Ficha Corrida

06/02/2012

Cui prodest?

Filed under: América Latina,Câncer — Gilmar Crestani @ 10:59 am

A quem interessa? Quem lucra com isso, com o câncer nos presidentes de esquerda latino-americanos? Cui prodest? Qual é o país envenena, ajuda nos golpes ou mesmo mata? Os EUA!

Sudamérica y el cáncer

Por: Graciela Mochkofsky| 05 de febrero de 2012

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Lula besa a Fernando Lugo en la clínica brasileña en la que los dos se tratan por sus cánceres (EFE)

En 1978 apareció el ensayo La enfermedad y sus metáforas, en el que Susan Sontag sostenía que, tal como había ocurrido en el siglo XIX con la tuberculosis, en el siglo XX el cáncer –la enfermedad misteriosa e incurable de nuestra época– se había convertido en metáfora de la muerte, del mal absoluto –algunos comportamientos eran un "cáncer", algunas pasiones eran "un cáncer", etcétera–. La sociedad, explicaba Sontag, era incapaz de lidiar con la enfermedad, estaba empecinada en la negación de la muerte. Esto derivaba en la construcción de un tipo caracterológico, el del enfermo de cáncer:

Según la mitología, lo que generalmente causa el cáncer es la represión constante de un sentimiento. En la forma primitiva y más optimista de esta fantasía, el sentimiento reprimido era de orden sexual; ahora, cambio notable, la causa del cáncer es la represión de sentimientos violentos. La pasión frustrada que mató a Insarov era el idealismo. La pasión reprimida que la gente cree que da cáncer es la rabia.

(…) Los médicos identificaban las causas o los factores que favorecían el cáncer en el dolor, las preocupaciones (mayores en los hombres de negocios y las madres de familias numerosas), en las situaciones económicas apuradas y los bruscos cambios de fortuna, y en el exceso de trabajo; o si no, si los pacientes eran escritores o políticos de éxito, en el dolor, la rabia, el esfuerzo intelectual excesivo, la angustia que acompaña la ambición y el estrés de la vida pública.

Sontag concluía su ensayo, que es ya un texto clásico, con la predicción de que, así como ocurrió con la tuberculosis, cuando la ciencia encontrara una cura la metafora caería en desuso. Tres décadas más tarde, la ciencia ha avanzado, los tratamientos se han sofisticado y un diagnóstico temprano suele anular la sentencia de muerte, pero la metáfora sigue en pie. ¿Qué mejor ejemplo que lo que ocurrió cuando, en la última semana de 2011, la presidenta argentina Cristina Kirchner anunció que le habían diagnosticado un cáncer de tiroides y todo el mundo hizo la siguiente cuenta: Dilma Rousseff: cáncer linfático (2009); Fernando Lugo: cáncer linfático (2010); Lula da Silva: cáncer de laringe (2011): Hugo Chávez: cáncer en la zona pélvica (2011)?

Cinco presidentes con cáncer en un subcontinente con una docena de países: tenía que haber una explicación. Periodistas, expertos, psicólogos, políticos y, asumo, una parte del público, la encontraron en… los presidentes.

Unos vieron la causa en su ideología: “A los líderes de la izquierda latinoamericana, antes que el socialismo, los une el cáncer”. Pero la mayoría pareció encontrarla en una idea más simple: en el ejercicio del poder político. Lo que causa cáncer es el poder –o el poder enferma.

Leí esta explicación en medios de todo el subcontinente; los de mi país no fueron excepción. Me pareció que la enunciaban en especial los opositores a los presidentes enfermos: no era cualquier ejercicio del poder el que los estaba enfermando, sino su ambición de poder absoluto –de lo que se acusa, por lomenos, a Chávez y a Kirchner–. Es una afirmación arbitraria, como cualquier otra, pero se me ocurre que este mito podría revelar una frustración, un resentimiento, de los que no tiene el poder y no ven la posibilidad de tenerlo en lo inmediato. Siempre buscamos compensación (racional) para nuestras carencias.

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Cristina Kirchner, que todavía no ha sido diagnosticada, recibe un beso de Hugo Chávez, que lleva meses de tratamiento (AFP)

Los presidentes intentaron, ante la imposibilidad de ocultarla, usar la enfermedad en su favor –y frenar la lucha de poder interno que el anuncio de la enfermedad podía desatar–. Cristina Kirchner, por ejemplo, lo inscribió en un relato de sacrificio personal y contó que había dicho a Chávez (aún pelado por la quimioterapia): "Voy a pelear por la presidencia honoraria del congreso de los que vencieron el cáncer". Chávez hizo del anuncio de que había "vencido" al cáncer una victoria política. Lo mismo, Lugo.

Pero allí donde tantos buscaron una explicación de lo extraordinario –cinco diagnósticos consecutivos a presidentes de Sudamérica (en verdad, cuatro en funciones y un ex presidente; al fin del día, tres presidentes, desde que se comprobó que Cristina Kirchner no tenía cáncer)–, no hay sino una verdad ordinaria. Denle un vistazo a las espeluznantes estadísticas de la Organización Panamericana de la Salud:

-El cáncer es la segunda causa de muerte en las Américas (la primera es la enfermedad cardíaca).

-Representa un tercio de todas las muertes en el continente, alrededor de 1.2 millón de personas por año.

-La OPS estima que en 2030 los muertos por cáncer en la región serán 2.1 millones y que para esa época 1.6 millón recibirán diagnósticos de cáncer cada año.

-Los índices de mortandad son siete veces más altos en Sudamérica y Centroamérica que en Norteamérica.

Detrás de los diagnósticos consecutivos, no está la excepcionalidad de los presidentes sino su prosaica humanidad.

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