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23/01/2013

Reabierto el frente judicial por los crímenes de la Guerra Civil

Filed under: Comissão da Verdade,Ditadura,Guerra Civil,Guerra Civil Espanhola — Gilmar Crestani @ 9:19 am

Só no Brasil, em virtude do conluio do STF com os grupos mafiomidiáticos, por razões óbvias, não se pode descobrir toda verdade dos tempos da ditadura.

Reabierto el frente judicial por los crímenes de la Guerra Civil

La Audiencia de Barcelona obliga a investigar los bombardeos de pilotos italianos

"Una de las páginas más negras de nuestra historia", según el fallo judicial

Jesús García Barcelona23 ENE 2013 – 11:25 CET25

Fotografía de Sergio Trati del bombardeo de Barcelona durante la Guerra Civil, efectuado por un bombardero italiano, a las 14.45.

Un juzgado de Barcelona tendrá que investigar crímenes cometidos durante la Guerra Civil. La Audiencia Provincial de Barcelona ha admitido el recurso presentado por la Asociación Altra Italia (Otra Italia) contra el archivo de una querella por crímenes de lesa humanidad. Según la denuncia, estos fueron cometidos, supuestamente, por 21 pilotos de l’Aviazione Legionaria durante la guerra. Esos pilotos participaron en diversos bombardeos sobre Barcelona entre 1937 y 1939 y causaron alrededor de 5.000 muertos civiles, según algunas estimaciones.

La decisión de la Sección Décima de la Audiencia de Barcelona obliga al titular del juzgado de instrucción número 28 de Barcelona a investigar el caso y a practicar una serie de diligencias para esclarecer los hechos. El recorrido de esta investigación dependerá, apuntan fuentes judiciales, de que alguno de esos pilotos siga vivo. En ese caso, Italia podría ser forzada a extraditar alguno de ellos.

La querella cuenta con las acusaciones particulares de Alfons Cànovas, que el 19 de enero de 1938 perdió a su padre en uno de los bombardeos; y de Anna Raya, que el 1 de octubre de 1937 resultó herida al caer una bomba en su escuela de la ciudad. Según recoge la querella, presentada por el abogado Jaume Asens, los bombardeos de la aviación italiana violaron todas las normas internacionales. Fue "una intervención militar extranjera ilegal sin que mediara ninguna declaración de guerra" por parte de Italia.

La decisión "rompe el muro de silencio e impunidad" sobre este oscuro episodio, según Altra Italia, que agrupa a italianos progresistas residentes en Barcelona. La entidad se ha felicitado porque es la "primera vez" que un tribunal "acepta examinar algunos de los crímenes" (…) "perpetrados por el bando fascista". La querella fue presentada en primer lugar ante la Audiencia Nacional por los delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra. Con la ayuda de historiadores, los querellantes lograron aportar el nombre en clave de 21 pilotos italianos.

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La querella incluye un relato de los hechos de la Guerra Civil. Barcelona fue bombardeada "intensamente" (más de un millón de kilos de bombas) entre el 13 de febrero de 1937 y el 29 de enero de 1939. Los ataques se lanzaron desde la isla de Mallorca, donde se estableció el cuerpo de l’Aviazione Legionara. La unidad encuadraba, sigue la querella, a 6.000 combatientes que usaron 759 aviones del ejército italiano.

El relato de las dos víctimas que se han sumado como acusación particular es clarificador. Alfons Cánovas explica que, aquel 19 de enero de 1938, su padre "se fue, como hacía siempre, a cuidar  su huerto" junto a unas vías de ferrocarril. "Mientras trabajaba, unos aviones de la aviación italiana bombardearon los almacenes, las cercanías y le mataron", cuenta. Anna Raya, por su parte, relata: "Tenía ocho años; me encontraba en el colegio de la calle Baluard del barrio de la Barceloneta. Una bomba lanzada por los aviones de la aviación italiana cayó directamente sobre el colegio… Y los aviones nos ametrallaron. Yo fui herida en la cabeza por un trozo de metal. Un soldado me llevó a un dispensario".

