Ficha Corrida

24/09/2014

Pedofilia

Filed under: Pedofilia,Religião,Vaticano — Gilmar Crestani @ 9:22 am
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Bergoglio está cada dia melhor. Neste caso, fez o que todo ser humano de bom senso deveria fazer. A Polônia, infelizmente, foi dizimada pelos alemães na Segunda Guerra. O que sobrou, como diria minha avó, não dá sabão. Depois deste pedófilo, o Vaticano poderia desvelar os segredos de Karol Vojtyla, o papa da CIA. Muita sujeira feita em parceria com a Ronald Reagan e Lech Walesa merecem vir a tona…

Taí uma notícia que a Vogue não vai gostar…

Vaticano anuncia prisão de ex-arcebispo por pedofilia

qua, 24/09/2014 – 08:42

Jornal GGN – O Vaticano, pela primeira vez, anuncia a prisão de acusado de pedofilia. O anúncio foi feito nesta terça-feira e o acusado é o ex-arcebispo Jozef Wesolowoski. A acusação é que, quando servia como embaixador papal na República Dominicana, teria pago para fazer sexo com crianças.

No comunicado feito, o Vaticano diz que o polonês foi deposto por um tribunal em junho e está em prisão domiciliar à espera de um julgamento criminal. O ex-arcebispo, de 66 anos, é a mais importante figura da Igreja a ser preso desde que Paolo Gabriele, o mordomo papal, foi condenado em 2012 por roubo e vazamento de documentos privados do papa emérito Bento XVI.

Wesolowaski, no entanto, não está detido na prisão do Vaticano, um conjunto de quartos anexos ao tribunal local, mas sim em prisão domiciliar em um apartamento, por motivos médicos.

Ele retornou ao Vaticano ano passado, ainda como diplomata em Santo Domingo. Foi dispensado de suas funções após a imprensa dominicana divulgar casos de pedofilia. Wesolowski vivia livremente em Roma, até que as vítimas de abuso pediram por sua prisão, com medo que fugisse.

O ex-arcebispo pode ser condenado a até 12 anos de prisão no primeiro julgamento a ser realizado dentro da Cidade do Vaticano, por abuso sexual. Ele também está sendo investigado na República Dominicana pelas acusações de pagamento a meninos para realizar atos sexuais.

Segundo o Vaticano, a prisão refletiu os desejos do Papa Francisco “que um caso grave e delicado como tal deve ser tratado sem demora, com justiça e o rigor necessários”. O Papa prometeu tolerância zero contra clérigos católicos que abusam sexualmente de crianças, tratando tais crimes como “horríveis” e os comparou a “uma missa satânica”. Francisco disse, em julho, às vítimas, que a Igreja “deve chorar e fazer reparação” pelos crimes.

Com informações do jornal O Globo.

Vaticano anuncia prisão de ex-arcebispo por pedofilia | GGN

25/04/2013

Avós da Praça São Pedro

Filed under: Argentina,Ditadura,Papa Francisco,Roubo de bebês,Vaticano,Vatileaks — Gilmar Crestani @ 8:33 am
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La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, quedó satisfecha con su encuentro con el Papa.

SUBNOTAS

EL PAIS › LAS ABUELAS DE PLAZA DE MAYO FUERON RECIBIDAS POR EL PAPA Y LE PIDIERON QUE LAS AYUDARA A CONSEGUIR INFORMACION

“Queremos acciones para encontrar a los nietos”

“Cuenten conmigo”, le dijo Francisco a Estela de Carlotto cuando le entregó una carta en la que le pedía colaboración y la apertura de archivos. Está en duda la visita del Papa en diciembre.

Por Elena Llorente

Desde Ciudad del Vaticano

Estela de Carlotto, la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, tiene la esperanza de que lo que ayer le dijo el papa Francisco, al concluir la audiencia pública de los miércoles en la Plaza de San Pedro, abrirá un nuevo camino en la búsqueda de los 400 nietos aún desaparecidos. Carlotto, la abuela Buscarita Roa, que ya encontró a su nieta, y Juan Cabandié, nieto recuperado y legislador porteño, le entregaron una carta al Papa en la que le pedían su ayuda y que se abran los archivos vaticanos y de la Iglesia argentina que puedan proporcionar información sobre los niños desaparecidos.

Aunque el diálogo de ayer fue breve, las Abuelas quedaron satisfechas porque Francisco, contó Carlotto, les dijo “cuenten conmigo” cuando le pidieron ayuda. “Fue un encuentro muy agradable, muy lindo. El Papa quiso vernos. No es que dijo ‘no, por ahora no’ –contó Carlotto a Página/12– . Ha tenido gestos importantes, como esa carta que le mandó a Hebe de Bonafini (la presidenta de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo) y recibir en audiencia al Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel. Ahora, mi esperanza y mi convicción es que las cosas van a cambiar. El papa Francisco es el jefe de la Iglesia de allá. Tiene que haber un cambio. No digo que salgan a pedir perdón, a hacer discursos. No queremos discursos. Queremos acciones que lleven al encuentro de los nietos y a saber dónde están sus padres.”

“Este papa es una persona abierta, sencilla. Nos habíamos quejado porque él, siendo el cardenal Bergoglio, nunca habló de nuestros problemas”, añadió.

Por ahora, no piensan mandarle al Papa ninguna lista de eventuales lugares o archivos argentinos donde se podría investigar sobre los nietos. “Queremos que el Papa vea todas las carpetas que le hemos enviado. O mejor dicho que le hizo llegar la embajada argentina ante la Santa Sede, sobre cada uno de los casos de nietos desaparecidos. Quien tenga acceso a esos datos los puede manejar con la Iglesia de allá (por Argentina) y destapar los archivos y empezar a ver. El Papa puede analizar todo o mandar a que lo hagan otros, porque para eso es el Papa”, puntualizó.

Estela de Carlotto recordó que las Abuelas fueron recibidas en 1998 por Juan Pablo II en el Vaticano, pero nunca tuvieron respuesta a sus pedidos. “Juan Pablo II nos dijo que sí, que conocía el problema de los nietos desaparecidos. Y agregó ‘todos oramos por ellos’. Cuando volvimos a la Argentina dijimos que la frase del Papa ‘todos oramos por ellos’ significaba acción. Pero no cambió nada. Hay que ver ahora la reacción de la Iglesia oficial argentina.”

En una rueda de prensa que, poco después de estar en la Plaza de San Pedro, las Abuelas ofrecieron en la residencia del embajador argentino ante la Santa Sede, Juan Pablo Cafiero, Carlotto agregó que “si el Papa dice: ‘Vengan, las voy a ayudar’, entonces también nos van a ayudar los creyentes. En la carta que le dimos no hay reproches, ni culpas. Para echar culpas hay que tener pruebas”, añadió, subrayando que estaba “completamente convencida” de que el Pontífice respetará su compromiso y que ellas están ahora esperanzadas, porque no quieren morirse sin conocer a sus nietos.

Contó también que nunca le había estrechado la mano al cardenal Bergoglio aunque sí lo había conocido en la Catedral de Buenos Aires en ocasión de una ceremonia y el Papa al parecer recordó ayer ese momento cuando hablaron. “Después de aquel encuentro en Buenos Aires no pasó más nada. El nunca habló de nuestro problema. Había un poquito de dolor entre nosotras por eso. Pero hoy se nos presentó la oportunidad y ese ‘cuenten conmigo’ que nos dijo fue como una señal de afecto de un hombre sencillo, simple. Cuando empezamos a hablar nos tomó de las manos. Y nos dio luego un beso. La verdad es que nos costó soltarle las manos. Creo que hoy hemos recuperado los tiempos perdidos.”

Pero si alguien suponía que los desaparecidos podían ser uno de los grandes temas por tratar cuando el papa Francisco visitara la Argentina en diciembre, como habían anunciado en algunos medios, ayer el portavoz vaticano, padre Federico Lombardi, lo desestimó. En una rueda de prensa exclusiva con periodistas extranjeros dijo que el único viaje al exterior previsto este año era el de Brasil, en julio, para la Jornada Mundial de la Juventud.

De la delegación formaba parte también la hermana Geneviève Jeanningros, sobrina de la monja francesa desaparecida Léonie Duquet, que está acompañando a la delegación de las Abuelas de Plaza de Mayo en la gira que están haciendo por algunas ciudades italianas. Cabandié estuvo en Bolonia junto al director Nicolás Gil Lavedra para la presentación de la película Verdades verdaderas, sobre la vida de Estela de Carlotto.

Carlotto y Roa partieron a Bolzano ayer para participar del Festival de las Resistencias Contemporáneas, donde Estela intervendrá junto al escritor argentino Mempo Giardinelli.

Página/12 :: El país :: “Queremos acciones para encontrar a los nietos”

14/04/2013

“Prefiero a un carismático que al FMI”

Las muertes de Chávez y de Thatcher, la elección del papa argentino, la crisis financiera de Europa y la crisis política en Italia fueron algunos de los temas que tocó el filósofo turinés, nacido en 1936, de paso por Buenos Aires.

Por Angel Berlanga

Eurodiputado de izquierda, comunista, cristiano, militante por los derechos homosexuales, “gran chavista europeo”, referente filosófico de la posmodernidad y teórico reivindicativo del “pensamiento débil”, profesor en la Universidad de Turín, autor de decenas de libros: todo eso es, por ejemplo, Gianni Va-ttimo. Este filósofo turinés nacido en 1936 llegó a la Argentina el 3 de abril y dio a sala llena una serie de conferencias, cuyos títulos dan también una idea de la amplitud de campos sobre los que se pronuncia: “Espiritualidad, trascendencia y política en tiempos de incertidumbre”, “El fin del arte en las obras de arte”, “Adiós a la verdad”, “Democracia, movimientos populares y unidad latinoamericana”, “Filosofía del siglo XX, ser y lenguaje”. Al doctorado honoris causa de La Plata que tenía, sumó, en este viaje, los que le dieron ahora las universidades de Misiones y de Buenos Aires. En estos trajinadísimos días compartió auditorios con el juez de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni y con el jefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina, y se reunió también, el miércoles pasado, con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, a quien le regaló uno de sus libros, No ser Dios. Perdió la cuenta de las veces que vino al país; su estadía anterior fue en diciembre del año pasado, invitado por la Universidad de San Martín. “No puedo observar grandes diferencias entre aquel momento y éste –dice Vattimo en la sede de la Asociación de Docentes de la UBA, la entidad que organizó sus presentaciones–. Salvo, claro, que la otra vez no había un papa argentino.”

–¿Qué implicaría eso para el país o para la región?

–Una presencia reforzada, una más. Bueno, esto es algo subjetivo: yo siempre he tenido mucha esperanza en la influencia de Latinoamérica en la política. Sigo estando bajo aquella impresión que tuve en el Parlamento Europeo cuando llegó la noticia de la elección de Lula; había pasado el 11 de septiembre y la Eurocámara estaba bajo la presión de los Estados Unidos para tomar posición respecto de la lucha contra el terrorismo internacional. Nos dieron una lista que incluía organizaciones que ni conocíamos, y teníamos que condenarlas. Hamás estaba ahí, incluso. Lula fue como una resistencia a esta influencia determinante, de estado de emergencia, y eso fue para mí un comienzo de una idea. Conocía la revolución castrista, pero estaba mucho más bajo los prejuicios de la llamada “prensa independiente internacional”: Castro es un dictador, Chávez ni hablar. Luego se dio lo de Evo Morales, Correa, Cristina, se vio que el chavismo era una forma de castrismo con petróleo, con la fuerza económica que Cuba no tuvo, por el embargo norteamericano. Sabemos que con modelos diferentes, pero a nivel internacional veo a Latinoamérica como una unidad con peso global, con un signo generalmente antiyanqui, o no pro yanqui. Un continente, digamos, que balancea el poder norteamericano, que todavía es muy fuerte. Sobre todo en Italia y Europa del Sur, donde Estados Unidos hace pesar su obsesión por la lucha contra el terrorismo, que tiene su epicentro, obviamente, en Irán. En Sicilia, por ejemplo, están construyendo una gran base, de la cual casi nadie sabe nada, un súper radar que incluso hace mal al medio ambiente. Estas presencias militares no son neutras: arruinan.

–¿Qué nota con la ausencia de Chávez?

–Todos estamos a la espera de qué va a pasar después de las elecciones. En cierto sentido, tienen razón los que hablan de una política latinoamericana ligada a líderes carismáticos. A mí esto no me escandaliza nada, porque la política formal en Europa y Estados Unidos no implica jefes así, pero implican bancos que ponen dinero y hacen ganar a uno u otro. Al final prefiero a un carismático que todos conocemos a una entidad como el FMI, de la que se sabe algo cuando el tipo (por Dominique Strauss-Kahn) va preso por razones ético-sexuales: la cara humana del FMI, al final.

–Vuelvo al Papa: habrá leído análisis que plantean que su elección retrasará algunos cambios en la región. La legalización del aborto, por ejemplo.

–Sí, es un punto. Con un poco de humor, provocativamente, digo que cuando uno deviene papa no puede no devenir también reaccionario, porque hay una tradición realmente pesada, con responsabilidades de una herencia incluso financiera: el Vaticano sigue siendo uno de los más grandes dueños inmobiliarios del mundo. El problema es que no se puede imaginar una revolución tan rápida, sobre todo en un organismo como la Iglesia, que sigue siendo una gerontocracia, un dominio de personas viejas, y hombres. Yo me dispongo, más bien, a perdonar mucho al Papa. Un estudiante con el que discuto me dice: “Pero, ¿tú quieres que el Papa predique el uso del preservativo?” No, digo, pero que no hable siempre de esto, por lo menos. Se espera de la Iglesia una política un poco más cristiana y menos católica, menos jerárquica, menos dogmáticamente cerrada en torno a la sexualidad, a la familia.

–¿Cómo observa hoy la situación europea?

–Europa es un gran fenecimiento. Es una cosa que no funciona. El problema es: ¿la destruimos o intentamos reconstruirla? Es como estar en medio de la montaña: ¿hay tiempo para volverse o tenemos que llegar a la cima? Creo que no podemos hacer otra cosa que intentar perfeccionar la UE añadiendo lo que falta, sumar a la moneda común una política económica y financiera común, y compartir los problemas, además. Todos estamos incómodos: en el Norte tienen la impresión de que nos pagan los problemas, y en el Sur pensamos que esta es una situación colonial. Intentan tratarnos como peones. Esto se ve en los sacrificios excesivos que nos imponen, con la reducción hasta del poder industrial de nuestros países. Hoy trabajamos para una madre patria que está en otra parte.

–¿Qué expectativas tiene ante las trabas para conformar en Italia un nuevo gobierno y qué opina de Giuseppe Grillo y su Movimiento Cinco Estrellas?

