak y la designación de amigotes en un gobierno sin poder, las calles de El Cairo demostraron que los líderes de los Estados Unidos y de la Unión Europea (UE) no entendieron nada. Se acabó.

      Los débiles intentos de Mubarak al declarar que se debe terminar con la violencia, cuando su propia policía de seguridad fue responsable en los últimos cinco días de los actos más crueles, encendió más la furia de aquellos que pasaron 30 años bajo su sanguinaria dictadura. Prueba de ello son las sospechas de que muchos de los saqueos están siendo llevados a cabo por policías de civil, así como el asesinato de 11 hombres en un área rural hace 24 horas para destruir la integridad de los manifestantes que están tratando de sacar a Mubarak del poder. La destrucción de un importante número de centros de comunicaciones por parte de hombres con los rostros tapados, que deben haber sido coordinados de alguna forma, también levantó el alerta y surgió la idea de que los responsables serían los agentes de civil que habían golpeado a los manifestantes. Pero las quemas de comisarías en El Cairo, Alejandría y Suez así como en otras ciudades no fueron obra de los policías de civil. A última hora del viernes, multitudes de hombres jóvenes atizaron el fuego a lo largo de la autopista de Alejandría.

      Infinitamente más terrible fue el vandalismo en el Museo Nacional de Egipto. Después de que la policía abandonara el lugar, los saqueadores traspasaron la puerta del edifico pintado de rojo y destruyeron estatuas faraónicas de cuatro mil años de antigüedad, momias egipcias e impresionantes botes de madera que fueron originariamente tallados para acompañar a los reyes en sus tumbas. De nuevo, debe decirse que circularon rumores de que la policía había causado estos actos vandálicos antes de haber abandonado el museo el viernes por la noche. Todo parece recordar lo del museo de Bagdad en 2003. El saqueo no fue tan grave como el de Irak pero el desastre arqueológico es peor.

      Los manifestantes se reunieron anoche, en círculo, para rezar en la Plaza de la Libertad. Y también hubo promesas de venganza. Un equipo de la cadena televisiva Al Jazeera encontró un depósito de 23 cadáveres en Alejandría, aparentemente asesinados por la policía. Muchos tenían sus caras horrorosamente mutiladas. Otros once muertos fueron descubiertos en un depósito en El Cairo. Los familias, que se congregaron alrededor de sus restos ensangrentados, prometían represalias contra los policías.

      El Cairo ahora cambia de la dicha a la más sombría cólera en cuestión de minutos. Ayer por la mañana, crucé el puente del río Nilo para ver las ruinas del cuartel del partido de Mubarak. Enfrente, seguía en pie un poster que promocionaba las bondades del oficialista Partido Nacional Demócrata (PND), las promesas que Mubarak no pudo cumplir en treinta años. “Todo lo que queremos es la salida de Mubarak, nuevas elecciones y nuestra libertad y honor”, me confió un psiquiatra de 30 años.

      La denuncia de Mubarak de que estas manifestaciones eran parte de un “plan siniestro” está en el centro de su pedido de reconocimiento internacional. De hecho, la respuesta de Obama fue una copia exacta de todas las mentiras que Mubarak ha estado usando durante tres décadas para defender su régimen. El problema es el habitual: las líneas del poder y de la moralidad no llegan a unirse cuando los presidentes estadounidenses tienen que tratar con Medio Oriente. El liderazgo moral de los Estados Unidos desaparece cuando tienen que confrontarse los mundos árabe e israelí. Y el ejército egipcio es parte de esta ecuación. Recibe 1300 millones de dólares de ayuda estadounidense. El comandante de esa arma y un amigo personal de Mubarak, el general Mohamed Tantawi, estaba en Washington mientras la policía trataba de aplastar a los manifestantes. El final puede ser claro. La tragedia aún no terminó.

      * De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

      Página/12 :: El mundo :: Euforia, baño de sangre y caos

      La batalla de Egipto continúa · ELPAÍS.com

      Filed under: PIG — Gilmar Crestani @ 7:46 am
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      Assim como há os colonistas que pregam a entrega de Cesare Battisti ao cafetão Berlusconi, há também os que defendem (como fez Voltaire Schilling, os Mubarak. Não seria de estranhar que os mesmos que atacam o governo para entregar o terrorista Battisti venham a público para defender o asilo ao ditador egípcio. São os mesmos que não se manifestaram quando o Brasil deu asilo ao ditador paraguaio, Alfredo Stroessner. Na RBS volta e meia aparece um Lasier Martins, um Percival Puggina para defender Augusto Pinochet. E ninguém por lá se espanta com a índole democrática de ambos. Não é estranho?!