Como Italia no había declarado formalmente ninguna guerra a España, utilizó "nombres en clave" para sus aviadores y "ocultó" las matrículas de los aparatos, siempre según la querella. El principal objetivo de aquellos ataques fue "provocar terror entre la población civil". Así lo prueba un telegrama remitido por el Ministerio de Exteriores italiano a su general Berti, jefe de las tropas desplazadas a España. "La Aviación Baleares será reforzada y tendrá el deber de aterrorizar la retaguardia roja y especialmente los centros urbanos", escribió.

Ciudadanos y combatientes republicanos salvan pertenencias tras un bombardeo aéreo en el grupo de Casas Baratas de Sant Adrià del Besòs (Barcelona).

Los querellantes recuerdan que aquellas acciones nunca fueron investigadas penalmente en Italia. Además, ya en la época, los ataques violaban la Convención de la Haya firmada en 1899 y ampliada en 1927. Uno de sus artículos prohibía el "ataque y bombardeos de ciudades y poblados indefensos". El texto cita otras normativas internacionales, como el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (1998) y la Convención de Ginebra.

El caso pasó más tarde a manos del juzgado de instrucción número 28 de Barcelona, que lo archivó por falta de identificación de los pilotos, ya que no se habían aportado sus nombres reales. La asociación, sin embargo, recurrió la querella el verano pasado y ahora la Audiencia de Barcelona le ha dado la razón. En su auto, dictado ayer, la Audiencia considera que la falta de una identificación no es motivo para no investigar. Y recuerda que el relato de hechos "coincide, en lo esencial", con la documentación que existe "en numerosos archivos históricos oficiales", como el de Salamanca.

Se trata de hechos "reales", prosigue el auto que han sido "investigados y contrastados" por historiadores cuyo "prestigio y rigor está fuera de dudas". Los magistrados de la Sección Décima que firman el auto -Santiago Vidal, Montserrat Comas y Carmen Sánchez-Albornoz- instan a la juez de instrucción a practicar diligencias para conseguir la identificación de los pilotos. Solo cuando la juez tenga la certeza de que los implicados han fallecido, subrayan, debe archivar el caso, ya que se trata de "una de las páginas más negras de nuestra historia", no solo por el número de víctimas, sino por "el ensayo que supuso de mecanismos de aniquilación de población civil".

Contra el parecer de la juez, la Audiencia alega que sería "inadmisible" que un Estado democrático dejara de perseguir "delitos tan graves" por "razones simplemente monetaristas". El paso del tiempo o la "probabilidad del fallecimiento" de los pilotos tampoco es un motivo de archivo, añade, y cita ejemplos de longevidad, como el doctor catalán Moises Broggi. Los magistrados recuerdan que Italia "no era parte en el conflicto civil" y que, por tanto, no tiene aplicación la jurisprudencia del Tribunal Supremo sobre la aplicación de la ley de amnistía, que impide acciones legales entre españoles por hechos acontecidos durante la Guerra Civil.

Tras admitir a trámite la querella, la resolución ordena que se practiquen una serie de diligencias: averiguar la filiación de los pilotos, pedir la colaboración del Ministerio de Justicia italiano que certifique su paradero y si están vivos, y ofrecer acciones penales y civiles a las víctimas. Además, ordena que se designen dos peritos expertos en historia y especialistas en la participación de la legión Baleares italiana.

Reabierto el frente judicial por los crímenes de la Guerra Civil | Cataluña | EL PAÍS

20/03/2012

A guerra civil italiana na Segunda Guerra

Filed under: Guerra Civil,Itália,Segunda Guerra — Gilmar Crestani @ 8:23 am

 

La Guerra Civile in Italia

Nel 1965 Giorgio Pisanò scrisse "Storia della Guerra Civile in Italia"; oltre vent’anni dopo Giampaolo Pansa riprese tale tematica sostenendo che la Resistenza Antifascista era da considerarsi come una Guerra Civile essendo stata combattuta da quanti (i partigiani) sostenevano il Regno d’Italia contro la Repubblica Sociale Italiana.

Tanto Pisanò che Pansa ritenevano, infatti, che così com’era stato concepito il Regno d’Italia in quanto tale (come, cioè, era sorto dalle lotte risorgimentali) non aveva più ragione di essere, e che avendo Vittorio Emanuele III tradito il giuramento di fedeltà alla Patria fuggendo da Roma e rifugiandosi tra le braccia degli Alleati aveva delegittimata la monarchia: era, pertanto, legittimo che Mussolini cercasse di riscattare l’onore italiano con l’aiuto dei tedeschi, i soli in grado di contrastare la potenza degli Alleati stessi e la barbarie da essi rappresentata.

