Ficha Corrida

21/08/2012

El buen sexo (y su mala fama), según el ministro costariquenho

Filed under: Costa Rica,Sexualidade — Gilmar Crestani @ 9:50 am

Por: EL PAÍS| 21 de agosto de 2012

Autor invitado: JoanG. (periodista, Barcelona)

Al congresista republicano norteamericano Todd Akin claramente le falta, además de educación, educación sexual. A él le dedico este post en el que no voy a hablar yo sino que le cedo la palabra a Leonardo Garnier, ministro de Educación Pública de Costa Rica, que con motivo de la celebración del Mes de la Familia en su país, publicó en su página personal el artículo que a continuación les adjunto titulado El buen sexo (y su mala fama). Agradezco opiniones y comparaciones patrias tras su lectura. Y lo sé, quizá también estoy haciendo el feo a algunos de sus homólogos internacionales que, seguro, ahora mismo se estarán diciendo "¡Qué ocurrencia este ministro, hablarnos de sexo, con lo que nosotros sabemos y lo disfrutamos y respetamos y promocionamos!". ¿Gallardón quizá? Quizá. Muchos, me temo.

Pero no sólo escribe el ministro Garnier abiertamente y en positivo de tema tan íntimo, incómodo y generalmente vilipendiado o exagerado (eso sería pura anécdota), sino que en el ejercicio de su cargo se ha lanzado a promover programas sexuales para la población escolar que llama “de educación para la afectividad y la sexualidad". Estos incluyen, ante el cabreo de lo más eclesiástico de su sociedad (y la nuestra), asuntos como la fecundación in vitro, las uniones homosexuales…etc. ¡A quién se le ocurre, por Dios, que ya eso no lo hace nadie, que parece sueco este señor!

Y hablando de Suecia, les cuelgo el vídeo de la organización rfsu en español, que hace campaña por la libertad con todas las letras y en todos sus aspectos, incluido claro está el derecho al aborto y a no ser violado/a bajo ningún concepto, faltaría más, que parece que en todo estamos retrocediendo 30 años.

El artículo ministerial ha tenido gran repercusión: lo publican en el boletín de la Organización de Estados Iberoamericanos; lo publican en blogs de muchos profesores de secundaria (como este interesante Sortilegios Educativos)… y hasta se ha creado un grupo en Facebook bajo el epígrafe de "Respaldamos a Leonardo Garnier" donde han colgado parte de los vídeos que incluyo en esta página al grito de "Yo quiero educación sexual". ¡Qué cosas tiene el ministro! Conmovido estoy con su mandato: "Sepamos ser criaturas del amor". Sepamos. Aquí va su texto.

El buen sexo (y su mala fama)

Se le ha hecho mala fama al sexo. Algunos piensan que mejor ni hablar de ello, a ver si pasa desapercibido. Otros hablan de él como quien habla del demonio mismo. Es perverso cuando lo practican los jóvenes y asqueroso cuando lo hacen los viejos. Al final, queda apenas para un pequeño grupo de hombres y mujeres casados que se ven obligados a sacrificarse en la realización de “el acto” no por el acto mismo – eso sería pecaminoso y malsano – sino para garantizar la preservación de la especie.

Eso dicen. El sexo, sin embargo, nos rodea y se nos cuela por dentro y por fuera en todos los aspectos de la vida y, al hacerlo, se trasciende a sí mismo: bien visto, el sexo es mucho más que eso que llaman sexo. El sexo verdadero, no es pornográfico, no lastima, no se regodea en la humillación del otro; el sexo acaricia, no lastima; el sexo respeta y comprende, no humilla; el sexo se acerca siempre preguntando y ofreciendo, nunca forzando a nadie; el buen sexo busca ante todo la satisfacción del otro, no el goce egoísta. El buen sexo tiene mucho que ver con el amor: el sexo no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés. El sexo al que aspiramos no parte del abuso sino del afecto, le importa el otro y surge siempre del afecto y del respeto por uno mismo y por el otro. El sexo es placentero, sí, pero ese placer encuentra su mejor sentido en el disfrute recíproco y cariñoso de la pareja: los dos se harán una sola carne.