–Es muy simpático, obviamente. Grillo representa muchas ideas de renovación del sistema y de destrucción de la corrupción. El problema es que rechaza toda negociación con las otras fuerzas para armar un gobierno parlamentario. Nada se mueve, entonces. ¿Cuál sería su expectativa? Que el Partido Democrático de Bersani –que alguna vez fue de izquierda– pacte con Berlusconi y que ambos terminen destruyéndose. Grillo espera ganar una mayoría absoluta en las próximas elecciones. Creo que este es un cálculo muy arriesgado y probablemente falso. Yo me pondría de acuerdo con Bersani, aunque no tenga mucho que compartir. Hay muchas personas valiosas en el Movimiento de Grillo. Es un momento difícil en Italia, y si llegara a nombrarse otro gobierno técnico, como el de Monti –que no funcionó–, probablemente siga el deterioro económico, el crecimiento de los conflictos sociales y de la violencia en la calle.

–Fenómenos como el de la Guardia Húngara o Amanecer Dorado, en Grecia, ¿le hacen temer algún rebrote xenófobo?

–Decimos que son fenómenos locales, por ahora. No sé si es un fascismo europeo que está empezando. Cuando ganó Haider, en Austria, hubo mucha preocupación, pero finalmente no prosperó tanto. En períodos de crisis el fascismo tiene muchas chances de desarrollarse, obviamente. Espero que no ocurra.

–Acaba de morir Thatcher, ¿cómo se lo tomó?

–Sí, la pobrecita. Aprecié mucho el título de Página/12, “Galtieri la espera en el infierno”. Obviamente, siempre es malo, cuando alguien se muere, decir “ay, estoy contento”. Pero, efectivamente, si se murieran sobre todo sus ideas. Se muere Chávez, se muere Thatcher: personas que significan sistemas. Veremos en Caracas quién gana las elecciones el domingo: para mí, el lado que merece ganar es el lado de Chávez. Pero el lado de Thatcher no está tan destruido, porque en Inglaterra los conservadores siguen dominando. E Inglaterra es incluso un problema para Europa, en el sentido de que es como el agente de los Estados Unidos allí. Siempre me pregunto si Churchill diría hoy aquello de que la democracia es la peor forma de gobierno, excepto todos los otros. Porque cuando la dijo estaban Hitler, Stalin, Mu-ssolini. Ahora que la democracia ganó, que es el fin de la historia, como dice Fukuyama, ¿qué diría Churchill? Estas dos figuras, Thatcher y Chávez, siguen siendo la polaridad viva de este mundo. Todavía hay una lucha que continúa.

Página/12 :: El mundo :: “Prefiero a un carismático que al FMI”

17/03/2013

Sai papa entre papa, Opus Dei só sai no tapa

Filed under: Opus Dei,Vaticano — Gilmar Crestani @ 9:28 pm
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El guardián de las finanzas del Papa

El español Lucio Vallejo es el ‘número dos’ de la economía de la Santa Sede

El miembro del Opus Dei es conocido en León por su habilidad para la especulación inmobiliaria

Luis Gómez 17 MAR 2013 – 00:00 CET722

Lucio Vallejo, en 2011, poco antes de su nombramiento vaticano.

No especularás no es un mandamiento, por lo que las finanzas de la Iglesia pueden tener orígenes muy diversos. El número dos de la economía del Vaticano es un español, monseñor Lucio Vallejo, un religioso de 51 años, procedente de Astorga (León), en cuya diócesis ejerció de ecónomo durante 20 años. Miembro del Opus Dei y protagonista de una carrera tan eficaz como discreta, algunos analistas se preguntan si su perfil será del agrado del nuevo papa Francisco, un jesuita. Porque si en algún punto un jesuita tiene poco que ver con un miembro del Opus Dei es en su forma de interpretar el mundo a través de la economía. Y, dado el caso, las operaciones en Bolsa y la especulación (inmobiliaria) han sido dos de los ejes capitales de la gestión de monseñor Vallejo.

Cuando en el verano de 2001 se supo que algo más de 300.000 euros confiados al ecónomo de Astorga habían caído en Gescartera, alguien pudo pensar que la sólida trayectoria del padre Lucio Vallejo estaba a punto de tocar a su fin. Gescartera era un chiringuito financiero de dudosa honradez que resultó ser el primer escándalo del Gobierno de Aznar. Varias diócesis españolas fueron sorprendidas jugando a la renta variable, con fondos propios o confiados por los feligreses, en un asunto que la Iglesia resolvió sin explicaciones, como viene siendo habitual. Vallejo tampoco se vio obligado a dar alguna respuesta en público.

Diez años después de ese episodio negro en su rampante carrera (fue nombrado ecónomo con 29 años en 1991, el más joven en su momento), Vallejo era reclamado por Roma para ocupar la secretaría de la Prefectura de Asuntos Económicos, que controla los bienes que dependen de la Santa Sede. Por entonces, monseñor presidía una Sicav (Vayomer, ahora Naujirdam), un producto financiero que tributa al 1%, donde gestionaba más de 7 millones de euros en Bolsa, generalmente en empresas españolas.

¿Eran fondos de la Iglesia? ¿Ahorros de feligreses confiados al padre? El actual ecónomo de Astorga, Víctor Manuel Muría Borrajo, sentado ante una mesa pulcra y sin un solo papel, responde muy tajante a la pregunta: “En nuestra diócesis no hay ninguna Sicav en estos momentos”.

El currículo del Vaticano sobre Lucio Vallejo ofrece este dato (su presidencia de la Sicav, que abandona en 2012) así como su pertenencia al Consejo de Administración de la Mutualidad del Clero español, la mutua de los sacerdotes, algún cargo de administrador de colegios diocesanos y el puesto de ecónomo de Astorga. Pero nada más. Es poco equipaje para ascender a Roma y encargarse de sus finanzas: una licenciatura en Teología, unos cursos inacabados de Derecho por la Universidad a Distancia, una actividad como profesor, consultor religioso en colegios y párroco en 13 pueblos limítrofes de Astorga. De su labor pastoral no hay documentación que pueda aportar el servicio de prensa del Obispado: monseñor no tiene obra escrita sobre asuntos entre el cielo y la tierra. Además de su pertenencia al Opus Dei, no hay más indicios sobre sus cualidades para gestionar una economía del tamaño del Vaticano (con un presupuesto de 750 millones entre Santa Sede, Curia y obras misionales).

Fue el ecónomo más joven de la Iglesia española. Entre sus inversiones en Astorga estaba Gescartera

¿Cuál ha sido el mérito que ha conducido a Vallejo a Roma? Si nos atenemos al testimonio popular, muchos son los elogios y muchos los silencios en Astorga y alrededores sobre su buen juicio para los asuntos del dinero, pero no hay detalles al respecto. Entre sus admiradores se encuentran hasta los gestores municipales socialistas, que profesan respeto y admiración por el ecónomo. Vallejo es un sacerdote de buena planta (casi 1,80), bien parecido, agradable en el trato y con las dosis suficientes de seducción para conseguir sus propósitos.

A Vallejo se le atribuye, por encima del propio obispo, la modernización de la diócesis, una de las más grandes de España (ocupa parte de León, Zamora y Ourense) con sus 960 parroquias y cerca de 250 sacerdotes para realizar tareas pastorales y más de 1.500 lugares de culto. Gracias a su impulso, hay un ordenador en cada despacho del Obispado (remozado hace unos años) y museos (el Palacio de Gaudí) que se gestionan con criterios de empresa. Su carisma y sus modales de hombre de este tiempo (usa tableta y teléfono inteligente) han sido ampliamente divulgados, pero no otros detalles de su conducta. Como cuando mostraba un bello retablo a unas visitas y manifestaba: “Está hecho para rezar frente a él, no frente a las cuatro viejas de costumbre”.

No demasiada gente conocía sus gustos refinados. Así que sorprendió en la comarca algún detalle de monseñor difundido en sendos artículos publicados por el Diario de León (“un bróker con sotana” y “galáctico monseñor”). No eran los habituales textos de un periódico local, generalmente conservador y cuidadoso con las cosas de la Iglesia. A través de este diario se conoció que era el propietario de una vivienda de diseño en Celada de la Vega, merecedora del Premio de Arquitectura de Castilla y León en 2007. Conocida como Casa de Descanso había costado apenas 41.480 euros. “El encargo lo hizo un cliente especial”, comentaba en una revista la autora, la arquitecta Virginia González Rebollo, “que llegó con un libro debajo del brazo, un libro de Le Corbusier donde aparece una casa en el lago de Ginebra, que él mismo realizó para sus padres”. Ese cliente especial era monseñor.

La Casa de Descanso de Celada de la Vega (León).

En otros puntos de la comarca se interpretó la casa de descanso como un ejemplo significativo de los equilibrios de Vallejo con los principales constructores de la región. No pasó desapercibido que la vivienda fuera diseñada por la hija de Victoriano González, propietario de la constructora La Cepedana y expresidente de Caja España, además de socio de José Luis Ulibarri, otro constructor, propietario del Diario de León. La habilidad de monseñor Vallejo para repartir obras ha sido manifiesta (alguna de ellas de gran calado, como la imponente iglesia del Buen Pastor, en Ponferrada, que costó 2,5 millones de euros). Basta conocer el balance de la diócesis de Astorga para advertir que, probablemente, sea la primera empresa de la comarca. En 2011, el Obispado tuvo unos gastos de 7.656.000 euros, de los cuales casi la mitad (3,5 millones) se destinaron a obras en templos y centros de atención pastoral, una partida muy superior a la de “sustentación del clero” (2,2 millones).

Vallejo supo mover ese presupuesto, pero fue eficaz para el Obispado en otro punto: contrató una aparejadora y montó un eficaz servicio que fue poniendo a nombre del Obispado todas cuantas ermitas, casas del cura, fincas y un sinfín de bienes inmuebles sin escriturar abundaban por la extensa geografía de la diócesis. Algún testigo habla de 300 carpetas. Esa labor de patrimonialización permitió algunas jugosas operaciones urbanísticas, al vender las casas del cura o sus terrenos para edificar viviendas a pesar de la oposición de los vecinos afectados. Por ejemplo, en San Andrés de Montejo, donde no se olvidan de él.

Sus parroquianos, sin embargo, le adoran, porque a sus pueblos no les falta de nada. Sirva como ejemplo la restauración de la iglesia de San Juan Bautista, en Magaz de Cepeda, gracias a 125.000 euros invertidos en una población de 400 habitantes.

La sabiduría para dar y recibir (por ejemplo, unos espaciosos estudios que regaló a la Cope en Ponferrada en un edificio anexo a una iglesia) ha sido la clave de su gestión como ecónomo. La burbuja inmobiliaria hizo el resto y elevó, de alguna manera, a monseñor a las alturas

El guardián de las finanzas del Papa | Internacional | EL PAÍS

13/03/2013

Papa esta, Benedeto!

Filed under: Brasil,Vaticano — Gilmar Crestani @ 8:53 am
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– Bambini, vedere il papa e doppo … fugire, ok?!

Humor brasileño con el cónclave

Por: Juan Arias| 13 de marzo de 2013

Conclave y humor (3)
Si el Roto, siempre genial, ha dibujado a un cardenal aparentemente sereno pero que se le mueven nerviosos los pies, los brasileños le están echando humor a la posibilidad de que el sucesor de Benedicto XVI sea verde amarillo y que hasta tiente unos pasos de samba.

Las redes se abarrotan de sentido de humor y como es típico de los brasileños nadie se lo toma dramáticamente.

Cuando ayer tarde salió la primera “fumata negra”, enseguida le dieron una explicación futbolística: “Es que los cardenales no quisieron perderse el Milan-Barça".

Jugando con el dicho clásico de que “Dios es brasileño”, un internauta escribió que si el Espíritu santo eligiera papa a un brasileño sería “el primer caso de nepotismo divino”.

Hasta los sacerdotes bromean y desdramatizan la posible elección de un brasileño. “Bueno, lo importante es que sea un papa que crea en Dios, sea brasileño o chino”, dijo un catedrático de teología.

Es curioso que lo de un papa que “crea en Dios” es muy barajado entre el clero, casi a recordar la famosa teoría de “Roma veduta, fede perduta”.

Con tantas cosas que se cuentan sobre los largos cuchillos de las traciones de la Curia Romana, los papeles secretos robados y vendidos del Papa, los escándalos de alcoba y demás pecados de la jerarquía del gobierno de la Iglesia, existe el miedo  de que un papa brasileño, instalado en Roma, pueda acabar hasta sin fe.

Y para un brasileño, no creer en algo, y sobretodo en Dios, es como negar que exista Pelé.

Conclave y humor (2)Hay también quién cree que la elección de un papa brasileño, sería la demostración más palmaria de que Dios es de verdad brasileño: “Copa del Mundo, Olimpiadas de Rio y ahora un papa”, quiere decir, comentan en Facebook, que Dios se ha instalado en Brasil. Y añaden : “Con un papa brasileño nadie se va a atrever a robarnos el Mundial”

Les ha encantado la viñeta del diario Il Corriere della Sera, que presentaba ayer a los cardenales en el cónclave jugando un partido en el que el papable Odilo Scherer, pasa a todos los contrarios y se acerca a la portería para marcar gol. La han reproducido aquí muchas de las televisiones más importantes, empezando por la TV Globo.

Las que están ya en ebullición son las famosas Escuelas de Samba de Rio. “Con un papa brasileño” ha escrito alguien en un diario “hasta las monjitas van a sambar”.

Los brasileños, acostumbrados durante siglos al famoso “complejo de perro callejero”, están preparados siempre a perder. Por eso tampoco sería el fin del mundo si al final se esfumase la posibilidad de ganar el papa. “Es como un penalti perdido, nada más”, dicen.

Lula papa
Y ni Lula, el popular expresidente braileño se ha librado de caer en el humor del cónclave. Lo visten de papa y le hacen decir en el blog Gente de Midia: “Voy a ser el primer papa metalúrgico. Así podré candidatarme a Dios”. Y promete crear, cuando sea papa, la “bolsa oración”, para poder “ir al cielo con descuento”.

Pero los brasileños se consuelan diciendo, siempre con humor, que si Dios es ya brasileño y además tienen a Lula, tampoco será el fin del mundo, si el papa vuelve a ser un europeo.

Desde un punto de vista político, y esta vez ya en serio, lo que se subraya es que con todo ese protagonismo que han tenido los cardenales brasileños, aunque al parecer divididos en la elección del papa, Brasil ya ha sido premiado.

“Los ojos del mundo han estado este mes enfocados en este país y eso es tan importante o más que ganar un papa”, ha comentado un catedrático de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo.

Brasil ha sido noticia universal y eso, ha comentado un economista, no tiene precio en el mercado publicitario.

Conclave y humor (4)Políticos brasileños disfrazados de cardenales.

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09/03/2013

Lobo mau de chapeuzinho vermelho…

Filed under: Vaticano — Gilmar Crestani @ 11:05 am
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Não há salvação. Ou será alguém ligado à máfia e à empáfia de Sílvio Berlusconi, ou virá das hostes da Opus Dei… Nem de longe será alguém que lembre Cristo.