      O escritor egípcio, Alaa Al Aswany, pensa diferente, como se pode ler a seguir:

      Qué admirables me parecen los jóvenes manifestantes ante los que hablé el otro día, esos egipcios unidos contra las injusticias y que comparten una ira que nadie va a poder dominar. El martes fue para mí un día inolvidable. Me uní a los manifestantes en El Cairo, junto con los cientos de miles de personas que, en todo Egipto, salieron a la calle para exigir libertades y enfrentarse a la terrible violencia policial. El régimen posee un aparato de seguridad con 1.500.000 de soldados e invierte millones en entrenarlos para una tarea: reprimir al pueblo egipcio.

          Me encontré en medio de miles de jóvenes que solo tenían en común su valor increíble y su determinación de hacer una cosa: cambiar el régimen. Unos jóvenes que son, en su mayoría, estudiantes universitarios sin ninguna esperanza sobre su futuro. Que no encuentran trabajo y, por tanto, no pueden casarse. Y que actúan movidos por una ira indomable y un profundo sentido de las injusticias existentes.

          Siempre admiraré a estos revolucionarios. Todo lo que dicen demuestra una aguda conciencia política y un deseo de libertad que desafía a la muerte. Me pidieron que pronunciara unas palabras. Aunque he hablado cientos de veces en público, en esta ocasión era diferente: me encontraba ante 30.000 manifestantes que no estaban de humor para oír hablar de concesiones y que no dejaban de interrumpir con gritos de "¡Abajo Hosni Mubarak!" y "El pueblo dice: ¡Fuera el régimen!".

          Dije que estaba orgulloso de lo que habían conseguido, que habían logrado poner fin al periodo de represión, y añadí que, aunque nos golpearan o nos detuvieran, habíamos demostrado ya que no teníamos miedo y que éramos más fuertes que ellos. El Gobierno egipcio tiene a su disposición los instrumentos represivos más temibles del mundo, pero nosotros tenemos algo más fuerte: nuestro valor y nuestra fe en la libertad. La muchedumbre respondió con un grito unánime: "¡Acabaremos lo que hemos empezado!". Yo estaba en compañía de un amigo, un periodista español que pasó muchos años en Europa del Este y vivió allí los movimientos de liberación. Dijo: "Mi experiencia es que, cuando sale tanta gente a la calle, y con tanto empeño, el cambio de régimen es solo cuestión de tiempo".

          ¿Por qué se han rebelado los egipcios? La respuesta está en la naturaleza del régimen. Un régimen tiránico puede privar al pueblo de libertad pero, a cambio, le ofrece una vida fácil. Un régimen democrático puede no ser capaz de acabar con la pobreza, pero la gente tiene libertad y dignidad. El régimen egipcio ha quitado a sus ciudadanos todo, incluidas la libertad y la dignidad, y no ha cubierto sus necesidades diarias. Los cientos de miles de manifestantes de El Cairo no son más que una representación de los millones de egipcios que han vivido con sus derechos suprimidos.

          Si bien en Egipto ya había llamamientos públicos pidiendo reformas mucho antes de los disturbios de Túnez, es evidente que los acontecimientos en dicho país sirvieron de inspiración. La gente empezó a ver con claridad que el aparato de seguridad no podía proteger a un dictador eternamente. Y teníamos más motivos que nuestros homólogos tunecinos para protestar, puesto que en Egipto hay más gente que vive en la pobreza y estamos sujetos a un gobernante que lleva más tiempo sujetando las riendas del poder. En un momento dado, el miedo empujó a Ben Ali a huir de Túnez. Es posible que nosotros obtengamos un éxito similar; algunos manifestantes de El Cairo copiaron el lema en francés que se había oído en Túnez, "Dégage, Mubarak". Por otra parte, las revueltas han llegado ya a otros Estados árabes como Yemen. Las autoridades están descubriendo que sus tácticas no pueden detener las protestas. Las manifestaciones se han organizado a través de Facebook, que ha demostrado ser una fuente de información fiable e independiente; cuando el Estado intentó bloquearla, la gente fue más astuta y los blogueros explicaron las formas de saltarse los controles. Y la violencia de los servicios de seguridad es un peligro para las dos partes: en Suez, la gente se alzó contra la policía por haber disparado a los manifestantes. La historia enseña que llega un instante en el que los agentes de a pie se niegan a obedecer las órdenes de matar a sus conciudadanos.