Una sexualidad bien llevada es parte integral de una vida bien llevada, de una vida centrada en el afecto, en el respeto, en el disfrute de nuestros vínculos con los demás. Una vida que comprende y que vive el amor en todos sus aspectos, y que es capaz de sentir al otro como nuestro igual y de amarle como nos amamos a nosotros mismos. No hay nada sucio, nada pecaminoso, nada perverso en una sexualidad placentera y responsable que se constituye en un elemento más de nuestros vínculos afectivos.

Pero no es tan fácil. Hay riesgos, hay peligros, hay amenazas. Y los seres humanos caemos fácilmente en la tentación. 603439_345828405496343_1737647227_n

Con una facilidad trágicamente humana, pasamos de la caricia al golpe. En un instante nos olvidamos que estábamos ahí para ser una sola carne y aprovechamos cualquier grieta, cualquier debilidad para imponer nuestro dominio, y usamos el sexo como herramienta de poder y de control. El sexo es poderoso, y es grande el daño que podemos hacer si lo usamos como arma. Podemos ahogar al otro en el abrazo, asfixiarlo hasta que se niegue a sí mismo y se someta al dominio que buscamos. El sexo que busca placer a toda costa, es un sexo que abusa del otro sin importarle si es un niño o una niña pequeña, sin importarle si es un hombre o una mujer que quiere y consiente, o que simplemente se deja… temeroso de decir que no. El miedo y el sexo no debieran ir nunca juntos. Pocas cosas pueden hacer tanto daño como el disfrute que se obtiene del miedo, de la fuerza, del abuso, del dominio.

Acechan además las otras consecuencias del sexo precoz, del sexo forzado, del sexo descuidado: se puede perder o hipotecar la vida en un instante de abuso o de descuido. Hay enfermedades tan graves que pueden causar la muerte. Pero está sobre todo la reproducción no deseada, el embarazo infantil o juvenil, el verse forzadas desde muy temprano a una responsabilidad que aún no les correspondía, a ser madres cuando eran todavía niñas, a ser madres cuando no lo deseaban, cuando no estaban física, mental o afectivamente dispuestas a serlo. Y ellos, a ser padres también: unos, jóvenes asustados que muchas veces huyen de las consecuencias de un descuido irresponsable; otros, adultos que abusaron de su poder y a los que simplemente no les importa.

Así somos los seres humanos: podemos tomar lo más maravilloso y transformarlo, a base de miedo y egoísmo, en una tragedia, en un pecado de los más nefastos: destruir la vida de los otros por un malentendido disfrute pasajero.

Por eso debemos hablar de sexo, acabar con su mala fama, con su tabú, sacarlo del escondite en que lo hemos ocultado y airearlo: que todos lo conozcan, que aprendan y que aprendan bien: hay que vivir sanamente la sexualidad, responsablemente, amorosamente. Esto tenemos que aprenderlo desde muy pequeños, en nuestras casas, con nuestros padres, hermanos, abuelas… el diálogo con los jóvenes es fundamental. Tenemos que aprenderlo también en la escuela y el colegio, abrir espacios para la reflexión y esa educación para la vida y la convivencia que tanta falta nos hace. Educar para la afectividad es algo vital, aprender a querer y respetar, aprender a dar y recibir cariño, aprender que la caricia no es un arma sino un gesto de afecto, y que puede ser muy hermoso.

No debemos temer al sexo ni, mucho menos, a la educación sexual. Temamos, sí, a la ignorancia que permite transformar la manzana – fruta sana y sabrosa – en fuente de pecado y, al sexo, en fuente de agresión, de dominio, de maltrato y de abuso egoísta. Liberémonos del miedo y la ignorancia. Sepamos ser criaturas del amor.

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1 Comentário »

  1. […] Se le ha hecho mala fama al sexo. Algunos piensan que mejor ni hablar de ello, a ver si pasa desapercibido. Otros hablan de él como quien habla del demonio mismo. Es perverso cuando lo practican los jóvenes y asqueroso cuando lo hacen los viejos. Al final, queda apenas para un pequeño grupo de hombres y mujeres casados que se ven obligados a sacrificarse en la realización de “el acto” no por el acto mismo – eso sería pecaminoso y malsano – sino para garantizar la preservación de la especie. Vale a leitura. Aqui […]

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