El cónclave comenzará el martes 12

La ceremonia tendrá lugar en la Capilla Sixtina. 115 cardenales menores de 80 años, procedentes de 51 países, elegirán al nuevo Papa

Pablo Ordaz Roma8 MAR 2013 – 21:14 CET135

Los cardenales, al inicio dle cónclave de 2005. / AP

La tarde del próximo martes, 115 cardenales menores de 80 años, procedentes de 51 países, se encerrarán en la Capilla Sixtina para tratar de elegir al nuevo pontífice de la Iglesia católica, después de que el anterior, Benedicto XVI, hiciera efectiva su renuncia el pasado 28 de febrero a las ocho de la tarde. Después de cinco días de reuniones, el colegio cardenalicio —formado por los 115 electores y los 90 purpurados mayores de 80 años— decidió este viernes fijar la fecha del cónclave para el día 12. El rito será cumplido con toda la solemnidad de que es capaz el Vaticano. En el momento en que un candidato obtenga los dos tercios de los votos, el cardenal decano le preguntará: “¿Aceptas tu elección canónica para Sumo Pontífice?”.

Por la mañana, los 205 cardenales participarán en la basílica de San Pedro en la misa Pro eligendo Romano Pontifice, a la que podrán asistir todos los fieles que madruguen y el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede. Por la tarde, los 115 electores —eran 117, pero el cardenal indonesio Darmaatmadja ha renunciado por enfermedad y el escocés O’Brien por un viejo asunto de acoso a otros sacerdotes— se reunirán en la capilla Paulina para ir en procesión a la Capilla Sixtina. En el trayecto recitarán letanías y entonarán cánticos para invocar la ayuda del Espíritu Santo. Una vez bajo el Juicio Final de Miguel Ángel, lo primero que harán los electores será comprometerse bajo juramento a no revelar jamás lo que allí suceda. El recinto ha sido blindado electrónicamente para evitar cualquier tipo de conexión con el exterior.

Las votaciones serán secretas. Los cardenales recibirán unas tarjetas rectangulares con la inscripción en latín “eligo in Summun Pontificem”. Deberán escribir solo un nombre —más de uno convertiría el voto en nulo—, intentando que su caligrafía no pueda ser reconocida. Son muy curiosas las normas que la constitución apostólica Universi Dominici Gregis contempla para garantizar una votación limpia. Entre otras cosas, advierte de que si se produce una votación entre los dos candidatos más votados, los interesados no pueden participar, y que si se detecta un caso de compra de votos —el llamado delito de simonía—, los infractores serán excomulgados, aunque el voto será valido. También está prohibido llegar a cualquier tipo de pactos para orientar el voto.

Si el martes ningún candidato obtuviese los 77 apoyos necesarios para ser elegido papa, sobre el cielo de Roma se elevará una fumata negra, y los cardenales volverán el miércoles a la Capilla Sixtina e intentarán de nuevo el consenso mediante dos votaciones por la mañana y dos por la tarde. Si el desacuerdo persistiera después de tres días de votaciones, los electores tomarán un descanso un día para dedicarse a la oración y al cambio de pareceres. Tras la pausa, se iniciará otro turno de siete votaciones. En cualquier caso, ni la experiencia ni lo sucedido estos días inducen a temer que las votaciones se eternicen. En primer lugar, porque desde el siglo XIX ningún cónclave ha durado más de cuatro días. En 1978, solo se tardó dos días en elegir a Juan Pablo II, y en 2005, solo día y medio para elegir a Benedicto XVI. Y, en segundo lugar, porque durante las congregaciones generales que se han celebrado desde el lunes en el Vaticano se ha adelantado mucho el trabajo. Más de 100 cardenales de los 153 presentes ya han intervenido y los principales objetivos de los encuentros —conocerse entre sí y poner en común cuál es la situación de la Iglesia y cuáles sus necesidades— parece que se han alcanzado. Muchos de los cardenales, sobre todo los procedentes de Estados Unidos, insistieron en que, antes de elegir al sucesor de Joseph Ratzinger, necesitaban saber los detalles del caso Vatileaks, la filtración de documentos secretos del Papa.

Tal vez el martes por la tarde, el cardenal Giovanni Battista Re —que sustituirá al cardenal Angelo Sodano, que tiene 85 años y por tanto no podrá entrar en la Capilla Sixtina— obtenga respuesta positiva a la pregunta: “¿Aceptas tu elección canónica para Sumo Pontífice?”. En ese caso, volverá a hacer otra pregunta: “¿Cómo quieres ser llamado?”. Una fumata blanca se elevará sobre el cielo de Roma y una nueva etapa para la Iglesia será anunciada al mundo bajo la vieja fórmula: “Habemus Papam”.

El cónclave comenzará el martes 12 | Internacional | EL PAÍS

05/01/2013

Santo remédio

Filed under: Bancos,Igreja Católica,Vaticano — Gilmar Crestani @ 12:09 pm

Diz-se que, e eu estive lá e pude comprovar, que no Vaticano se vende relíquias da pedra que Cristo não teve para encostar a cabeça quando sepultado…

Italia suspende los pagos con tarjeta en el Vaticano

La Santa Sede incumple las normas sobre lavado de dinero

Lucia Magi Bolonia4 ENE 2013 – 20:31 CET55

Un hombre saca dinero de un cajero junto al Vaticano. / Alessandra Tarantino (AP)

El Banco Central de Italia ha bloqueado los pagos electrónicos, incluidas las tarjetas de crédito, en el Vaticano por considerar que este Estado no ejerce suficiente control sobre las transacciones financieras. De esta forma, a partir de ahora, en las tiendas y museos de la Ciudad del Vaticano se deberá pagar en efectivo o con cheques. Solo serán válidas las tarjetas expedidas por el banco del vaticano, el Instituto para las Obras Religiosas (IOR).

El Deutsche Bank Italia, que suministraba el servicio de pagos electrónicos al Vaticano, ha confirmado que el Banco Central italiano le ha retirado la autorización para prestar este servicio. La decisión se basa en que la Santa Sede no ha cumplido con las salvaguardas de la Unión Europea sobre lavado de dinero. “La Santa Sede no tiene una legislación bancaria y financiera ni un sistema de vigilancia sólidos. No nos basta con las actuales leyes contra el lavado de dinero”, ha dicho una fuente del Banco de Italia, que reconstruye el proceso de decisión: “Deutsche Bank Italia no es una filial del alemán, es una entidad italiana en toda regla, así que somos nosotros los que controlamos su actividad. Como cualquier otro banco autóctono, puede operar en un Estado extracomunitario sin abrir allí oficinas, con tal de tener el visto bueno del Banco Central. En 2010, nos dimos cuenta de que, sin autorización previa, gestionaban varias terminales de POS [point of sale, el aparato donde se pasa la tarjeta o se introduce el código, conectado con el banco que coordina el sistema]. En 2011, nos presentaron una instancia para regularizar su situación. El 6 de diciembre de 2012, acabadas las inspecciones, rechazamos la petición. Desde nuestro punto de vista, la Ciudad del Vaticano no tiene una legislación adecuada. Ningún banco italiano puede dispensar allí el servicio de pago con tarjetas hasta que no mejoren sus leyes”.

La Santa Sede dice que no se trata de un cuestionamiento a la transparencia del Estado sino de una cuestión técnica de autorizaciones y de diferencias jurídicas

En la Santa Sede, minimizan el asunto: “Estamos buscando a otro proveedor. El servicio será reactivado en breve”, dice el portavoz, Federico Lombardi. No se trata, añaden en el Vaticano, de un cuestionamiento a la transparencia del Estado, sino una cuestión técnica de autorizaciones y de diferencias jurídicas. En junio, el comité de vigilancia sobre lavado de dinero del Consejo de Europa (Moneyval) consideró que la Santa Sede había recorrido “un largo camino en un tiempo muy breve”, pero que tenía que “fortalecer su régimen de vigilancia”.

En las 44 hectáreas de su territorio, la Iglesia tiene una farmacia, un supermercado y varias tiendas de filatelia, antigüedades, libros religiosos y recuerdos. Tampoco se pueden pagar con tarjeta los 16 euros de la entrada a los Museos Vaticanos, que en 2011 recibieron cinco millones de visitantes y recaudaron 91,3 millones de euros.

Italia suspende los pagos con tarjeta en el Vaticano | Internacional | EL PAÍS

06/10/2012

Depois de São Pedro, Vaticano virou lugar desalmado

Filed under: Vaticano,Vatileaks — Gilmar Crestani @ 7:24 am

Lembrar dos Bórgias, agora que o TNT está passando o seriado é chover no molhado. Antes disso a historiadora Barbara Tuchman já havia adentrado aos desvarios do Vaticano em A Marcha da Insensatez. A Idade Média foi um laboratório para o que viria no período da Inquisição. Difícil é encotnrar um período de grandeza, já que na Segunda Guerra oscilou entre o dedo durismo e alguma bênção. Depois veio o envolvimento com a máfia, Banco Ambrosiano. O João Sorriso foi assassinado. Karol Voytila, o papa do Reagan. Do atual basta lembrar que foi das hostes hitleristas e sua complacência com Berlusconi. Não bastasse isto, as Igrejas, todas, têm tido mais apetite pela política do que pela mensagem de Cristo. Na América Latina o braço mais forte da Igreja ajuda ditaduras a baterem, torturarem e matarem. O melhor argumento que poderiam agregar em sua defesa seria de que, ajudando matar, as vítimas chegariam mais rápido ao Céu. Dizer que o Vaticano é um ninho de abutres é eufemismo que equivale a a Papa Defuntos… Até porque os abutres cumprem um papel na limpeza de corpos em decomposição. Neste caso, o único corpo em decomposição é o próprio Vaticano. E nem estou falando em pedofilia e outras cosita mas

Nido de cuervos en el Vaticano

La detención del mayordomo del Papa ha dejado al descubierto una guerra de poder en el Vaticano. El cardenal Bertone ha enviado al exilio a algunos de sus colaboradores más queridos. Benedicto XVI trata de obtener una tregua, pero la lucha es encarnizada

Pablo Ordaz 3 JUN 2012 – 00:00 CET517

El secretario de Estado del Vaticano Tarcisio Bertone, cuando concluyó el cónclave que eligió al Papa Benedicto XVI en 2005. / Alessandro Bianchi (REUTERS)

En esta historia llena de traición, malas artes, soldados del Altísimo que luchan por el poder con armas del demonio, un mayordomo ladrón, un Papa enfermo y un banco que usa el nombre de Dios en vano, tal vez el único hombre bueno sea el padre George.

George Gänswein es alemán, tiene 57 años, 1.80 de estatura, cuerpo de atleta, pelo rubio, ojos claros. Desde hace nueve años es el secretario personal de Joseph Ratzinger y, desde hace algunos meses, su único antídoto contra el aire envenenado del Vaticano. Un día no muy lejano, a su número de fax —al alcance de muy pocos— llegó una carta muy comprometedora dirigida al Papa. Después de que Benedicto XVI la leyese, monseñor Gänswein decidió guardarla en su pequeña oficina situada dentro del apartamento papal. No convenía que aquella misiva anduviese danzando por un Vaticano convertido en campo de batalla. Por eso, cuando el padre George la vio publicada en un libro junto a decenas de documentos secretos, supo enseguida que el traidor, el cuervo, el topo, tenía que ser alguien muy cercano. Alguien de la familia.

Así se les llama intramuros. La familia pontificia. La familia del Papa. Los habitantes del Apartamento —así, con A mayúscula, lo escriben en el Vaticano—en el que Joseph Ratzinger, más casero que su antecesor, el muy viajero Karol Wojtila, pasa la mayor parte del día. Además del padre George y del otro secretario, el sacerdote maltés Alfred Xuereb, “la familia del Papa” está compuesta por cuatro laicas consagradas —Carmela, Loredana, Cristina y Rosella—, una monja que le ayuda en los trabajos de estudio y escritura, sor Birgit Wansing, y un asistente de cámara, Paolo Gabriele, su fiel Paoletto, el primero que desde hace seis años le da los buenos días, lo ayuda a vestirse y a celebrar la misa, lo acompaña en todas las audiencias públicas y privadas, le sirve el café del desayuno, el vino de la comida y la infusión de la tarde, lo acompaña en sus paseos por el jardín de la azotea y, al caer la noche, le ayuda a desvestirse para irse a la cama.

Los cardenales acusan al secretario de Estado de ambición desmedida y de dejarse influir por “ambientes masónicos”

—Buenas noches, Santidad.

La noche del martes 22 de mayo es la última que Paolo Gabriel, de 46 años, casado y con tres hijos, en posesión de la doble ciudadanía italiana y vaticana, acompaña al Papa. Al día siguiente, la Gendarmería del Vaticano se presenta en su casa de Vía de Porta Angelica, sobre el mismo muro que separa los dos Estados, y lo detiene. El secreto se mantiene dos días. El viernes 25, la noticia se filtra: detenido el mayordomo del Papa por desvelar y difundir documentos secretos. Los periodistas buscan imágenes del cuervo o traidor. No les resulta difícil encontrarlas. Basta con mirar las fotos del papamóvil. Junto al chófer, siempre con gesto serio, aparece Paolo Gabriel. Detrás, de pie, impartiendo bendiciones, el Papa, y en el último asiento, sonriente, el padre George…

Según una carta secreta, Benedicto XVI está dejando todo atado para que su sucesor sea el arzobispo de Milán

Si no fuera por su físico —la revista Vanity Fair lo llegó a llamar monseñor George Clooney—, el teólogo alemán sería un perfecto desconocido. Hasta hace unos meses, George Gänswein ejecutaba en exclusiva su papel de discreto ayudante de Joseph Ratzinger, su sombra desde que, en 1996, el entonces cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la antigua Inquisición, lo llamara a su lado. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, el padre George no ha tenido más remedio que desempeñar un papel más delicado: el de pasadizo secreto para ver al Papa. A sus 85 años, Benedicto XVI vive aislado en su apartamento, acorralado por las luchas entre los cardenales que tratan de ganar poder antes de la celebración del próximo cónclave. Ratzinger es un hombre anciano y enfermo, pero sobre todo es un hombre solo. Su viejo amigo y teórica mano derecha, Tarcisio Bertone, el secretario de Estado del Vaticano, se ha ido alejando de él y, al tiempo, se ha convertido en el enemigo a batir por el resto de los cardenales italianos. Lo acusan de una ambición desmedida, de relaciones peligrosas con los poderes fuertes italianos, incluso de dejarse influir por “ambientes masónicos”. El Papa, que en los últimos tiempos ha observado con tristeza cómo el cardenal Bertone ha despedido o enviado al exilio a algunos de sus colaboradores más queridos, siempre responde con la misma frase a quien le aconseja cambiar de secretario de Estado: “Ya soy un Papa viejo…”. Trata de obtener una tregua, pero el resultado es el contrario. La lucha es cada vez más encarnizada. Bertone se radicaliza y sus enemigos tampoco descansan. Sentado junto al fax del Apartamento, el padre George sigue recibiendo cartas espeluznantes dirigidas a Benedicto XVI.