          Cada vez son más los ciudadanos que desafían a las fuerzas del orden. Un joven manifestante me contó que, cuando corría para huir de la policía el martes, entró en un edificio y llamó a un piso cualquiera. Eran las cuatro de la mañana. Le abrió la puerta un hombre de 60 años, con el miedo visible en el rostro. El manifestante pidió al hombre que le escondiera de la policía. El hombre le pidió que le enseñara su documento de identidad y le invitó a entrar, e incluso despertó a una de sus tres hijas para que le preparase algo de comer. Se sentaron a comer y beber té y acabaron charlando como viejos amigos. Por la mañana, cuando se había alejado el peligro de que detuvieran al joven manifestante, el hombre le acompañó a la calle, le buscó un taxi y le ofreció un poco de dinero. El joven se negó y le dio las gracias. Mientras se daban un abrazo, el hombre le dijo: "Soy yo quien debería darte a ti las gracias por defendernos a mí, a mis hijas y a todos los egipcios".

          Así comenzó la primavera egipcia. Mañana veremos una auténtica batalla.

          Alaa Al Aswany es escritor egipcio, autor de El edificio Yacobian. © 2011 Alaa Al Aswany. Traducción de Mª Luisa Rguez. Tapia.

          La batalla de Egipto continúa · ELPAÍS.com

          29/01/2011

          BBC Brasil – Blog do Editor – A temida voz dos árabes

          Filed under: PIG — Gilmar Crestani @ 11:17 pm
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          Rogério Simões | 2011-01-28, 13:31

          egitoblog.jpgOs ventos revolucionários da Tunísia chegaram ao Egito. Depois da derrubada do regime do tunisiano Zine Al-Abidine Ben Al, que desfrutou de poder quase absoluto por 23 anos, a fúria das chamadas "ruas árabes" se dirige agora contra o líder egípcio. No controle da terra dos faraós há 29 anos, Hosni Mubarak é o alvo da revolta e desejo de mudança da população local. As cenas de caos em vários pontos do país, especialmente no Cairo, sugerem uma nação transformada. De forma espontânea, sem necessariamente ligação com grupo político algum, cidadãos das mais diferentes tendências e ideologias tomaram as ruas para dizer "basta" a um regime autoritário. Mas, ao contrário dos protestos que derrubaram o comunismo na Europa na virada da década de 80 para a de 90, no exterior os movimentos populares árabes geram tanto otimismo quanto preocupação.

          O regime de Mubarak é um dos principais aliados dos Estados Unidos no mundo árabe. Recebe de Washington quase US$ 2 bilhões anuais em ajuda econômica e militar, ficando atrás apenas de Israel. Nos últimos anos os Estados Unidos vêm dizendo que essa ajuda precisa ser acompanhada de abertura política e econômica, mas Mubarak nunca sinalizou intenção de mudar as regras do jogo. Pelo contrário: aos 82 anos, o líder egípcio vinha indicando sua intenção de passar o poder para seu filho, Gamal, repetindo o ritual dinástico de nações como Síria ou Jordânia.

          Os Estados Unidos nunca condenaram abertamente o modelo político do Egito nem os planos de Mubarak para o país, e o presidente Barack Obama tem sido cauteloso ao defender o direito da população de se manifestar. Obama e seus antecessores nunca esqueceram as circunstâncias em que Mubarak chegou ao poder, em 1981. Ele ocupava a vice-Presidência quando o presidente, Anwar Sadat, que dois anos antes havia assinado o histórico e polêmico acordo de paz com Israel, foi assassinado. Fundamentalistas usaram granadas e metralhadoras contra o presidente e convidados durante uma parada militar. Outras 11 pessoas morreram, e o próprio Mubarak foi ferido. Já na Presidência, Mubarak enfrentou um ressurgimento das ações de fundamentalistas, especialmente nos anos 90, quando um grande atentado em Luxor deixou mais de 50 turistas estrangeiros mortos. A resposta de Mubarak foi um regime cada vez mais fechado, sem direito a dissidências ou manifestações, comandado por truculentas forças de segurança sobre as quais sempre houve a suspeita do uso sistemático da tortura.

          A receita sempre foi tolerada por Washington, que teme as consequências para a região da derrubada de regimes autoritários, mas aliados ao Ocidente. Exemplos passados aumentam tal preocupação. Em 1991, as eleições na Argélia foram vencidas no primeiro turno pelo partido islamista, a Frente Islâmica de Salvação, o que levou as autoridades a cancelar a segunda votação. O Exército assumiu o poder, o que levou a uma guerra civil marcada por massacres de civis e um saldo de 200 mil mortos. As eleições palestinas de 2006 resultaram na vitória do Hamas e a consequente divisão política da Palestina, com a Faixa de Gaza nas mãos do grupo religioso e a Cisjordânia sob controle da Autoridade Nacional Palestina. No próprio Iraque, onde uma tentativa de democracia foi imposta militarmente pelos Estados Unidos, a situação interna segue muito mais instável e violenta do que nos tempos de Saddam Hussein.

