Ficha Corrida

06/11/2012

Cantautor mujeriego, rockero casadero

Filed under: Leonard Cohen,Música — Gilmar Crestani @ 8:30 am

Por: Diego A. Manrique| 05 de noviembre de 2012

LC y MarianneOcurre hacía el final de Postales negras, las memorias de Dean Wareham, que ahora publica en español Libros de Ruido. El fundador de Luna se ha embarcado en una relación clandestina con Britta Phillips, la bajista del grupo. Cuando se descubre el pastel, su mujer le echa de casa.
Son días terribles. Transcurren además en un Nueva York traumatizado tras el ataque del 11-S. Dean y su esposa intentan recomponer su vínculo: acuden a psicoanalistas (por separado), se juntan ante consejeros de pareja, recurren a mediadores.  En una sesión, la mujer denuncia que su matrimonio ha sido “un contrato corrupto”. Y lo explica. Ella criaba al hijo que habían tenido dos años atrás y mantenía la casa. Mientras tanto, él disfrutaba: grababa discos, salía de gira por todo el mundo, era reconocido y celebrado. Dean solo puede responder que siempre fue músico y que nunca prometió otro tipo de vida. También podía haber alegado el caso de Leonard Cohen,

Sylvie Simmons es la autora de Soy tu hombre (Lumen), la reciente biografía de Leonard Cohen. Ella ha detectado una constante en la vida y obra del canadiense. Sí, claro: están la amistad, el amor, la depresión, la búsqueda religiosa, la necesidad de un oficio, la pertenencia a una etnia odiada y admirada. Pero Simmons también destaca su terca renuencia a comprometerse con una mujer. Cohen no quiere casarse, nunca firmó “un contrato corrupto.”
Había crecido en  los años cincuenta, sometido a la miseria sexual: en Soy tu hombre hay páginas conmovedoras describiendo sus hambrientos vagabundeos por la zona marinera de Montreal. Todo había cambiado hacia 1965, ya convertido en una celebridad literaria. Disfrutó plenamente de los primeros años de la liberación sexual: “Era fantástico, era un momento en que todo el mundo le daba a la otra persona lo que quería. Y las mujeres sabían qué querían los hombres”.
Fue una breve primavera, según Cohen: “Volvió el viejo relato de terror. Yo te daré esto si tú me das lo otro. Ya sabes, qué  saco yo, qué sacas tú. Es un contrato”. Y Leonard odiaba los contratos, incluso en cuestiones profesionales: prefería el apretón de manos.
No lo escondía. Estaba siendo entrevistado por Malka Marom, periodista de la Canadian Broadcasting Corporation, y metió la mano bajo su falda. “¿Qué haces?”. Respuesta: “Este es el verdadero diálogo, Malka”. Sabiendo LC y Suzanneque Leonard convive con Suzanne Elrod y que está a punto de nacer su segundo hijo, ella le pregunta por el matrimonio y la monogamia:
“Creo que el matrimonio es para personas muy, muy magnánimas. Es una disciplina de extrema severidad. Dar la espalda a todas las demás posibilidades y a todas las demás experiencias de amor, de pasión, de éxtasis… tener la determinación de encontrarlas  en un abrazo, es un concepto intachable y elevado. El matrimonio hoy es el monasterio.”
Con Suzanne no hubo papeles. Sin embargo, cuando se separaron en 1979, llegaron a un acuerdo: reparto de bienes, visitas, manutención. Quizás Leonard tenía una idea demasiado elevada del sentido del honor de Suzanne. Ella terminaría acudiendo a los tribunales en busca de más dinero.

Y provocó un desahucio bochornoso. Suzanne llegó a la isla griega de Hidra y obligó a la anterior “esposa” de Cohen, Marianne Ihlen, a dejar la casa que habían compartido. Estaba a nombre de Leonard pero Marianne había vendido la suya para mantenerle, cuando el poeta y escritor apenas recibía derechos de autor. Resignada, Marianne salió de la vida de Cohen.
Años más tarde, Leonard haría una tibia oferta musical de matrimonio a su siguiente  Mujer Importante, la actriz Rebecca de Mornay. En el tema  “Waiting for the miracle”, canta “ah, baby, vamos a casarnos/ hemos estado solos demasiado tiempo.” No  aspiraba, evidentemente, a entrar en el repertorio de los grupos especializados en bodas.
En 1993, la revista Details ofreció a Cohen que se ocupara de su consultorio sentimental. Se le consideraba un sabio en esos asuntos y,claro, le preguntaron lo obvio: “¿Qué es lo esencial que los hombres deberían saber sobre las mujeres?”.  LC + RebeccaRespondió muy finamente: “Las mujeres están profundamente embebidas de una pauta de pensamiento centrada en el compromiso”.
Lo de Rebecca y Leonard terminó sin que hubiera boda. La siguiente Novia Oficial, la cantante Anjani Thomas, pareció hacer mella en su determinación de soltería. Reflexionaba Cohen: “la mujer dice: ‘¿qué es nuestra relación? ¿Estamos comprometidos?’. Tiendo a responder: ‘¿de verdad hemos  de tener esta discusión?, porque eso no es tan bueno como nuestra relación’.  Pero cuando te haces mayor quieres adaptarte y dices: ‘Sí, vivimos juntos. Eso es cierto. No busco a nadie más. Tú eres la mujer de mi vida.’ Independientemente de las formas que adopte: un anillo, un acuerdo, un compromiso. Independientemente del comportamiento de uno, por el modo en que actúas.”
Adviertan que se dejaba una vía de escape en la última frase. De hecho, para sus años budistas, eligió un cenobio que permitía el sexo ocasional. La unión con Anjani también acabó. El gran seductor sigue soltero y, que nadie se ofenda, ha tenido una vida carnal más intensa que muchos romeos del sex and drugs and rock ‘n’ roll.   No es una dieta apta para cualquiera: Dean Wareham mastica en Postales negras la culpabilidad que le generaban sus infidelidades en gira. En cuanto se divorció, se casó de nuevo.  Con su  compinche musical, Britta.

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Sobre el blog

¡Tanta música, tan poco tiempo! Este blog quiere ofrecerte pistas, aclarar misterios, iluminar rincones oscuros, averiguar las claves de la pasión que nos mueve. Que es arte pero, atención, también negocio.

Sobre el autor

Diego A. Manrique

Diego A. Manrique, en contra del tópico que persigue a los críticos, nunca quiso ser músico. En su salón hay un bonito piano pero está tapado por montañas de discos, libros, revistas. Sus amigos músicos se enfadan mucho.

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