Joseph Ratzinger no se parece en nada a Karol Wojtila. Bien es cierto que los unía una gran amistad y que Juan Pablo II se apoyó en el cardenal alemán hasta su muerte. El polaco era luminoso, cordial, infatigable. Se pasaba el día estrechando manos, sonriendo, recorriendo el mundo. Hasta el punto que, todavía hoy, cuando uno pasea por el centro de Roma, da la impresión de que el Papa sigue siendo el polaco, porque son sus postales las más presentes, las que más se venden. No era difícil, por tanto, hablar con Juan Pablo II, hacerle pasar un mensaje. A Benedicto XVI, en cambio, no le apasionan las relaciones humanas. Es tímido, aunque cordial, concienzudo, paciente, amante de la lectura, más pendiente de los asuntos del cielo que de los de la tierra. De hecho, solo algunos cardenales escogidos —Ruini, Scola, Bagnasco— han logrado mostrarle personalmente su opinión desfavorable a Bertone. Sucedió hace un año, durante un almuerzo en el palacio de Castel Gandolfo, la residencia veraniega del Papa. El resto se tiene que conformar con utilizar un canal. El del fax del padre George Gaenswein…

Los cargos financieros están en manos italianas, pese a que los norteamericanos son los mayores contribuyentes

Un canal que, desde el pasado verano, deja de ser seguro. El primer golpe llega con la divulgación, a través de un programa de televisión, de una carta del arzobispo Carlo Maria Viganò, actual nuncio en Estados Unidos, en la que le cuenta al Papa diversos casos de corrupción dentro del Vaticano y le pide no ser removido de su cargo como secretario general del Governatorato —el departamento que se encarga de licitaciones y abastecimientos—. Viganò, sin embargo, es enviado lejos de Roma por el secretario de Estado, Tarcisio Bertone. Distintas fuentes aseguran que el Papa llegó a llorar con aquella decisión, pero no se atrevió a contradecir a Bertone. La segunda filtración destapa un supuesto compló para matar al Pontífice. Se trata de una carta muy reciente enviada a Benedicto XVI por el cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos en la que le cuenta que el cardenal italiano Paolo Romeo, arzobispo de Palermo (Sicilia), acaba de realizar un viaje a China durante el cual habría comentado: “El Papa morirá en 12 meses”. Pero no solo eso. Según la carta del obispo colombiano, escrita en alemán y bajo el sello de “estrictamente confidencial”, el arzobispo de Palermo se ha despachado a gusto en el país asiático contando supuestos secretos del Vaticano tales como que el Papa y su número dos, Tarcisio Bertone, se llevan a matar y que Benedicto XVI está dejando todo atado y bien atado para que su sucesor al frente de la Iglesia sea el actual arzobispo de Milán, el cardenal Angelo Scola. Aquellas filtraciones de documentos, aunque todavía con cuentagotas, conmocionan al Vaticano. Su portavoz, el padre Federico Lombardi, llega a admitir que la Iglesia está sufriendo su particular Vaticanleaks. L’Osservatore romano publica un editorial en el que se describe la situación de Benedicto XVI: un pastor rodeado por lobos.

Paolo Gabriele, mientras tanto, sigue llegando cada día a las seis de la mañana al Apartamento para despertar al Papa. Es un privilegiado. Todos los trabajadores del Vaticano lo son. No ganan un gran sueldo, pero forman parte de la plantilla de una empresa con 20 siglos de antigüedad, que difícilmente irá a la quiebra, con prestigio social en la ciudad de Roma y una serie de ventajas —vivienda dentro de las 40 hectáreas del Vaticano, gasolina muy barata— que en la mayoría de los casos heredan sus hijos. La tormenta que esos días —finales de 2011— azota a la Iglesia amainará. Como siempre por los siglos de los siglos. Hay una anécdota muy representativa. Hace unos años, un periodista español le preguntó a un cardenal por un conflicto en el seno de la Iglesia. El purpurado, muy serio, inició así su respuesta: “Ya tuvimos ese problema en el siglo XIII…”.

La Banca del Vaticano está siendo sometida a una investigación por supuesta violación de normas antiblanqueo

La respuesta, aun con otras palabras, sigue siendo la misma, incluso la más común durante los días posteriores a la detención de Paoletto: “Ya tuvimos problemas parecidos, e incluso mayores, y siempre salimos adelante. Tal vez lo que ahora cambie es la velocidad y la magnitud en la difusión de la noticia. Eso, y no su gravedad, es lo que agranda el problema”. Un problema, una guerra de poder, puramente italiana. Tanto los apellidos que ilustran esta historia de intrigas y golpes bajos como las armas elegidas para el duelo tienen denominación de origen. “Un típico juego italiano”, lo califican algunos medios de información. Hay, además, una razón de peso para que sea así. La silla de Pedro lleva siendo ocupada por un extranjero desde 1978. A un Papa polaco (Juan Pablo II, desde 1978 a 2005) lo sucedió un Papa alemán (Benedicto XVI, desde entonces a hoy) y, si los cardenales italianos menores de 80 años —los únicos que pueden participar en el cónclave— no andan espabilados, pueden perder una oportunidad de oro. A día de hoy, los purpurados electores son 122. Italianos, 30 (menos de un cuarto), estadounidenses, 11, y alemanes, 6. Si cuando Joseph Ratzinger muera, o dimita, no le sucede un italiano, la próxima vez será más difícil.

Antes incluso del escándalo, ya era patente el excesivo peso de la Iglesia italiana en el Vaticano. Prácticamente todos los cargos de responsabilidad relacionados con las finanzas están en manos italianas, aunque sean norteamericanos y alemanes los mayores contribuyentes. De igual forma, aunque América, Asia y África sean ya más el presente que el futuro de la Iglesia católica, en el último consistorio, celebrado el 18 de febrero pasado, no fue nombrado cardenal ningún africano y solo un latinoamericano. Hace unos días, un alto representante del Vaticano manifestaba su contrariedad: “En América Latina está ya el 47% de los católicos del mundo. Allí las iglesias están llenas y en Europa vacías, pero al Vaticano les sigue costando mucho nombrar cardenales que no sean europeos…”. Miloslav Vlk, cardenal de Praga y portavoz de la Iglesia Internacional, lo dice sin tapujos: “Tal vez hemos perdido el impulso que nos dio Pablo VI y Juan Pablo II y luego recogido por Benedicto XVI: una Iglesia que se abra al mundo, un colegio cardenalicio y una Curia más internacional y por tanto más capaz de escuchar las voces y recoger la energía que llegan también de lejos”.

La detención del mayordomo se produce unas horas después de otro hecho muy grave. El despido fulminante de Ettore Gotti Tedeschi, presidente del Instituto para las Obras de Religión (IOR), conocido como el Banco Vaticano. La primera explicación habla de “irregularidades en su gestión”, pero enseguida el tono va subiendo hasta llegar casi al linchamiento. La primera explicación oficial achaca al economista, de 67 años, “no haber desarrollado funciones de primera importancia para su cargo”. Lo cierto es que la Banca del Vaticano está siendo sometida desde el pasado septiembre a una investigación judicial por supuesta violación de las normas contra el blanqueo de capitales. Además de a Gotti Tedeschi —presidente también del Santander Consumer Bank, la filial italiana del Banco Santander—, la fiscalía investiga al director general del IOR, Paolo Cipriani. El directivo depurado se muestra enfurecido en sus declaraciones a la prensa: “Prefiero no hablar. Si lo hiciera, solo diría palabras feas. Me debato entre el ansia de explicar la verdad y no querer turbar al Santo Padre con tales explicaciones”. Tedeschi es de los pocos que guarda fidelidad al Papa. De hecho, fue el propio Joseph Ratzinger quien se lo recomendó a Bertone. Eran más que viejos amigos. El economista, miembro del Opus Dei, había colaborado con el Papa en la encíclica Caritas in veritate. Ahora la colaboración que le pedía era más terrenal y, por tanto, más difícil: rescatar de las manos del demonio las cuentas de Dios. Limpiar el Banco del Vaticano. Bertone y Tedeschi chocan. Trasciende que desde hace tiempo no se hablan. El economista amigo del Papa amenaza con dimitir. El secretario de Estado se le adelanta. Lo despide. Pero no se contenta con eso. En plena guerra de filtraciones, aparece un documento en el que se vapulea al ya ex presidente…

Como es habitual en los asuntos que conciernen al Vaticano, jamás se sabrá quién es el cuervo vestido de púrpura

El asunto queda en segundo lugar. Toda la atención está ahora puesta en la suerte de Paolo Gabriele. La primera pregunta es: ¿por qué lo hizo? La segunda: ¿para quién? Roma es tomada por una banda de cuervos anónimos que se dicen compañeros de Paoletto, una especie de cruzada contra los asuntos turbios del Vaticano. “Paoletto no está solo”, aseguran, “somos muchos, incluso muy arriba. Queremos defender al Papa, denunciar la corrupción, hacer limpieza en el Vaticano”. Las voces anónimas confirman lo que ya se sabía —el Vaticano es desde hace meses un campo de batalla entre distintas facciones que luchan por el poder—, pero sus teóricas intenciones son difíciles de creer. Tan increíbles como algunos de los detalles de la operación: al frente estaría una mujer y la tropa estaría formada por una pléyade de vengadores, desde cardenales a mayordomos, incluido un pirata informático. Su principal objetivo: proteger al Papa de Tarcisio Bertone.

Después de muchos días en silencio, el Papa habla. Pero no dice nada. Se remonta 20 siglos atrás para recordar que Jesús también fue traicionado. Acusa a los medios de comunicación de magnificar el problema y confirma a todos sus colaboradores —Tarcisio Bertone incluido— en sus puestos. Los muros del Vaticano se cierran aún más. El misterio, siempre presente en las historias religiosas y laicas de Roma, lo envuelve todo. ¿Ha hablado ya Paoletto? ¿Ha dicho si robó la correspondencia del Papa por su cuenta o por encargo? Tal vez sea el padre George, sentado junto a su fax, el único que sabe la verdad, tal vez el único que cumple su función de proteger al Papa. O tal vez no. Si en algo coinciden creyentes y descreídos de un lado y otro del Tíber es que, como es habitual en los asuntos que conciernen al Vaticano, jamás se sabrá la verdad. Nunca se conocerá el verdadero jefe de Paolo Gabriele, la identidad del cuervo vestido de púrpura. La Iglesia católica, que necesita de la fe para seguir existiendo, sigue sintiéndose cómoda en la oscuridad. “Ya tuvimos ese problema en el siglo XIII…”. En su primera encíclica —Deus caritas est (2005)—- Benedicto XVI citaba una frase de San Agustín que ahora suena profética:

—”Sin justicia, ¿qué son los reinos sino una gran banda de ladrones?”

Del veneno de los Borgia al pederasta Maciel

LOLA GALÁN

¿Cuervos en el Vaticano? ¿Maledicencia y cuentas pendientes solventadas en los medios de comunicación? Peccata minuta frente al historial de escándalos del Estado pontificio, un territorio de apenas medio kilómetro cuadrado donde las luchas de poder y la ambición sin límites han creado un microclima insano durante siglos. No hay que retrotraerse a los tiempos de los Borgia (convertidos con fama de envenenadores en chivos expiatorios de toda la depravación del Renacimiento italiano), para encontrar episodios sombríos en este supuesto centro de la espiritualidad cristiana. El 28 de septiembre de 1978 moría a los 65 años Juan Pablo I, el italiano Albino Luciani, a los 33 días de ser elegido Papa. Oficialmente, murió de un infarto, pero el cadáver de un pontífice no es sometido nunca a autopsia. Las teorías conspirativas se dispararon, hasta alcanzar al obispo Paul Marcinkus, responsable entonces del IOR (Instituto de Obras de Religión), la banca vaticana. ¿Se había negado Juan Pablo I a tapar el escándalo que sobrevolaba las finanzas vaticanas? Los datos que se conocen hacen poco plausible esta hipótesis, pero es cierto que Marcinkus, un fornido prelado estadounidense, de origen lituano, que se había convertido en la sombra de Pablo VI, tenía motivos para lamentar la muerte de este. Su relación con Michele Sindona, un banquero ligado a la Mafia, desató las sospechas sobre el manejo de dinero ilícito procedente de Estados Unidos. El escándalo estalló en 1982, con la bancarrota fraudulenta del Banco Ambrosiano, una institución católica de la que el Banco Vaticano era principal accionista. La Santa Sede aceptó pagar millones de dólares en compensaciones a entidades extranjeras afectadas por el hundimiento del Ambrosiano. Roberto Calvi, presidente del banco, y Sindona, optaron, supuestamente, por suicidarse. Marcinkus encontró, sin embargo, la protección de Juan Pablo II, sucesor del papa Luciani, que lo mantuvo en el cargo hasta 1989. Un año antes de que se consumara la bancarrota del Ambrosiano, el Papa polaco sufrió un atentado gravísimo, que las sucesivas investigaciones judiciales, y el posterior juicio no han logrado esclarecer del todo. Otro tanto puede decirse del asesinato, a manos de uno de los guardias suizos, del comandante de esta histórica tropa papal, Alois Estermann, el mismo día en que era confirmado en su puesto, en mayo de 1998. El Vaticano manejó mejor este asunto explosivo, pero tampoco logró evitar la gigantesca rumorología en torno a él. Eran años en los que Juan Pablo II viajaba por el mundo y recibía en el Vaticano, como a un amigo personal, al sacerdote Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, una comunidad de religiosos con enorme desarrollo y predicamento en México y otros países. Maciel era un personaje influyente en los palacios vaticanos y uno de los más queridos colaboradores del Papa. Con gran discreción, aportaba dinero a las arcas, siempre exhaustas, de la Iglesia, y llenaba con multitudes las ceremonias religiosas presididas por Wojtyla. Pero la conducta del mexicano estaba ya en boca de todo el mundo. Numerosas denuncias de exlegionarios lo describían como un sujeto cínico y amoral, y un pedófilo desatado. Juan Pablo II se resistió hasta su muerte, en la primavera de 2005, a que se tomaran medidas contra Maciel, que abandonó un año antes su puesto al frente de los legionarios, y murió en 2008, con 89 años, sin ser molestado por nadie. Joseph Ratzinger, que sucedió a Wojtyla al frente de la Iglesia con la promesa de acabar con la corrupción interna, archivó la investigación sobre Maciel. Pero a la muerte del fundador quedó claro su historial sexual de un depravado sin atenuantes.