          Com os recentes aumentos de preços dos alimentos, que impôs dificuldades extras a populações já sofrendo com a estagnação econômica, tornou-se ainda mais difícil para regimes autoritários árabes controlarem seus cidadãos. Depois de Tunísia e Egito, protestos foram registrados também no Iêmen. Somada a décadas de frustração e repressão, uma realidade de desemprego e inflação solapa as estruturas do tradicional modelo político local. Estados Unidos, Israel e líderes de outras autocracias locais acompanham os acontecimentos no Cairo com apreensão. Mas sabem que barrar os ventos de mudança é missão quase impossível, e a única opção parece ser ajustar a direção para a qual eles sopram. Isso se não estivermos diante de um verdadeiro furacão.

          BBC Brasil – Blog do Editor – A temida voz dos árabes

          Zero Hora não publicaria este texto!

          Filed under: PIG — Gilmar Crestani @ 9:36 pm
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          A Voltaire Schilling, in memoriam!

           

          MubarataPor que os Estados Unidos temem democracia no mundo árabe

          por Luiz Carlos Azenha

          Vamos começar deixando de lado a ideia de que o que se passa no mundo árabe é uma revolução do twitter, do facebook, da Al Jazeera ou das mídias sociais.

          O Vinicius Torres Freire acertou, na Folha. “De acordo com esses correspondentes, não seria possível haver Revolução Francesa, Russa, maio de 1968, Diretas-Já ou as revoluções que derrubaram as ditaduras comunistas, dado que na maioria dessas revoluções não havia nem telefones”, escreveu ele.

          Voltarei ao tema.

          Vinicius acerta de novo, mais adiante, quando toca no ponto central: os milhões de jovens desempregados e sem perspectivas de vida que vivem no mundo árabe.

          Não tenho muita experiência de reportagens na região, a não ser por algumas semanas trabalhando no Iraque, na Jordânia e no Marrocos.

          Em todos esses lugares testemunhei a frustração dos jovens árabes (na periferia de Casablanca, no Marrocos, fui a uma favela cercada de altos muros brancos, onde a pobreza era devastadora mesmo pelos padrões africanos).

          Nunca me esqueço do desabafo de um jovem palestino, morador de Amã, na Jordânia, sobre o drama pessoal que enfrentava: a falta de condições  para pagar o dote, casar e conseguir morar com a esposa em endereço próprio.

          São esses dramas pessoais, multiplicados por milhões, que movem hoje o que se costuma chamar de “rua árabe”. Dramas que se desenrolam diante de governos autoritários, corruptos e completamente desligados da realidade das ruas.

          Aí, sim, é preciso notar o impacto das tecnologias da informação, mas muito mais da telefonia celular e da TV via satélite do que propriamente das mídias sociais, muito embora as lanhouses fervilhem em quase todas as grandes cidades do mundo árabe.

          Depois de um rápido processo de urbanização, a frustração dos jovens árabes agora se dá num cenário em que eles são expostos diariamente aos objetos de consumo e ao padrão de vida que “recebem” via satélite, especialmente nos intervalos das transmissões de futebol europeu (no norte da África há mais torcedores do Manchester United do que no Reino Unido, por exemplo).

          Washington sustenta o governo egípcio à base de cerca de 5 bilhões de dólares anuais.

          É muito pouco provável que o governo Obama vá além de declarações vazias a respeito do governo ditatorial de Hosni Mubarak, ou de “platitudes” em defesa da liberdade de expressão da população.

          A reticência dos Estados Unidos — e de todos os governos ocidentais — em relação ao Egito tem relação com o fato de que qualquer democratização para valer dos países árabes aumentará o poder dos partidos islâmicos (a Irmandade Islâmica, por exemplo, no Egito).

          Foi prometendo combater a corrupção e promovendo serviços sociais que o Hamas  e o Hizbollah ganharam legitimidade respectivamente em Gaza e no Líbano.

          Notem, nas próximas horas, como os governos ocidentais vão enfatizar a necessidade de “preservar a estabilidade” e a “segurança” dos governos árabes que estão na defensiva.

          Democracia nos países árabes resultaria em governos menos submissos aos Estados Unidos, mais “antenados” com as ruas e, portanto, muito mais agressivos em defesa dos direitos e dos interesses dos palestinos — para não falar em defesa de seus próprios interesses.

          Será muito curioso observar, nos próximos dias, a dança hipócrita dos que defendem apaixonadamente a democracia no Irã mas se esquecem de fazer o mesmo quando se trata do Egito. Inclusive no Brasil.

          PS do Viomundo: Vamos ver se o governo Obama deixa de fornecer gás lacrimogêneo e outros equipamentos de “segurança” ao governo Mubarak, por exemplo.

          Por que os Estados Unidos temem democracia no mundo árabe | Viomundo – O que você não vê na mídia

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