Ora, nulla toglie che culturalmente parlando i popoli anglosassoni non siano al nostro stesso livello (non dimentichiamo che Shakespeare trasse ispirazione dal nostro Paese e che persino un grande architetto come Inigo Jones – che progettò Covent Garden e la prima cattedrale di San Paolo – usasse spesso l’italiano nei suoi progetti), cionondimeno – a parte quello francese – il più grande impero coloniale della Storia è stato senz’altro quello britannico, che dal 1945 in poi è stato, per certi aspetti, sostituito dall’imperialismo commerciale e finanziario (nonché militare) statunitense, stante per cui si può tranquillamente affermare che – perlomeno sotto questo profilo – ci sono (e ci sono stati, attualmente forse un po’ di meno) decisamente superiori.

Prescindendo da ciò, vi sono dei presupposti che smentiscono le asserzioni di Pisanò e Pansa, innanzitutto il fatto che – fatta eccezione per la Germania nazionalsocialista e l’Impero del Sol Levante (più qualche Governo Collaborazionista, quale quello croato di Ante Pavelić e alcuni dittatorelli latinoamericani, che peraltro non avviarono mai regolari relazioni diplomatiche con la Repubblica di Mussolini e che, dopo la guerra, fecero rapidamente marcia indietro anche in ossequio a Gran Bretagna e Stati Uniti, dai quali dipendeva in buona sostanza la loro stessa sopravvivenza) – la Repubblica Sociale Italiana non ottenne alcun riconoscimento né ufficiale né ufficioso; essa non disponeva, inoltre, di adeguate istituzioni statali e periferico-territoriali al di fuori di quelle già esistenti, così come di una vera e propria Costituzione (quelle raccolte in un bellissimo e validissimo volume da Franco Franchi – non il comico siciliano, il cui vero nome era Francesco Benenato – e da Luciano Garibaldi nel suo "Mussolini e il professore" sono rimaste sostanzialmente lettera morta): quanto alle Forze Armate, in primo luogo l’esercito, esse erano costituite perlopiù da disertori, ex-internati (molti dei quali, a dire il vero, una volta rientrati in Patria dalla Germania, dove erano stati riorganizzati, armati, equipaggiati e addestrati, ne approfittarono per passare – in buona misura – o con gli Alleati o coi partigiani, tanto che lo stesso Hitler definì ironicamente le Forze Armate della RSI come "L’Ufficio Reclutamento della Resistenza Italiana"), cui si affiancarono le SS Italiane (in verità inquadrate nelle truppe germaniche), le Brigate Nere (che – al di là delle facili considerazioni ideologiche – erano spesso e comunque autentici delinquenti, che col Fascismo in quanto tale c’entravano come il petrolio nell’insalata) e la ben tristemente famigerata Xª Flottiglia MAS (o Xª MAS) del principe Junio Valerio Borghese (lo stesso che oltre un quarto di secolo dopo tenterà il Golpe alla vigilia dell’elezione di Giovanni Leone a Presidente della Repubblica) e della quale fece parte anche il noto attore Osvaldo Valenti che, alla fine della guerra, fu fucilato dai partigiani insieme alla compagna Luisa Ferida (nome d’arte di Luisa Manfrini).