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13/08/2012

O poder corrompe, o poder absoluto corrompe absolutamente

Filed under: Corrupção,Vaticano,Vatileaks — Gilmar Crestani @ 9:14 am

 

El mayordomo del Papa será juzgado por robo de documentos junto a un cómplice

Paolo Gabriele, de 46 años, está acusado de haber robado documentos confidenciales de Benedicto XVI

Agencias Ciudad del Vaticano13 AGO 2012 – 11:46 CET26

Paolo Gabriele, acompañando al Papa en mayo de 2012. / REUTERS

La justicia vaticana anunció este lunes que el mayordomo del Papa, Paolo Gabriele, será juzgado por robo de documentos junto a un cómplice, el experto en informática Claudio Sciaperlletti, cuyo nombre aparece por primera vez. Si es declarado culpable, Gabriele se enfrentará a una condena de entre uno y seis años de cárcel.

La investigación, sin embargo, no termina en Sciarpelletti, el analista y programador del Secretariado del Estado del Vaticano, que será juzgado como cómplice. Un portavoz del Vaticano ha anunciado que más personas están siendo investigadas. "No creemos haber terminado el trabajo… La investigación sigue abierta con respecto a otras personas que parecen estar implicadas", afirmó Federico Lombardi, citando declaraciones del fiscal Nicola Picardi.

Paolo Gabriele, que será juzgado por "robo agravado", fue detenido el pasado 23 de mayo, y permanece en arresto domiciliario desde el pasado 21 de julio, tras haber estado 53 días en una celda del Palacio del Tribunal, detrás de la basílica de San Pedro.

más información

El mayordomo del Papa, único detenido del caso hasta la fecha, está acusado de haber sustraído del despacho de su superior jerárquico, el secretario del Papa, Monseñor Georg Gänswein, numerosos mensajes, cartas y correos secretos, algunos de los cuales iban destinados a Benedicto XVI, y de haberlos fotografiados para filtrarlos al exterior. Gabriele, casado y padre de tres hijos, había conseguido ganarse la confianza del Papa desde que empezó a trabajar para él en 2006, por ello, su traición fue dolorosa para Benedicto XVI, según su entorno.

Uno de los abogados del mayordomo, Carlo Fusco, ha negado “categóricamente” que Gabriele sea el chivo expiatorio utilizado por personalidades más poderosas del Vaticano. “Sólo ha actuado por amor por el Papa”, ha asegurado. Este escándalo sin precedentes ha dado pábulo a todo tipo de rumores en los medios de comunicación italianos, que han especulado con la implicación de cardenales en un complot, una hipótesis que no ha sido confirmada por la Santa Sede.

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11/06/2012

Europa, vista a partir do Vaticano

Filed under: Vaticano — Gilmar Crestani @ 7:33 am

 

http://www.sul21.com.br/blogs/miltonribeiro/files/2012/06/A-Europa-segunaod-o-Vaticano.jpg

10/06/2012

El dinero sucio salpica al Vaticano

Filed under: Papa Benedito XVI,Vaticano,Vatileaks — Gilmar Crestani @ 10:42 am

É, Lúcifer também era anjo… Provavelmente da Opus Dei…

El banquero Gotti Tedeschi sospechaba que algunas de las cuentas cifradas abiertas en la Santa Sede ocultaban fondos ilícitos de empresarios, políticos y jefes de la Mafia

Pablo Ordaz Roma 9 JUN 2012 – 20:25 CET100

Benedicto XVI habla con Gotti Tedeschi en el Vaticano en 2010. / REUTERS

Durante los últimos meses al frente del banco del Vaticano, el economista Ettore Gotti Tedeschi, de 67 años, vivió temiendo que alguno de los hombres fuertes de la Iglesia, con birrete o sin él, diesen la orden de matarlo. Por si eso llegaba a suceder, construyó con paciencia de filatélico un voluminoso informe que su secretaria tendría que entregar tras su muerte a dos amigos suyos, un abogado y un periodista, para que ellos a su vez lo hicieran llegar a un tercer amigo: el Papa. Contenía el informe multitud de documentos —correos electrónicos, fotocopias de su agenda, apuntes a mano— que servirían para entender por qué Gotti Tedeschi fracasó en su misión de adecentar el Instituto para las Obras de Religión (IOR). El economista sospechaba que detrás de algunas de las cuentas cifradas del banco se ocultaba el dinero sucio de empresarios, políticos y hasta de jefes de la Mafia. Como sucede a veces en las películas, antes del asesino llegó la policía y se incautó del informe. Ahora es el Vaticano el que tiene miedo.

El Vaticano teme que se difundan los papeles incautados al banquero

No se trata de un miedo abstracto, no es temor de Dios. Es pánico verdadero a que Gotti Tedeschi, o la policía, o los fiscales, o tal vez los periodistas, saquen a la luz alguno de los documentos contenidos en el informe reservado o en los 47 archivadores que los Carabinieri —por orden de los fiscales de Nápoles y Roma— se llevaron de su casa. No es otra cosa que temor, aunque disfrazado de amenaza, lo que rezuma un comunicado hecho público por la sala de prensa del Vaticano el viernes por la tarde. El primer párrafo advierte: “La Santa Sede ha recibido con sorpresa y preocupación los recientes sucesos en los que está involucrado el profesor Gotti Tedeschi. Pone la máxima confianza en la autoridad judicial italiana para que las prerrogativas soberanas reconocidas a la Santa Sede por la normativa internacional sean respetadas adecuadamente”. El segundo párrafo amenaza: “La Santa Sede (…) está examinando con el mayor cuidado la eventual lesividad de las circunstancias”. La traducción al román paladino es bien clara: saquen sus manos de nuestros asuntos o todos ustedes —Gotti Tedeschi, policía, fiscales e incluso periodistas— se las tendrán que ver con nosotros en los tribunales.

El escándalo del Vaticano aumenta de nivel vertiginosamente. Las primeras noticias de que intramuros se libraba una guerra de poder muy poco piadosa entre sectores de la Curia llegaron a principios de año con la filtración de documentos secretos que hablaban, entre otros asuntos, de un exótico complot para eliminar al Papa y de la defenestración de monseñor Carlo María Viganò —el encargado de licitaciones y abastecimientos— tras denunciar diversos casos de corrupción. La fuga de documentos desembocó en la detención, el 25 de mayo, de Paolo Gabriele, el mayordomo del Papa, acusado de robar y filtrar cajas enteras de la correspondencia papal. Aquel golpe mediático —con sus adornos de cuervos infieles, laicas consagradas y un apuesto secretario papal que inspiró la colección de Donatella Versace en 2007— a punto estuvo de eclipsar un hecho capital acontecido un día antes: la destitución fulminante por “pérdida de confianza” del hasta ese momento presidente del IOR, Ettore Gotti Tedeschi, destacado miembro del Opus Dei y amigo de Joseph Ratzinger, a quien incluso había ayudado a redactar una encíclica. Sin embargo, aquel no fue un despido cualquiera. Los consejeros del IOR, recuerda el vaticanista Andrea Tornielli, dedicaron al propio Gotti Tedeschi un “documento durísimo, que lo demolía moral y profesionalmente al dar a entender que estaba involucrado en la fuga de documentos de los cuervos vaticanos”. No se trataba, por tanto, de deshacerse del amigo de Benedicto XVI. Se trataba de destruirlo.

Los enemigos de Gotti pidieron un informe psicológico para desacreditarle

La razón de tanta saña tal vez esté en los documentos encontrados el martes en su casa de Piacenza y en su despacho de Milán. Gotti Tedeschi señala en su informe: “Todo comenzó cuando pedí información sobre las cuentas que no pertenecían a religiosos”. Según varios medios italianos, durante su permanencia al frente del banco del Vaticano, al que llegó en 2009, fue descubriendo que, tras algunas cuentas cifradas, se escondía dinero sucio de “políticos, intermediarios, constructores y altos funcionarios del Estado”. Pero no solo. Como sostiene la fiscalía de Trapani (Sicilia), también Matteo Messina Denaro, el nuevo jefe de jefes de la Cosa Nostra, tendría su fortuna puesta a buen recaudo en el IOR a través de hombres de paja. Dicen que fue entonces cuando Gotti Tedeschi, quien se había tomado el encargo del Papa como una auténtica misión, empezó a tener miedo. Un miedo que lo llevó a procurarse una escolta y a elaborar, folio a folio, un expediente que solo vería la luz si era asesinado.

Pero la policía llegó primero. Y junto a los folios con correos electrónicos, fotocopias de la agenda y apuntes a mano, encontró dos listas de nombres. En una sin mucho interés figuran quienes Gotti Tedeschi considera amigos —el abogado, un periodista del Corriere della Sera, el mismísimo Pontífice —- y en la otra, más interesante, sus enemigos excelentes. Aquellos que, la tarde del 23 de mayo, escribieron una carta al secretario de Estado del Vaticano, cardenal Tarcisio Bertone, exigiéndole el despido del banquero de Dios porque “su cada vez más excéntrico comportamiento personal ya no es tolerable”. Se trataba de devolverle, a modo de bumerán, su propia acusación y achacarle ausencias injustificadas, falta de transparencia… La petición triunfó. Gotti fue despedido sin honra ni honor.

Pero, por si fracasaba aquella estrategia, los enemigos de Gotti Tedeschi ya tenían preparada una segunda. Habían encargado a un “psicoterapeuta e hipnoterapeuta” con licencia para trabajar en el Vaticano una especie de informe en el que, además de “egocéntrico y narcisista”, se acusaba al banquero de estar desequilibrado, de creerse víctima de una conspiración judeo-masónica. No hay quien gane en crueldad a los hombres de Dios cuando juegan a suplantar al diablo. Dice la policía que cuando, en la soledad de su casa, Gotti Tedeschi fue redactando su informe secreto temía verdaderamente por su vida. Tenía miedo a que sus enemigos intentasen aún una tercera y definitiva estrategia. Por eso, cuando el capitán de los Carabinieri le informó de que iba a proceder a un registro, el amigo del Papa respondió con alivio: “¡Ah!, creí que veníais a pegarme un tiro”.

El dinero sucio salpica al Vaticano | Internacional | EL PAÍS

03/06/2012

Nido de cuervos en el Vaticano

Filed under: Igreja Católica,Vaticano,Vatileaks — Gilmar Crestani @ 10:03 am

E o problema maior do Vaticano talvez não seja os corvos que por lá defecam, quando na verdade são sintomas de um mal maior. Se o Vaticano servisse para algo maior e melhor na causa cristã, não perseguiria os mais necessitados e se perfilasse diante de estados notadamente assassinos, como EUA e Alemanha. Não apoiaria fanáticos do tipo Opus Dei ou Los Kikos, nascidos e amestrados na Espanha, ou lutaria contra a Teologia da Libertação. Teria sido mais rápida em condenar a participação da Igreja Católica na Ditadura Argentina, com teria pedido o afastamento de Bispos Brasileiros que apoiaram a ditadura, como Eugênio Salles e Dom Vicente Scherer.

 

La detención del mayordomo del Papa ha dejado al descubierto una guerra de poder en el Vaticano. El cardenal Bertone ha enviado al exilio a algunos de sus colaboradores más queridos. Benedicto XVI trata de obtener una tregua, pero la lucha es encarnizada

Pablo Ordaz 3 JUN 2012 – 00:00 CET188

El secretario de Estado del Vaticano Tarcisio Bertone, cuando concluyó el cónclave que eligió al Papa Benedicto XVI en 2005. / Alessandro Bianchi (REUTERS)

En esta historia llena de traición, malas artes, soldados del Altísimo que luchan por el poder con armas del demonio, un mayordomo ladrón, un Papa enfermo y un banco que usa el nombre de Dios en vano, tal vez el único hombre bueno sea el padre George.

George Gänswein es alemán, tiene 57 años, 1.80 de estatura, cuerpo de atleta, pelo rubio, ojos claros. Desde hace nueve años es el secretario personal de Joseph Ratzinger y, desde hace algunos meses, su único antídoto contra el aire envenenado del Vaticano. Un día no muy lejano, a su número de fax —al alcance de muy pocos— llegó una carta muy comprometedora dirigida al Papa. Después de que Benedicto XVI la leyese, monseñor Gänswein decidió guardarla en su pequeña oficina situada dentro del apartamento papal. No convenía que aquella misiva anduviese danzando por un Vaticano convertido en campo de batalla. Por eso, cuando el padre George la vio publicada en un libro junto a decenas de documentos secretos, supo enseguida que el traidor, el cuervo, el topo, tenía que ser alguien muy cercano. Alguien de la familia.

Así se les llama intramuros. La familia pontificia. La familia del Papa. Los habitantes del Apartamento —así, con A mayúscula, lo escriben en el Vaticano—en el que Joseph Ratzinger, más casero que su antecesor, el muy viajero Karol Wojtila, pasa la mayor parte del día. Además del padre George y del otro secretario, el sacerdote maltés Alfred Xuereb, “la familia del Papa” está compuesta por cuatro laicas consagradas —Carmela, Loredana, Cristina y Rosella—, una monja que le ayuda en los trabajos de estudio y escritura, sor Birgit Wansing, y un asistente de cámara, Paolo Gabriele, su fiel Paoletto, el primero que desde hace seis años le da los buenos días, lo ayuda a vestirse y a celebrar la misa, lo acompaña en todas las audiencias públicas y privadas, le sirve el café del desayuno, el vino de la comida y la infusión de la tarde, lo acompaña en sus paseos por el jardín de la azotea y, al caer la noche, le ayuda a desvestirse para irse a la cama.

Los cardenales acusan al secretario de Estado de ambición desmedida y de dejarse influir por “ambientes masónicos”

—Buenas noches, Santidad.

La noche del martes 22 de mayo es la última que Paolo Gabriel, de 46 años, casado y con tres hijos, en posesión de la doble ciudadanía italiana y vaticana, acompaña al Papa. Al día siguiente, la Gendarmería del Vaticano se presenta en su casa de Vía de Porta Angelica, sobre el mismo muro que separa los dos Estados, y lo detiene. El secreto se mantiene dos días. El viernes 25, la noticia se filtra: detenido el mayordomo del Papa por desvelar y difundir documentos secretos. Los periodistas buscan imágenes del cuervo o traidor. No les resulta difícil encontrarlas. Basta con mirar las fotos del papamóvil. Junto al chófer, siempre con gesto serio, aparece Paolo Gabriel. Detrás, de pie, impartiendo bendiciones, el Papa, y en el último asiento, sonriente, el padre George…

Según una carta secreta, Benedicto XVI está dejando todo atado para que su sucesor sea el arzobispo de Milán

Si no fuera por su físico —la revista Vanity Fair lo llegó a llamar monseñor George Clooney—, el teólogo alemán sería un perfecto desconocido. Hasta hace unos meses, George Gänswein ejecutaba en exclusiva su papel de discreto ayudante de Joseph Ratzinger, su sombra desde que, en 1996, el entonces cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la antigua Inquisición, lo llamara a su lado. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, el padre George no ha tenido más remedio que desempeñar un papel más delicado: el de pasadizo secreto para ver al Papa. A sus 85 años, Benedicto XVI vive aislado en su apartamento, acorralado por las luchas entre los cardenales que tratan de ganar poder antes de la celebración del próximo cónclave. Ratzinger es un hombre anciano y enfermo, pero sobre todo es un hombre solo. Su viejo amigo y teórica mano derecha, Tarcisio Bertone, el secretario de Estado del Vaticano, se ha ido alejando de él y, al tiempo, se ha convertido en el enemigo a batir por el resto de los cardenales italianos. Lo acusan de una ambición desmedida, de relaciones peligrosas con los poderes fuertes italianos, incluso de dejarse influir por “ambientes masónicos”. El Papa, que en los últimos tiempos ha observado con tristeza cómo el cardenal Bertone ha despedido o enviado al exilio a algunos de sus colaboradores más queridos, siempre responde con la misma frase a quien le aconseja cambiar de secretario de Estado: “Ya soy un Papa viejo…”. Trata de obtener una tregua, pero el resultado es el contrario. La lucha es cada vez más encarnizada. Bertone se radicaliza y sus enemigos tampoco descansan. Sentado junto al fax del Apartamento, el padre George sigue recibiendo cartas espeluznantes dirigidas a Benedicto XVI.

Joseph Ratzinger no se parece en nada a Karol Wojtila. Bien es cierto que los unía una gran amistad y que Juan Pablo II se apoyó en el cardenal alemán hasta su muerte. El polaco era luminoso, cordial, infatigable. Se pasaba el día estrechando manos, sonriendo, recorriendo el mundo. Hasta el punto que, todavía hoy, cuando uno pasea por el centro de Roma, da la impresión de que el Papa sigue siendo el polaco, porque son sus postales las más presentes, las que más se venden. No era difícil, por tanto, hablar con Juan Pablo II, hacerle pasar un mensaje. A Benedicto XVI, en cambio, no le apasionan las relaciones humanas. Es tímido, aunque cordial, concienzudo, paciente, amante de la lectura, más pendiente de los asuntos del cielo que de los de la tierra. De hecho, solo algunos cardenales escogidos —Ruini, Scola, Bagnasco— han logrado mostrarle personalmente su opinión desfavorable a Bertone. Sucedió hace un año, durante un almuerzo en el palacio de Castel Gandolfo, la residencia veraniega del Papa. El resto se tiene que conformar con utilizar un canal. El del fax del padre George Gaenswein…

Los cargos financieros están en manos italianas, pese a que los norteamericanos son los mayores contribuyentes

Un canal que, desde el pasado verano, deja de ser seguro. El primer golpe llega con la divulgación, a través de un programa de televisión, de una carta del arzobispo Carlo Maria Viganò, actual nuncio en Estados Unidos, en la que le cuenta al Papa diversos casos de corrupción dentro del Vaticano y le pide no ser removido de su cargo como secretario general del Governatorato —el departamento que se encarga de licitaciones y abastecimientos—. Viganò, sin embargo, es enviado lejos de Roma por el secretario de Estado, Tarcisio Bertone. Distintas fuentes aseguran que el Papa llegó a llorar con aquella decisión, pero no se atrevió a contradecir a Bertone. La segunda filtración destapa un supuesto compló para matar al Pontífice. Se trata de una carta muy reciente enviada a Benedicto XVI por el cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos en la que le cuenta que el cardenal italiano Paolo Romeo, arzobispo de Palermo (Sicilia), acaba de realizar un viaje a China durante el cual habría comentado: “El Papa morirá en 12 meses”. Pero no solo eso. Según la carta del obispo colombiano, escrita en alemán y bajo el sello de “estrictamente confidencial”, el arzobispo de Palermo se ha despachado a gusto en el país asiático contando supuestos secretos del Vaticano tales como que el Papa y su número dos, Tarcisio Bertone, se llevan a matar y que Benedicto XVI está dejando todo atado y bien atado para que su sucesor al frente de la Iglesia sea el actual arzobispo de Milán, el cardenal Angelo Scola. Aquellas filtraciones de documentos, aunque todavía con cuentagotas, conmocionan al Vaticano. Su portavoz, el padre Federico Lombardi, llega a admitir que la Iglesia está sufriendo su particular Vaticanleaks. L’Osservatore romano publica un editorial en el que se describe la situación de Benedicto XVI: un pastor rodeado por lobos.

Paolo Gabriele, mientras tanto, sigue llegando cada día a las seis de la mañana al Apartamento para despertar al Papa. Es un privilegiado. Todos los trabajadores del Vaticano lo son. No ganan un gran sueldo, pero forman parte de la plantilla de una empresa con 20 siglos de antigüedad, que difícilmente irá a la quiebra, con prestigio social en la ciudad de Roma y una serie de ventajas —vivienda dentro de las 40 hectáreas del Vaticano, gasolina muy barata— que en la mayoría de los casos heredan sus hijos. La tormenta que esos días —finales de 2011— azota a la Iglesia amainará. Como siempre por los siglos de los siglos. Hay una anécdota muy representativa. Hace unos años, un periodista español le preguntó a un cardenal por un conflicto en el seno de la Iglesia. El purpurado, muy serio, inició así su respuesta: “Ya tuvimos ese problema en el siglo XIII…”.

La Banca del Vaticano está siendo sometida a una investigación por supuesta violación de normas antiblanqueo

La respuesta, aun con otras palabras, sigue siendo la misma, incluso la más común durante los días posteriores a la detención de Paoletto: “Ya tuvimos problemas parecidos, e incluso mayores, y siempre salimos adelante. Tal vez lo que ahora cambie es la velocidad y la magnitud en la difusión de la noticia. Eso, y no su gravedad, es lo que agranda el problema”. Un problema, una guerra de poder, puramente italiana. Tanto los apellidos que ilustran esta historia de intrigas y golpes bajos como las armas elegidas para el duelo tienen denominación de origen. “Un típico juego italiano”, lo califican algunos medios de información. Hay, además, una razón de peso para que sea así. La silla de Pedro lleva siendo ocupada por un extranjero desde 1978. A un Papa polaco (Juan Pablo II, desde 1978 a 2005) lo sucedió un Papa alemán (Benedicto XVI, desde entonces a hoy) y, si los cardenales italianos menores de 80 años —los únicos que pueden participar en el cónclave— no andan espabilados, pueden perder una oportunidad de oro. A día de hoy, los purpurados electores son 122. Italianos, 30 (menos de un cuarto), estadounidenses, 11, y alemanes, 6. Si cuando Joseph Ratzinger muera, o dimita, no le sucede un italiano, la próxima vez será más difícil.

Antes incluso del escándalo, ya era patente el excesivo peso de la Iglesia italiana en el Vaticano. Prácticamente todos los cargos de responsabilidad relacionados con las finanzas están en manos italianas, aunque sean norteamericanos y alemanes los mayores contribuyentes. De igual forma, aunque América, Asia y África sean ya más el presente que el futuro de la Iglesia católica, en el último consistorio, celebrado el 18 de febrero pasado, no fue nombrado cardenal ningún africano y solo un latinoamericano. Hace unos días, un alto representante del Vaticano manifestaba su contrariedad: “En América Latina está ya el 47% de los católicos del mundo. Allí las iglesias están llenas y en Europa vacías, pero al Vaticano les sigue costando mucho nombrar cardenales que no sean europeos…”. Miloslav Vlk, cardenal de Praga y portavoz de la Iglesia Internacional, lo dice sin tapujos: “Tal vez hemos perdido el impulso que nos dio Pablo VI y Juan Pablo II y luego recogido por Benedicto XVI: una Iglesia que se abra al mundo, un colegio cardenalicio y una Curia más internacional y por tanto más capaz de escuchar las voces y recoger la energía que llegan también de lejos”.

La detención del mayordomo se produce unas horas después de otro hecho muy grave. El despido fulminante de Ettore Gotti Tedeschi, presidente del Instituto para las Obras de Religión (IOR), conocido como el Banco Vaticano. La primera explicación habla de “irregularidades en su gestión”, pero enseguida el tono va subiendo hasta llegar casi al linchamiento. La primera explicación oficial achaca al economista, de 67 años, “no haber desarrollado funciones de primera importancia para su cargo”. Lo cierto es que la Banca del Vaticano está siendo sometida desde el pasado septiembre a una investigación judicial por supuesta violación de las normas contra el blanqueo de capitales. Además de a Gotti Tedeschi —presidente también del Santander Consumer Bank, la filial italiana del Banco Santander—, la fiscalía investiga al director general del IOR, Paolo Cipriani. El directivo depurado se muestra enfurecido en sus declaraciones a la prensa: “Prefiero no hablar. Si lo hiciera, solo diría palabras feas. Me debato entre el ansia de explicar la verdad y no querer turbar al Santo Padre con tales explicaciones”. Tedeschi es de los pocos que guarda fidelidad al Papa. De hecho, fue el propio Joseph Ratzinger quien se lo recomendó a Bertone. Eran más que viejos amigos. El economista, miembro del Opus Dei, había colaborado con el Papa en la encíclica Caritas in veritate. Ahora la colaboración que le pedía era más terrenal y, por tanto, más difícil: rescatar de las manos del demonio las cuentas de Dios. Limpiar el Banco del Vaticano. Bertone y Tedeschi chocan. Trasciende que desde hace tiempo no se hablan. El economista amigo del Papa amenaza con dimitir. El secretario de Estado se le adelanta. Lo despide. Pero no se contenta con eso. En plena guerra de filtraciones, aparece un documento en el que se vapulea al ya ex presidente…

Como es habitual en los asuntos que conciernen al Vaticano, jamás se sabrá quién es el cuervo vestido de púrpura

El asunto queda en segundo lugar. Toda la atención está ahora puesta en la suerte de Paolo Gabriele. La primera pregunta es: ¿por qué lo hizo? La segunda: ¿para quién? Roma es tomada por una banda de cuervos anónimos que se dicen compañeros de Paoletto, una especie de cruzada contra los asuntos turbios del Vaticano. “Paoletto no está solo”, aseguran, “somos muchos, incluso muy arriba. Queremos defender al Papa, denunciar la corrupción, hacer limpieza en el Vaticano”. Las voces anónimas confirman lo que ya se sabía —el Vaticano es desde hace meses un campo de batalla entre distintas facciones que luchan por el poder—, pero sus teóricas intenciones son difíciles de creer. Tan increíbles como algunos de los detalles de la operación: al frente estaría una mujer y la tropa estaría formada por una pléyade de vengadores, desde cardenales a mayordomos, incluido un pirata informático. Su principal objetivo: proteger al Papa de Tarcisio Bertone.

Después de muchos días en silencio, el Papa habla. Pero no dice nada. Se remonta 20 siglos atrás para recordar que Jesús también fue traicionado. Acusa a los medios de comunicación de magnificar el problema y confirma a todos sus colaboradores —Tarcisio Bertone incluido— en sus puestos. Los muros del Vaticano se cierran aún más. El misterio, siempre presente en las historias religiosas y laicas de Roma, lo envuelve todo. ¿Ha hablado ya Paoletto? ¿Ha dicho si robó la correspondencia del Papa por su cuenta o por encargo? Tal vez sea el padre George, sentado junto a su fax, el único que sabe la verdad, tal vez el único que cumple su función de proteger al Papa. O tal vez no. Si en algo coinciden creyentes y descreídos de un lado y otro del Tíber es que, como es habitual en los asuntos que conciernen al Vaticano, jamás se sabrá la verdad. Nunca se conocerá el verdadero jefe de Paolo Gabriele, la identidad del cuervo vestido de púrpura. La Iglesia católica, que necesita de la fe para seguir existiendo, sigue sintiéndose cómoda en la oscuridad. “Ya tuvimos ese problema en el siglo XIII…”. En su primera encíclica —Deus caritas est (2005)—- Benedicto XVI citaba una frase de San Agustín que ahora suena profética:

—”Sin justicia, ¿qué son los reinos sino una gran banda de ladrones?”

Del veneno de los Borgia al pederasta Maciel

LOLA GALÁN

¿Cuervos en el Vaticano? ¿Maledicencia y cuentas pendientes solventadas en los medios de comunicación? Peccata minuta frente al historial de escándalos del Estado pontificio, un territorio de apenas medio kilómetro cuadrado donde las luchas de poder y la ambición sin límites han creado un microclima insano durante siglos. No hay que retrotraerse a los tiempos de los Borgia (convertidos con fama de envenenadores en chivos expiatorios de toda la depravación del Renacimiento italiano), para encontrar episodios sombríos en este supuesto centro de la espiritualidad cristiana. El 28 de septiembre de 1978 moría a los 65 años Juan Pablo I, el italiano Albino Luciani, a los 33 días de ser elegido Papa. Oficialmente, murió de un infarto, pero el cadáver de un pontífice no es sometido nunca a autopsia. Las teorías conspirativas se dispararon, hasta alcanzar al obispo Paul Marcinkus, responsable entonces del IOR (Instituto de Obras de Religión), la banca vaticana. ¿Se había negado Juan Pablo I a tapar el escándalo que sobrevolaba las finanzas vaticanas? Los datos que se conocen hacen poco plausible esta hipótesis, pero es cierto que Marcinkus, un fornido prelado estadounidense, de origen lituano, que se había convertido en la sombra de Pablo VI, tenía motivos para lamentar la muerte de este. Su relación con Michele Sindona, un banquero ligado a la Mafia, desató las sospechas sobre el manejo de dinero ilícito procedente de Estados Unidos. El escándalo estalló en 1982, con la bancarrota fraudulenta del Banco Ambrosiano, una institución católica de la que el Banco Vaticano era principal accionista. La Santa Sede aceptó pagar millones de dólares en compensaciones a entidades extranjeras afectadas por el hundimiento del Ambrosiano. Roberto Calvi, presidente del banco, y Sindona, optaron, supuestamente, por suicidarse. Marcinkus encontró, sin embargo, la protección de Juan Pablo II, sucesor del papa Luciani, que lo mantuvo en el cargo hasta 1989. Un año antes de que se consumara la bancarrota del Ambrosiano, el Papa polaco sufrió un atentado gravísimo, que las sucesivas investigaciones judiciales, y el posterior juicio no han logrado esclarecer del todo. Otro tanto puede decirse del asesinato, a manos de uno de los guardias suizos, del comandante de esta histórica tropa papal, Alois Estermann, el mismo día en que era confirmado en su puesto, en mayo de 1998. El Vaticano manejó mejor este asunto explosivo, pero tampoco logró evitar la gigantesca rumorología en torno a él. Eran años en los que Juan Pablo II viajaba por el mundo y recibía en el Vaticano, como a un amigo personal, al sacerdote Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, una comunidad de religiosos con enorme desarrollo y predicamento en México y otros países. Maciel era un personaje influyente en los palacios vaticanos y uno de los más queridos colaboradores del Papa. Con gran discreción, aportaba dinero a las arcas, siempre exhaustas, de la Iglesia, y llenaba con multitudes las ceremonias religiosas presididas por Wojtyla. Pero la conducta del mexicano estaba ya en boca de todo el mundo. Numerosas denuncias de exlegionarios lo describían como un sujeto cínico y amoral, y un pedófilo desatado. Juan Pablo II se resistió hasta su muerte, en la primavera de 2005, a que se tomaran medidas contra Maciel, que abandonó un año antes su puesto al frente de los legionarios, y murió en 2008, con 89 años, sin ser molestado por nadie. Joseph Ratzinger, que sucedió a Wojtyla al frente de la Iglesia con la promesa de acabar con la corrupción interna, archivó la investigación sobre Maciel. Pero a la muerte del fundador quedó claro su historial sexual de un depravado sin atenuantes.