A questo punto diventa ovvio che a fronte di simili considerazioni la categoria della Guerra Civile non può essere applicata alla Resistenza Italiana in quanto gli stessi Alleati non consideravano come soldati gli appartenenti alle Forze Armate della RSI benché, a differenza dei partigiani, indossassero una regolamentare uniforme militare (così come il saio non fa il monaco, l’uniforme non fa necessariamente il soldato, benché possa in qualche modo qualificarlo quantomeno come combattente), tendenza questa già manifestatasi nei confronti di altre Resistenze (per rimanere nell’attualità, basti pensare a quanto avvenne in Jugoslavia, dove inizialmente furono sostenuti i Četnici monarchici guidati da Draža Mihajlović, poi l’Armata Popolare di Liberazione comunista di Josip Broz Tito, che dimostrò anche una migliore organizzazione e notevoli capacità militari), stante il principio che – come del resto recitano molte convenzioni internazionali – laddove vengono meno delle Forze Armate regolari (e con questo termine vengono definite quelle a disposizione e agli ordini di un Governo legittimamente riconosciuto, benché della parte avversa, come del resto era, sino all’Armistizio, quello dello stesso Regno d’Italia) vengono riconosciute in tale qualifica quelle non regolari purché vadano a sostituire le medesime nelle zone da esse in precedenza presidiate o quelle più o meno immediatamente limitrofe e si mantengano in qualche modo fedeli allo stesso Governo in carica o alle legittime istituzioni esistenti o esistite sino al momento delle ostilità. E qui occorre fare una precisazione: non tutte le forze partigiane erano comuniste (o, comunque, di Sinistra), e anche nel caso esse furono riconosciute come parte delle Forze Armate del Regno d’Italia, anche nel caso in cui esse avessero prestato o rinnovato il proprio giuramento alla Patria ma non al Re, dato che essendo rimasto sino a tutta la prima metà del 1946 il nostro Paese una Monarchia (uso il maiuscolo in riguardo all’aspetto istituzionale, non certo come omaggio ai Savoia), tale giuramento si estendeva, di fatto, anche allo stesso Vittorio Emanuele III (si può, dunque, tranquillamente affermare che anche un partigiano comunista, socialista, anarchico, o repubblicano che non si riconoscesse nel Re rimaneva de facto fedele a quest’ultimo).

Tale principio non poteva, invece, essere esteso ai fascisti che combattevano per la Repubblica Sociale e, di riflesso, per i tedeschi: il Fascismo storico, infatti, era definitivamente decaduto dopo il Golpe del 25 Luglio 1943, portato a termine, tra l’altro, proprio dagli uomini più vicini a Mussolini, per cui esso non disponeva più di alcuna legittimità né interna né internazionale, e persino la Germania Nazionalsocialista non lo accreditava più di alcuna credibilità (tra chi l’ha visto, chi non ricorda la battuta di Richard Burton in "Rappresaglia":"Ormai il Fascismo è morto!"?), e chi ne indossava l’uniforme veniva qualificato (in buona misura giustamente) come disertore proprio anche in base al medesimo diritto militare internazionale (la stessa cosa avvenne anche per quanti si arruolarono nelle truppe regolari e negli ustaše in Croazia; o per i norvegesi che seguirono Vidkun Quisling, poi fucilato dai connazionali nel 1946, donde, appunto, l’espressione "Governo – o Gabinetto – Quisling"; non parliamo poi di quanti in Unione Sovietica si batterono a fianco degli invasori nazifascisti … ). Che poi, al di là dell’appartenenza politico-ideologica, tutte queste forze partigiane facessero comodo agli Alleati perché svolgevano il lavoro sporco è altrettanto vero, ma è certo che comunque dobbiamo in buona misura a esse se abbiamo recuperate libertà e democrazia.

Riassumendo, per questi e altri motivi (che mi astengo dal riportare per non rubare ulteriore spazio e tempo, ma che sono facilmente intuibili) non possiamo usare, sia sul piano tecnico che su quello storico e storiografico, la categoria di "Guerra Civile" nei riguardi della Resistenza Antifascista (nostra e di altri), così come non possiamo mettere sullo stesso piano i resistenti (partigiani, ma anche membri non combattenti della Resistenza) con i cosiddetti "repubblichini" o con i caduti di via Rasella dato che così come vi erano molti ex-sudditi italiani di origine sudtirolese che a partire dal 1939 avevano deciso, col pur truffaldino referendum delle "Opzioni", di passare il Brennero e divenire cittadini del Terzo Reich [tra i quali Silvius Magnago, padre fondatore e a lungo Obmann (=segretario generale) del Südtiroler Volkspartei (SVP)], parte di questi erano, in realtà, disertori delle nostre Forze Armate, e sempre in base al diritto militare sia interno che internazionale non possono pertanto essere qualificati neppure come miltari combattenti.

Spero con questo mio articolo di aver chiariti molti dubbi e molte riserve, anche se francamente so benissimo che non saranno pochi coloro che – pur allineati alla mia stessa scuola di pensiero – mi muoveranno numerose obiezioni e contestazioni reputandomi sin troppo fazioso o, comunque, poco obiettivo.

La Guerra Civile in Italia – AgoraVox Italia

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