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01/06/2012

A Santa Fede

Filed under: Corrupção,Papa Benedito XVI,Vaticano,Vatileaks — Gilmar Crestani @ 8:50 am

 

LA STORIA

Il Corvo e il Cardinale, i segreti
della guerra che scuote il Vaticano

Il braccio di ferro nella Santa Sede sul potere di Bertone. "Qui c’è una buona quantità di ricattatori, di ricattati e una percentuale ridotta di uomini di fede: tra questi i Santi che tengono i piedi la Chiesa". Padre Georg è il canale per informare il Papa senza transitare dalla Segreteria di Stato

Lo leggo dopo

Il Corvo e il Cardinale, i segreti della guerra che scuote il VaticanoBenedetto XVI con il cardinale Bertone

  • APPROFONDIMENTI

di EZIO MAURO
IL VOLO del corvo sulle mura vaticane (dove un tempo s’innalzava nei mosaici di San Pietro la più nobile fenice, simbolo della verginità immacolata ma ancor più della dignità della Chiesa che non muore) è in realtà soltanto il penultimo atto di una battaglia medievale spostata nel ventunesimo secolo. Dunque spettacolare per i media, infarcita di simboli come un romanzo popolare sui poteri occulti, clamorosa nel rovesciamento pubblico di quel "segreto" che è buona parte del mistero della potestà papale fin da Bonifacio VIII che ebbe la cura e la preveggenza, dopo aver nominato il suo cameriere, di non rivelarne mai il nome, per evitare pubblici guai.
Oggi tutto il mondo conosce il nome di Paolo Gabriele, il maggiordomo di Benedetto XVI finito in una cella vaticana di quattro metri per quattro, con l’accusa di essere l’uomo della cospirazione: appunto il corvo. Ma chi vive all’interno delle Mura sa che la partita è più larga, conta molti protagonisti in più, e soprattutto dura da molto tempo. La vera posta è la Segreteria di Stato, cioè il governo della Santa Sede, la carica ecclesiastica più alta sotto il trono papale. Per cominciare bisogna andare indietro negli anni, alla prima insofferenza organizzata di 15 cardinali contro Tarcisio Bertone, pochi mesi dopo la sua nomina a Segretario di Stato al posto di Angelo Sodano.
A Bertone, fedelissimo del Papa fin dagli anni passati all’ex Sant’Uffizio, nessuno

rimprovera incapacità e inesperienza nel ruolo importantissimo che svolge. Piuttosto l’ambizione di occupare spazi altrui (come dimostra il conflitto permanente con la Cei, cioè con Bagnasco, sulla titolarità del "protettorato" da esercitare nei confronti della "cattolicissima Italia"), la disinvoltura nelle relazioni con il mondo italiano della politica e della finanza, i metodi salesiani e sbrigativi all’interno, nella costruzione meticolosa di un sistema di potere.
Contro Bertone si muovono cardinali in gruppo e isolati. Le Eminenze che possono, ne parlano al Papa, com’è successo un anno fa durante un pranzo a Castel Gandolfo con i cardinali Ruini, Scola e Bagnasco; altri gli scrivono; chi non arriva al pontefice, si lamenta negli uffici e nei corridoi. "Qui dentro – dice chi mi fa da guida e mi aiuta a capire – c’è una buona quantità di ricattatori, un numero uguale di ricattati, una massa di employé, e una percentuale ridotta di uomini di fede: tra questi ci sono i Santi, che tengono in piedi la Chiesa. E in questa fase di disorientamento tutti vanno dai Santi, per avere un conforto, qualche certezza". Anche perché a chi gli ha parlato criticando Bertone, Benedetto XVI ha risposto più volte nello stesso modo: "Noi siamo un Papa vecchio": come a dire che non ha un lungo orizzonte di pontificato davanti a sé, e non se la sente di rovesciare la governance della Santa Sede, ricominciando a 85 anni con un nuovo Segretario di Stato con il quale non ha consuetudine, proprio lui che ascolta preferibilmente gli uomini con cui ha un’amicizia antica, meglio se storica, comunque collaudata e a prova di inquietudini e sorprese.
Sul tavolo del Papa si sono così accumulati messaggi d’ogni tipo, giusti e anche ingiusti, contro il suo collaboratore più vicino, persino l’ultima velenosa accusa – documentata e inedita – sull’uso di aerei di Stato italiani per i suoi spostamenti veloci. Ma il Pontefice sa bene che i capi d’imputazione veri sono contenuti in tre lettere – rivelate dal "Fatto" e dalla trasmissione "Gli Intoccabili" – che proprio il corvo ha fatto uscire dai Sacri Palazzi negli ultimi mesi. Una missiva del segretario del Governatorato della Città del Vaticano, arcivescovo Carlo Maria Viganò (oggi rimosso da Bertone e inviato a Washington come Nunzio apostolico), che denuncia una serie di malversazioni, traffici e complotti in Vaticano ma soprattutto sostiene – dietro gli omissis, dice chi ha letto gli originali – che il Segretario di Stato è influenzato da personaggi esterni e da "ambienti massonici", che gli tolgono autonomia. Poi la lettera del cardinale Dionigi Tettamanzi indirizzata direttamente al Papa per chiedergli se davvero ha ispirato la richiesta che Bertone ha rivolto a nome di Benedetto XVI all’ex vescovo di Milano, spingendolo a lasciare la presidenza dell’istituto Toniolo, che controlla due giganteschi centri d’influenza e di potere come l’università Cattolica e il Policlinico Gemelli. Infine, la lettera del cardinale Attilio Nicora, presidente dell’AIF, l’Autorità di Informazione Finanziaria del Vaticano, che denuncia il rifiuto dello Ior, la Banca della Santa Sede, di dare informazioni trasparenti su movimenti bancari sospetti prima dell’entrata in vigore della legge vaticana antiriciclaggio, il 1° aprile 2011.
Sono tre accuse pesanti per il cardinal Bertone: condizionamento esterno nella guida del governo vaticano; abuso della delega papale nel rapporto coi vescovi; mancanza di chiarezza nella gestione dei fondi Ior, la banca che ha già coperto misteri vergognosi. La questione finanziaria è talmente delicata e rilevante che ha portato più di un anno fa alla rottura tra Bertone e Ettore Gotti Tedeschi, suggerito al Segretario di Stato come presidente dello Ior direttamente dal Papa, con cui aveva collaborato per la stesura dell’enciclica "Caritas in veritate". Gotti riceve da Benedetto XVI il mandato di rendere lo Ior "limpido". Lavora per portare la banca nella white list dove stanno le democrazie occidentali, fa approvare una legge antiriciclaggio e istituisce un’autorità di controllo interna, l’Aif. Ma subito dopo, si accorge che il Vaticano dice una cosa e ne fa un’altra, vede le norme cambiare, l’autorità scavalcata, la trasparenza ingannata. Rompe con Bertone e minaccia le dimissioni. Ma il Segretario di Stato lo precede – forse temendo rivelazioni – e restando ufficialmente all’oscuro di tutto lo fa sfiduciare all’unanimità dal Consiglio di Sovrintendenza dello Ior con un attacco ad personam del Cavaliere di Colombo Carl Anderson, per delegittimare preventivamente le eventuali notizie scomode che Gotti potrebbe dare un giorno.
Sulla Banca si gioca uno scontro di potere concreto. In passato per i forzieri dell’Istituto per le Opere di Religione è transitato di tutto: dal conto "omissis" di Andreotti ai soldi del democristiano Prandini, che aveva affittato addirittura il conto del demonologo Padre Balducci, ai fondi di Luigi Bisignani, l’ultimo faccendiere di Stato campione di tutti gli intrighi che cominciano con la lettera P, cioè P2, P3 e P4. Ma il problema non riguarda tanto il passato, con storie che sembrerebbero pittoresche se non fossero ignobili anche per una banca non religiosa, quanto il futuro immediato. Con tutti i Paesi democratici che dopo l’11 settembre si adeguano alla trasparenza dei movimenti finanziari, l’opacità voluta, insistita e ricercata dallo Ior può essere una finestra d’opportunità criminale per operazioni d’ogni genere, con il rischio – denunciato nella sua lettera dal cardinal Nicora – "di un conseguente colpo alla reputazione della Santa Sede".
È quello che gli avversari di Bertone ripetono al Papa, ogni volta che possono. E questa insistenza ha creato involontariamente un antagonista di Bertone, proprio alla Seconda Loggia. È Padre Georg Gaenswein, il segretario del Papa: un uomo che non ha mai creato correnti e non ha ambizioni di potere, ma "vuole soltanto il bene del Papa, e quindi della Chiesa", come dice chi lo conosce da vicino. Ma Georg, nella vecchiaia distante di Ratzinger, è diventato l’orecchio a cui si indirizzano tutte le proteste, e soprattutto il canale per trasmettere informazioni dirette al Papa, senza transitare come si faceva prima dalla Segreteria di Stato: basta passare dal salottino ristretto con due sedie imbottite davanti a una scrivania minuta, dove Monsignore compare entrando da una porta mimetizzata nella parete di sinistra. Ci passano in molti. Fatalmente Padre Georg senza volerlo si è così trovato ad incarnare l’immagine di uno dei due duellanti dello scontro in atto attorno all’Appartamento papale. Il segretario contro il Segretario.
Così, arriviamo al penultimo atto. Non ottenendo una reazione immediata dal Papa alle loro denunce, gli avversari di Bertone inventano il corvo, un gruppo organizzato di persone che rivela documenti riservati scritti contro il Segretario di Stato, con il doppio scopo di mostrare al Papa la clamorosa verità di una governance che fa acqua da tutte le parti, e di minare all’esterno l’autorità di Sua Eminenza, mettendolo in difficoltà per cercare di spingerlo a lasciare. Un’operazione primitiva e modernissima nella sua violenza elementare, fatta di carta e d’inchiostro nell’epoca del web. Trasportare all’esterno i veleni e gli intrighi fino a ieri coperti dalle Sacre Mura, nell’abitudine anagrafica e curiale di metterli per scritto, colpendo i nemici in bella calligrafia e chiamandoli sempre Eminenze Reverendissime. Per poi farli rimbalzare, quei veleni e quegli intrighi, all’interno dei Palazzi, ingigantiti dal clamore pagano – divertito e scandalizzato – del mondo di fuori. Ma la reazione di Bertone è intelligente e mirata: prima di tutto, un clima di polizia dentro le mura, con tutti che si sentono controllati nella persona, negli incontri, nelle conversazioni telefoniche, e non importa che lo siano davvero. Basta sia chiaro che se il Papa ha le chiavi di Pietro, e può serrare o disserrare le porte del Cielo, le chiavi del regno terreno sono saldamente in mano al Segretario di Stato, che può chiudere o aprire carriere e percorsi di laici, monsignori e porporati. Poi, l’avvertimento a Padre Georg e soprattutto a chi si rivolge troppo frequentemente a lui: quel maggiordomo così interno all’Appartamento, così vicino alla "famiglia" ristretta che circonda il Pontefice, e così ingigantito nella dimensione criminale da riassumere in sé – per comodità investigativa, politica e strategica – la molteplicità dei corvi che si sono mossi insieme in questi mesi: chi ha dato per anni fiducia al corvo-maggiordomo? Chi doveva vigilare sull’inviolabilità dell’Appartamento, e soprattutto sulla sicurezza delle carte del Papa? Come a dire: invece di lasciar attaccare la Segreteria, guardatevi in casa. "Da Innocenzo III – spiega la nostra guida – il Papa viene detto anche "dominatore dei mostri": bene, come ognuno di noi, deve purtroppo cominciare da quelli domestici".
In realtà il Papa assiste a questa profana guerra non di religione ma di religiosi senza saper come intervenire. La sapienza e la tradizione non lo aiutano. La storia vaticana è piena di lettere segrete del pontefice, che venivano contrassegnate proprio dal sigillo dell’anello piscatorio, simbolo di Pietro, che consegnava al segreto in perpetuo anche i "brevi", scritti su pelle di agnello nato morto dai segretari del pontefice. E già da Benedetto III in poi la cancelleria apponeva alle lettere papali più delicate delle "bolle" di piombo con le sacre immagini di Pietro e Paolo, segno della gran cura religiosa necessaria per custodire con fede la riservatezza degli "interna corporis", quando riguardano il Papa. Ma oggi, non è più tempo di piombo e soprattutto non è tempo di agnelli. Al Papa piuttosto qualcuno in questi giorni ha ricordato le parole di Geremia: "Issate un segnale verso il muro di Babilonia, rafforzate le guardie, ponete sentinelle, preparate gli agguati".
Già, ma cosa può fare il Papa? Sembra di risentire le parole del cardinal Poupard nel dicembre 2000, era finale del woytjlismo: "In Vaticano si vive in regime di inadempienza costituzionale. Il Santo Padre non controlla la Curia. Il Segretario di Stato procede in proprio. I dossier vanno e vengono privi di firma o di sigla. Si dubita che il Papa possa avere l’energia sufficiente per leggerli. E soprattutto non si sa neanche se gli vengono sottoposti". Sullo sfondo dei suoi silenzi, Benedetto XVI vede avvicinarsi l’ombra del conclave, le guerre di posizione, gli schieramenti, i giochi degli "italiani", i dubbi degli stranieri, la Curia sotto choc, tutto il mondo che improvvisamente rivaluta le trame di Dan Brown che fino a ieri sembravano infantili ed esagerate, e oggi sono sopravanzate dalla realtà vaticana. Tanto che lo stesso Gotti Tedeschi, dicono, si è confidato con un amico cardinale confessando che "è finito un sogno, ma soprattutto è finito un incubo".
Chi preme sul Papa contro Bertone spiega che lo fa per difendere il ruolo e l’autorità della Chiesa cattolica apostolica e romana, e il Pontefice. Ma come si può voler difendere il Papa, e poi forzare il suo silenzio con l’evidenza clamorosa del corvo, che toglie ogni immagine di sacralità e di fraternità alla vita oltre le Sacre Mura? Voi laici, dice chi mi accompagna, non capite che è in gioco qualcosa di più del galateo profano e della stessa bontà d’animo cristiana, qualcosa che interpella il soprannaturale. Perché il Papa è ascoltato nel mondo quando parla del bene e del male proprio in quanto la sua autorità non è solo terrena e pertanto non viene messa in discussione. Bene, oggi siamo al punto in cui viene in discussione la credibilità del Papa, la sua autorità: e se il Papa perde credibilità, è la fine della Chiesa.
Tuttavia il Papa vive nell’attitudine consolatoria di precetti che parlano di compassione, di distinzione tra peccato e peccatore, soprattutto di perdono, come sacramento insito nella confessione e nella penitenza. Da qui la tendenza a non condannare mai, ad aspettare. Cambiare Segretario di Stato adesso, proprio nell’urto dello scandalo? Solo se ci fosse qualche evidenza documentale, dice chi conosce bene il Papa e la sua prudenza.
Allontanare Padre Georg, nominandolo vescovo in Germania, per ristabilire l’unità della Santa Sede attorno al Segretario? Sarebbe un’amputazione papale, per di più ingiusta, e significherebbe introiettare la colpa per quieto vivere. Aspettare dicembre, il compleanno di Bertone, e fingere un normale avvicendamento? "Ma ogni giorno che passa qui affondiamo di più, e si perde fiducia nella Chiesa e alla fine nel Papa".
Così continua la battaglia medievale sotto il regno di Benedetto XVI. Fino a quando, e fin dove? Siamo giunti con ogni evidenza all’ultimo atto di questa lunga partita. Chi dietro le Mura ne ha viste molte ("non così, però: mai"), adesso cita il Faust e pensa che alla fine il Papa riuscirà a trasformare il male in bene, operando il necessario rinnovamento. Nel suo pensiero e nei suoi libri, Joseph Ratzinger sa che tocca al Papa "essere un argine contro l’arbitrio", perché lui "incarna l’obbligo della Chiesa a conformarsi alla parola di Dio". Può farlo non per la qualità degli uomini diventati pontefici, ha scritto Benedetto XVI, ma "per un’altra forza, non umana: quella forza che era stata promessa a Pietro, dicendo che le porte degli inferi non prevarranno". D’altra parte, anche la fenice del mosaico di San Pietro ogni cinquecento anni incendiava il suo stesso nido e battendo le ali faceva crescere il fuoco fino a bruciare nelle fiamme, risorgendo viva e vitale dalle braci. Solo che qui, intanto, gracchia il sacro corvo. E chi sa, dice che non è finita.

(01 giugno 2012)© Riproduzione riservata Il Corvo e il Cardinale, i segreti della guerra che scuote il Vaticano – Repubblica.it

29/05/2012

El diablo entró sin golpear

Bem que Leonardo Boff tentou, mas quem nasceu nas fileiras do hitlerismo não tem cociente suficiente para entender. A Teologia da Libertação foi uma bafo de oxigenação que a Igreja Católica não soube aproveitar, pois estava ocupada em ser útil aos EUA ou à máfia, o que dá no mesmo.

Por Washington Uranga

En 1982 el teólogo brasileño Leonardo Boff, uno de los iniciadores de la teología latinoamericana de la liberación, publicó un libro titulado Iglesia, carisma y poder. Ensayos de eclesiología militante para denunciar la corrupción de la institución eclesiástica católica y lo que él consideraba una traición al legado espiritual del cristianismo. Ese libro le trajo aparejado a Boff serias disputas con el Vaticano y, en particular, con el entonces prefecto (ministro) de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI. A pesar de que Boff, sacerdote franciscano desde 1959, doctor en teología y filosofía por la Universidad de Munich (Alemania), siempre planteó que hacía sus críticas “desde el interior de la Iglesia” y buscando la superación de los problemas, el Vaticano nunca le perdonó haber puesto en evidencia, en base a argumentos teológicos y eclesiológicos, la corrupción de la propia Iglesia. Ratzinger hizo de la persecución a Boff una cuestión personal. En 1985 recayó sobre el brasileño una sanción que le imponía “silencio” y le impedía enseñar en ningún ámbito controlado por la Iglesia Católica. Pocos años después Leonardo Boff decidió abandonar su condición de sacerdote católico, pero siguió la prédica religiosa y ecologista acorde con su formación franciscana.

La mención a Boff viene a cuento de lo que está sucediendo en estos días en Roma con revelaciones que ponen de manifiesto luchas intestinas de poder en el Vaticano y, sobre todo, dejan al descubierto la crisis de corrupción que afecta a toda la estructura eclesiástica católica. Desmoronamiento que no se reduce al jaqueado poder central del catolicismo, sino que se extiende a lo largo y a lo ancho del mundo donde cada día surgen nuevas evidencias de casos de corrupción como los ocurridos con los Legionarios de Cristo, los casos de pedofilia, los escándalos sexuales, las estafas y las complicidades en violaciones a los derechos humanos, como acaba de ratificarse en nuestro país. Lo que acontece ahora en el Vaticano es lo mismo que ya denunció Boff hace treinta años y por lo que fue silenciado, acusado de traidor y finalmente obligado a salir de la Iglesia Católica.

La olla se sigue destapando en el Vaticano… y huele a podrido. Y por cierto que Paolo Gabriele, el mayordomo infiel del Papa que se encuentra detenido en una prisión eclesiástica, no parece ser el principal responsable de la situación, aunque finalmente pueda acabar convirtiéndose en el chivo expiatorio. Aunque el vocero Federico Lombardi se obstine en afirmar que “no se sospecha de ningún cardenal, ni italiano ni extranjero”, sería muy ingenuo pensar que el mayordomo Gabriele no es apenas un eslabón menor de una cadena de conspiraciones que, como mínimo, intenta disputar el poder mirando a la sucesión de Ratzinger, enfermo, cansado y con 85 años.

Pero no se trata solamente de una lucha de poder en el interior de la institución católica, sino de las conexiones entre la Iglesia Católica y el poder político y económico en el mundo. Varias son las investigaciones periodísticas que han puesto esto en evidencia. Entre las últimas, el libro publicado hace poco más de una semana por el periodista italiano Gianluigi Nuzzi. El propio Benedicto XVI lo terminó admitiendo cuando decidió destituir hace apenas unos días al presidente del IOR (banco vaticano), Ettore Gotti Tedeschi, sospechado de manejos fraudulentos y de operaciones poco transparentes en relación con el lavado de dinero. Ratzinger procedió antes que el IOR fuera denunciado directamente por las autoridades financieras europeas.

Con la misma lógica, Benedicto XVI actuó nombrando una comisión integrada por el cardenal Julian Herranz (Opus Dei), el cardenal eslovaco Jozef Tomko, ex prefecto (ministro) de la Congregación para la Propagación de la Fe, y por el arzobispo de Palermo, Salvatore De Giorgi, para investigar las “filtraciones”. El portavoz Lombardi aseguró que esa comisión tiene plenos poderes, que reporta directamente al Papa y que puede interrogar a quien decida. Sin embargo, poco se podrá conocer de lo que allí se obtenga. Porque todo seguirá en la misma lógica del secretismo que encubre la corrupción institucional, como ha sucedido hasta el momento con tantos casos de pedofilia o con las acusaciones de corrupción económico-financiera hechas por el arzobispo Carlo María Viganó, cuyos contenidos sólo se conocieron a través de otra filtración después de que el denunciante fue separado de su cargo y “promovido” a nuncio (embajador) en Estados Unidos. ¿Y quién podría dar explicaciones acerca de las revelaciones del ultraconservador cardenal colombiano Darío Castrillón señalando –en una carta privada y personal al Papa– que el cardenal italiano Paolo Romero en su viaje a China se había extendido explicando las disputas entre Ratzinger y su segundo, el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado?

Mientras tanto, Benedicto XVI decidió reincorporar con todos los honores a los lefebvristas de la Sociedad San Pío X y está convencido de que la salvación de la Iglesia Católica pasa por la restauración y el cerrar filas hacia adentro, antes que acceder a los cambios propuestos hace ya medio siglo por el Concilio Vaticano II.

La olla se sigue destapando y el mal olor invade los pasillos institucionales de la Iglesia Católica Romana, su jerarquía y sus estructuras de poder por más que sus autoridades hagan grandes esfuerzos por disimularlo y se empeñen en negarlo. Claro está que, como lo ha señalado más de un estudioso de los temas eclesiales, esta institucionalidad eclesiástica en decadencia poco tiene que ver con la fe en Cristo y con la experiencia religiosa de tantos millones de fieles alrededor del mundo. Lo que está en crisis, lo que cruje y se derrumba es una estructura corrupta aliada con el poder económico y político que ejerce hoy la “titularidad” del mundo occidental. Seguramente porque el diablo entró sin golpear… lo invitaron a pasar.

Página/12 :: El mundo :: El diablo entró sin golpear

Até no Vaticano os fins justificam os meios

Filed under: Mordomo,Papa Benedito XVI,Vaticano,Vatileaks — Gilmar Crestani @ 9:03 am

 

Los cómplices del mayordomo del Papa dicen que actuó para limpiar el Vaticano

"Queremos defender a Benedicto XVI, denunciar la corrupción", dicen otros supuestos confidentes

Pablo Ordaz Roma 28 MAY 2012 – 21:18 CET56

Un guardia suizo arria la bandera vaticana hoy tras la audiencia papal con de la presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla. / GREGORIO BORGIA (AFP)

En el Vaticano, la fe es una virtud y la confianza, un peligro. Hace un mes, Benedicto XVI eligió a tres cardenales para que investigaran la fuga de documentos secretos. Joseph Ratzinger se preocupó de que los tres tuvieran ya más de 80 años y, por tanto, no pudiesen participar en el cónclave que elegirá al próximo Papa. Libres de toda esperanza o tentación, los cardenales se pusieron a trabajar y, el pasado jueves, obtuvieron el arresto de Paolo Gabriele, el mayordomo acusado de ser el cuervo, el traidor que robó la correspondencia del apartamento papal y la filtró a los medios de comunicación italianos. Sin embargo, en las últimas horas, algunos de esos medios recibieron misteriosas llamadas de supuestos cuervos que lanzan el mismo mensaje: “Paoletto no está solo, somos muchos, incluso muy arriba. Queremos defender al Papa, denunciar la corrupción, hacer limpieza en el Vaticano”.

¿Defender al Papa? ¿De quién? Las voces anónimas confirman un secreto a voces –el Vaticano es desde hace meses un campo de batalla entre distintas facciones que luchan por el poder-, pero se arrogan unas intenciones beatíficas difíciles de creer. Tan increíbles como algunos de los detalles con que adornan su relato: al frente de la operación de limpieza estaría una mujer —extremo bastante extraño tratándose del Vaticano—, a cuyas órdenes volarían cuervos de distinta graduación y estado civil, desde cardenales a mayordomos, incluido un pirata informático. Su principal objetivo: proteger al Papa de su número dos, el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal salesiano Tarcisio Bertone.

“Todo comenzó el verano pasado”, explica uno de los cuervos portavoces, “cuando el secretario general del Gobernatorato, monseñor Carlo Maria Viganò, perdió su batalla en contra de la corrupción”. No es ningún secreto. Fue, efectivamente, el primer golpe. La divulgación, a través de un programa de televisión, de una carta del arzobispo en la que le contaba al Papa diversos casos de corrupción dentro del Vaticano y le pedía no ser destituido de su cargo como secretario general del Governatorato -el departamento que se encarga de licitaciones y abastecimientos-. Bertone había decidido destituirlo y el Papa, en vez de oponerse, lo alejó nombrándolo Nuncio apostólico en Washington. “Fue entonces”, continúa el cuervo, “cuando entendimos que el Papa no habría logrado imponerse a Bertone y decidimos actuar. Las cartas que mandó Viganò a Benedicto XVI y al secretario de Estado fueron las primeras que filtramos a la prensa”.

La segunda filtración destapaba un supuesto complot para matar al Pontífice. Se trataba de una carta enviada a Benedicto XVI por el cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos en la que le contaba que el cardenal italiano Paolo Romeo, arzobispo de Palermo (Sicilia), había realizado un viaje a China durante el cual habría comentado: “El Papa morirá en 12 meses”. Según la carta del obispo colombiano, el arzobispo de Palermo se había despachado a gusto en China contando supuestos secretos del Vaticano tales como que el Papa y su número dos, Tarcisio Bertone, se llevan a matar y que Benedicto XVI estaría dejando todo atado y bien atado para que su sucesor al frente de la Iglesia fuese el actual arzobispo de Milán, el cardenal Angelo Scola.

Había dos detalles muy importantes en esa carta para comprender lo que está sucediendo ahora. El primero es que se trataba de una carta muy reciente. Desde que el Papa la recibió y se filtró pasaron muy pocos días. El segundo detalle es que estaba escrita en alemán, bajo el sello de “estrictamente confidencial”. ¿Hasta qué punto Paolo, el mayordomo, era capaz de decidir entre la correspondencia del Papa –incluso entre la escrita en alemán— cuál era la adecuada para filtrar a un medio de comunicación? Hay un momento del relato del cuervo anónimo –a veces razonable, a veces disparatado- en que atribuye al mismísimo Papa la creación de una célula de contraespionaje: “El Papa entiende que debe protegerse. Y convoca a cinco personas de su entera confianza, cuatro hombres y una mujer. Ellos se convierten en los agentes secretos de Benedicto. El Papa busca consejo en estas personas y a cada uno le asigna una función. A la mujer le encarga coordinar a los cinco…”.

Ante el aluvión de rumores, el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, no tuvo más remedio que atender a la prensa. “No hay ningún cardenal bajo investigación, ni italiano ni extranjero”, aseguró. Lombardi también desmintió que la detención del mayordomo estuviera relacionada con la destitución, solo unas horas antes, de Ettore Gotti Tedeschi, el presidente del Instituto para las Obras de Religión (IOR), conocido como el Banco Vaticano. Los cuervos que hablan aseguran también que la destitución fulminante de Gotti Tedeschi –cuyo cometido principal era limpiar el Banco Vaticano para que el Consejo de Europa no lo meta en el saco de las entidades que blanquean dinero— es obra también del secretario de Estado.

Mientras, Paolo Gabriele ha decidido hablar. Según sus abogados, después de cinco días de prisión, silencio y rezos, el mayordomo del Papa contará por qué pecó, si lo hizo solo o en compañía de otros. No muy lejos de su cautiverio, su esposa y sus tres hijos aún no saben si tendrán que abandonar el apartamento, propiedad del Vaticano. Se da la coincidencia de que en su mismo edificio vive Pietro Orlandi, el hermano de Emanuela, la muchacha de 15 años -hija de un empleado vaticano- desaparecida misteriosamente en junio de 1983. Su familia lleva desde entonces suplicando inútilmente a la Santa Sede que cuente todo lo que sabe. Ante tanto silencio, el domingo, en la plaza de San Pedro, se vivió un hecho insólito: el Papa fue abucheado. El caso Orlandi es uno de esos misterios que los romanos saben que jamás se resolverá. Tal vez como el de aquellos cuervos que volaron sobre el Vaticano en la primavera del 2012…

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